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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño

Capítulo 2 

Palabras:669    |    Actualizado en: 04/07/2025

o apartamento, el que compramos con el primer gran cheque de "

el corazón de nuestra plataforma. Recordé haber hipotecado la casa de mis padres, con sus manos temblorosas firman

o. Nuestro sueño

ra. Había aceptado permanecer en la sombra, creyendo en la excusa de Sofía de que un "genio solitario"

enuo ha

ber profesional que cumplir. Redacté un correo electrónico breve y

do Sr.

n el proyecto 'Atlas', incluyendo la supervisión de las patentes P-34 y P-35,

tame

do Mo

ula de "persona clave" ligada directamente a mi permanencia en el proyecto. Sofía, en su arrogancia, o

la casa. No eran muchas. La mayor parte de mi vida est

lleno de nosotros: sonriendo en nuestra pequeña oficina inicial, celebrando nue

en conferencias, Sofía en cenas de gala, Sofía con gente importante. Yo era el q

lo un vacío. Un reconocimiento de que la historia que

una bolsa de basura junto con o

restaurante de lujo donde había reser

la señora Reyes, cenará con su acompañante esta

o por un momento, p

dí finalment

ram. No tardé en encontrarlo. Una historia pu

do, con copas de champán en la mano. Estaban en "nuestro" restaurante, en la mesa j

"¡Celebrando con los jefes!

tes. Y en lugar del dolor punzante que espera

zas doloroso finalmente hubiera encajado, r

etí en la cama, en mi la

te. Un sueño profundo, sin interrupciones, si

bía terminado.

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Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
“El aire se cortaba con la anticipación. Hoy, mi esposa Sofía, la brillante cofundadora de "Innovación Financiera", finalmente me presentaría, Ricardo "El Ingeniero" Morales, no solo como el cerebro técnico, sino como su esposo oculto. Pero en el escenario, en su lugar, ella levantó la mano de Mateo Vega, el arrogante pero carismático pasante, la mano de otro. No una, sino dos veces, me humilló frente a toda la industria que yo mismo había ayudado a construir, llamándome solo un "cerebrito" y luego permitiendo que ese chico, ese pasante, me suplantara. Me vi forzado a tragar la amarga píldora de mi insignificancia. Aún peor, cuando confronté a Sofía, ella se puso de su lado, acusándome de celos y de intimidar "al futuro de la empresa". Me amenazó con arruinar mi carrera si persistía en mi "berrinche". ¿Cómo podía? ¿Cómo podía olvidar que yo hipotequé la casa de mis padres y vendí mi auto para financiar nuestro sueño? ¿Cómo podía ignorar que yo escribí cada línea de código, que yo creé cada patente? Mientras observaba a Sofía cenar con Mateo en "nuestro" restaurante, en "nuestra" mesa, la última ficha del dominó cayó. El silencio se posó en mi alma, era el momento. No más humillaciones. No más vivir en las sombras. Era hora de que mi trabajo y mi valía fueran reconocidos. Al día siguiente, con una calma que venía de lo más profundo de mi ser, le di a Sofía los papeles del divorcio y le confesé mi secreto: soy el propietario legal de todas las patentes de la empresa. Mi camino hacia la libertad, por fin, había comenzado.”
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