icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Renacida En Tu Amor Brillo

Capítulo 5 

Palabras:775    |    Actualizado en: 03/07/2025

reflejaba la tormenta en su interior, las lágrimas que no había derramado en la fie

res, su visión se volvió borrosa en los bordes, y un sudor frío le empapó la f

ces y luego se silenció, dejándola varada en medio de una c

miedo primordial y visceral, es

ono, solo había un número que podía

jan

tres veces, finalmente, é

eres ahor

un hilo débil. "Mi coche se paró... no me sien

la voz de Mariana de fond

stante. "Mariana no se siente bien, el médico dijo que necesita repo

pudiera supli

do en su vida, la última puerta se había cerrado, la última pizca de conexió

sesperación era un pozo negro que amenazaba con tragarla, la lluvia golpeaba

e acercándose por el espejo retrovisor, un

azón, ¿quién podría ser a

caminó hacia su ventanilla y golpeó suavemente el cristal, Sofía leva

do Mo

fama de ser despiadado y frío en el mundo empresa

o el mareo volvía con fu

ardo era grave y tranquila, sorprendentement

se detuvo",

os inteligentes evaluando su rostro pálido y sus mano

do aceptar ayuda del enemigo de su ex-marido, pero en ese mome

e sus hombros, protegiéndola de la lluvia, la guió hasta su propio vehí

curidad que había estado acechando en los bordes de su visión fi

mano sobre la suya y una voz tranquila qu

ás cómoda en la que había dormido nunca, en una habitación bañada por una luz suave y cálida,

pero lujosa, con paredes de tonos neutros, muebles de madera oscura y una enorm

gésico en la mesita de noche, j

Llamé a un médico, ll

el hombre que se suponía que era

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Renacida En Tu Amor Brillo
Renacida En Tu Amor Brillo
“La música clásica llenaba el gran salón, pero para mí, Sofía Rivas, sonaba a marcha fúnebre mientras observaba a mi esposo, Alejandro Vargas, el flamante magnate inmobiliario. Su perfecta sonrisa no era para mí, sino para Mariana Soto, la joven a su lado, la misma que, meses atrás, había sido el "error" de una noche y que, ahora, reaparecía milagrosamente embarazada tras un desastre natural. Mis suegros me interceptaron, sus miradas frías como advertencia, exigiéndome "comprensión" para la "pobre chica sin nadie", antes de reprenderme por mi palidez. Mariana, con su estudiada inocencia y una mano protectora sobre su vientre, se acercó para agradecer la "amabilidad" de Alejandro, actuando la víctima perfecta. "No te preocupes", le dije, mi voz cortante como cristal. "Sé perfectamente quién eres y qué es lo que quieres". La confrontación culminó cuando, al acercarse Alejandro, Mariana dramatizó una caída, y él, sin dudarlo, me miró con una fría y dura acusación: "¡Sofía, ¿qué demonios hiciste?!". Mi mundo se desmoronó mientras él me exiliaba a un apartamento, supuestamente para darle "tranquilidad" a Mariana, pero en realidad, para echarme de mi propia casa. La traición se grabó aún más profundo cuando, tras mi decisión de divorciarme, él contestó una llamada de Mariana y se fue corriendo, dejándome sola, con sus palabras vacías de "no me dejes" resonando. El estrés y el vacío me consumían, los mareos se hicieron constantes, un susurro de algo mucho más oscuro anidando en mí. Las publicaciones de Mariana en redes, con fotos de su vientre y Alejandro, eran puñaladas diarias, diseñadas para humillarme. "¡Congelaste las cuentas! ¡Estás siendo increíblemente egoísta y cruel!", me gritó Alejandro, indignado al ver que protegía mis finanzas. "Todo lo que tengo lo he construido yo misma, y no voy a permitir que tú ni nadie me lo arrebate", respondí, mi voz ahora firme, mientras me preparaba para la fiesta de revelación del género del bebé, un último acto público. La revelación en la fiesta fue cruel, Mariana, fingiendo amenazas, insinuó que yo era la culpable, y mi suegra, sin mediar palabra, me abofeteó. El pánico estalló cuando Mariana simuló un problema con el bebé; en el caos, le entregué a Alejandro los papeles de divorcio que había preparado. "Firma ahora, Alejandro, o te juro que convertiré tu vida en un infierno del que ni tu madre podrá salvarte", exigí, y él firmó, sin saber que liberaba mi venganza. De nuevo en casa, encontré mi estudio invadido por las cosas del bebé de Mariana, y Alejandro me echó sin un ápice de arrepentimiento. Conduje bajo la lluvia, huyendo de una vida que ya no era mía, y un mareo se apoderó de mí, deteniendo el coche en una carretera desierta. Llamé a Alejandro, mi voz un hilo, pidiendo ayuda, pero él, sin dudarlo, me colgó, argumentando que Mariana lo "necesitaba", dejándome a mi suerte. La desesperación me invadió, pero unas luces se acercaban: Ricardo Morales, el rival de Alejandro, apareció de la nada. Ricardo me ayudó a salir del coche, y la oscuridad me venció, lo último que escuché fue: "No se preocupe, yo la cuidaré". Desperté en su casa, segura, y él, sorprendentemente amable, me reveló que me había estado observando, que siempre supo que yo no merecía lo que Alejandro me estaba haciendo. El médico llegó con un diagnóstico demoledor: cáncer de páncreas en etapa grave. Ricardo, sin dudarlo, prometió conseguir al mejor equipo médico, mientras mi corazón se hundía en el abismo.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10