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El Accidente que Revela Tu Corazón

Capítulo 3 

Palabras:805    |    Actualizado en: 03/07/2025

n vacío inmenso, no solo en mi

ntana, pero para mí, el mundo se hab

n una silla junto a mi cama, con

e había movido e

?", le pregunté

con la

a dejart

herida, pero también resaltaba la aus

do?", pregunté, aunque

irada, y eso fue con

o creo qu

verdad, Alejan

expresión endure

n él. Me dijeron que había pedido el día libre.

familiar

onaron en mi mente: "Ricky

e subió por

na traición,

miso, a nuestro amor, a la

rdad?", dije, mi vo

amente, su rostro una

to mucho

dentro de mí se que

oso y violento como el

silencioso, frí

cardo se evaporó, reempla

io paso a una

, que Alejandro había puesto en la

brillaba el n

el te

etenerme. "No tiene

acerlo," respond

té la

. Quería ir al hospital, pero Camila se puso muy ma

nsayadas, de una falsa preocupac

i tono tan frío como el h

a, sobre lo de anoche... sé que las cosas se oyeron mal, pero tienes que entenderme. Camila es muy

r

, sin alegría, ll

n auto en llamas? ¿Manejar que perdiera a nuestro

cio de shock

te?", tartamudeó.

. "Tú lo perdiste. Yo estuve allí. Yo lo sentí mor

sabía... Dios,

pero sus lágrimas

ulpa, no de dolor

s por é

bas aquí. Porque nunca has estado

, sintiendo una extraña sensa

abó, R

ir eso. Podemos arreglarlo. Fue

. "Fue una elección. Y tú elegis

hacerme es

ue se adapta a tu vida. Pero ya se acabó. Cuando salga de a

no antes de que

e lo entregué

lo nece

ncierto, pero por primera vez desde el

ida. "¿Conoces algún pueblo pequeño y r

rendido por el c

, se llama San Miguel. Es p

s labios por primera vez. "Quizás necesiten una maestra. Nece

ión esta

, el dolor y al hombre

a sa

rarme a mí m

o

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El Accidente que Revela Tu Corazón
El Accidente que Revela Tu Corazón
“La noche era una cortina de agua, pero yo, Sofía, apretaba el volante, llevando medicinas a Ricardo, mi prometido, para el hijo de su ex, Camila, que tenía fiebre. De repente, luces cegadoras y un impacto violento me lanzaron al infierno: el auto patinó, se retorció, y desperté atrapada, con el motor en llamas. Con el corazón latiendo a mil, logré llamar a Ricardo, pidiendo ayuda, mi voz un susurro tembloroso: "Ricardo, ayúdame. Tuve un accidente... el auto... se está incendiando." Hubo un silencio eterno y luego, su voz profesional y distante, no la de un prometido preocupado: "Entendido, enviaré una unidad de inmediato. Quédate tranquila." Su siguiente frase me heló la sangre: "Sofía, tengo que colgar. El hijo de Camila no deja de llorar, la fiebre no le baja. Camila está sola y desesperada." Y colgó, dejándome allí, ardiendo sola en mi coche. El Capitán Alejandro me salvó, y sus palabras, amplificadas por la tensión, resonaron como un rayo: "¿Cómo puedes dejar a tu prometida, que está esperando un bebé, sola en un auto en llamas por ir a cuidar al hijo de Camila?" ¿Un bebé? Mi mano fue instintivamente a mi vientre, mientras Ricardo, pálido, intentaba justificarse: "El niño tiene fiebre, capitán. Camila está sola, no tiene a nadie más. Y sabía que con ustedes, Sofía estaría a salvo..." Esa frase me destrozó: me abandonó porque "sabía que estaría a salvo" con otros, priorizando a su ex y a su "hijo" sobre a mí y nuestro bebé. En el hospital, el doctor Ramírez confirmó la tragedia: "Debido al estrés traumático... no pudimos salvar al bebé." Llamé a Ricardo, desesperada, y su voz irritada respondió: "¿Qué quieres ahora, Sofía? ¿No te dije que estaba ocupado?" Finalmente, el golpe de gracia: la voz melosa de Camila en el fondo, "Ricky, mi amor, ¿con quién hablas? Ven a la cama, te necesito." La traición me rompió; un dolor que hizo que mi monitor cardíaco pitara frenéticamente hasta que todo se volvió negro. Al despertar, la fría verdad: Ricardo había pedido el día libre para estar con Camila, mientras mi mundo se desmoronaba. Unas fotos antiguas revelaron una doble vida: Ricardo, Camila y Leo sonriendo, con una fecha de hace seis meses, cuando se suponía estaba en un entrenamiento especial. La mentira me golpeó: no fue un error, sino una red de engaños. Enfrenté a Ricardo y Camila, la rabia brotando: "Me voy porque mientras yo sentía cómo la vida de nuestro hijo se me escapaba entre las piernas en una camilla de hospital, tú estabas en la cama con ella." Camila chilló: "¡Mentirosa! ¡Estás diciendo eso solo para herirlo!" y Ricardo dudó: "¿Es... es eso cierto, Sofía?" La última gota: "No fue un error. Fue una elección. Y tú elegiste. Ahora vive con tu elección." Colgué, apagué el teléfono y se lo entregué a Alejandro. Mi nueva vida, lejos de ellos, comenzaba en San Miguel, un pueblo tranquilo donde esperaba reconstruirme.”
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