Xunian Jingshi
1 Libro Publicado
Libro y Cuento de Xunian Jingshi
El Accidente que Revela Tu Corazón
Urbano La noche era una cortina de agua, pero yo, Sofía, apretaba el volante, llevando medicinas a Ricardo, mi prometido, para el hijo de su ex, Camila, que tenía fiebre.
De repente, luces cegadoras y un impacto violento me lanzaron al infierno: el auto patinó, se retorció, y desperté atrapada, con el motor en llamas.
Con el corazón latiendo a mil, logré llamar a Ricardo, pidiendo ayuda, mi voz un susurro tembloroso: "Ricardo, ayúdame. Tuve un accidente... el auto... se está incendiando."
Hubo un silencio eterno y luego, su voz profesional y distante, no la de un prometido preocupado: "Entendido, enviaré una unidad de inmediato. Quédate tranquila."
Su siguiente frase me heló la sangre: "Sofía, tengo que colgar. El hijo de Camila no deja de llorar, la fiebre no le baja. Camila está sola y desesperada."
Y colgó, dejándome allí, ardiendo sola en mi coche.
El Capitán Alejandro me salvó, y sus palabras, amplificadas por la tensión, resonaron como un rayo: "¿Cómo puedes dejar a tu prometida, que está esperando un bebé, sola en un auto en llamas por ir a cuidar al hijo de Camila?"
¿Un bebé? Mi mano fue instintivamente a mi vientre, mientras Ricardo, pálido, intentaba justificarse: "El niño tiene fiebre, capitán. Camila está sola, no tiene a nadie más. Y sabía que con ustedes, Sofía estaría a salvo..."
Esa frase me destrozó: me abandonó porque "sabía que estaría a salvo" con otros, priorizando a su ex y a su "hijo" sobre a mí y nuestro bebé.
En el hospital, el doctor Ramírez confirmó la tragedia: "Debido al estrés traumático... no pudimos salvar al bebé."
Llamé a Ricardo, desesperada, y su voz irritada respondió: "¿Qué quieres ahora, Sofía? ¿No te dije que estaba ocupado?"
Finalmente, el golpe de gracia: la voz melosa de Camila en el fondo, "Ricky, mi amor, ¿con quién hablas? Ven a la cama, te necesito."
La traición me rompió; un dolor que hizo que mi monitor cardíaco pitara frenéticamente hasta que todo se volvió negro.
Al despertar, la fría verdad: Ricardo había pedido el día libre para estar con Camila, mientras mi mundo se desmoronaba.
Unas fotos antiguas revelaron una doble vida: Ricardo, Camila y Leo sonriendo, con una fecha de hace seis meses, cuando se suponía estaba en un entrenamiento especial.
La mentira me golpeó: no fue un error, sino una red de engaños.
Enfrenté a Ricardo y Camila, la rabia brotando: "Me voy porque mientras yo sentía cómo la vida de nuestro hijo se me escapaba entre las piernas en una camilla de hospital, tú estabas en la cama con ella."
Camila chilló: "¡Mentirosa! ¡Estás diciendo eso solo para herirlo!" y Ricardo dudó: "¿Es... es eso cierto, Sofía?"
La última gota: "No fue un error. Fue una elección. Y tú elegiste. Ahora vive con tu elección."
Colgué, apagué el teléfono y se lo entregué a Alejandro.
Mi nueva vida, lejos de ellos, comenzaba en San Miguel, un pueblo tranquilo donde esperaba reconstruirme. Le puede gustar
Habitación equivocada: Durmiendo con el tío de mi prometido
Fishin' Floozy Faltaban solo unos meses para su boda cuando Isidora abrió la puerta de la suite presidencial del Hotel Plaza.
El aire la golpeó como un puñetazo. En la cama king-size, su prometido Kevin estaba jadeando sobre Chantelle, su antigua buena amiga.
Al ser descubierto, Kevin no mostró ni una pizca de culpa. Agarró una almohada y se la lanzó con rabia.
"¡Bicho raro y horrible! ¡Lárgate!", rugió él, asqueado por las feas gafas y las pecas falsas que ella usaba para ocultar su verdadero rostro.
Isidora no derramó una lágrima. Grabó un video en silencio y se marchó. Pero la verdadera pesadilla llegó horas después, en la cena oficial de compromiso.
Chantelle fingió ser la víctima frente a todos, y Kevin humilló a Isidora dejándola como una loca celosa. Su propio padre, preocupado solo por los millones de la fusión empresarial, la agarró del brazo.
"Si arruinas este acuerdo, haré que exhumen la tumba de tu madre", la amenazó sin piedad.
Isidora se quedó sola bajo el candelabro, tragándose las risas y burlas de la alta sociedad. ¿Por qué tenía que ser ella el cordero de sacrificio? ¿Por qué debía permitir que pisotearan su dignidad y la memoria de su madre?
Una calma gélida recorrió sus venas. Sacó su celular, hackeó el sistema audiovisual del salón y presionó un botón.
El video de la infidelidad estalló a todo volumen en la pantalla gigante de tres metros.
Mientras el pánico destruía a los Garrison, Isidora levantó la vista y se encontró con los ojos de Cedrick, el despiadado y temido tío de Kevin, el mismo extraño con el que se había acostado por venganza la noche anterior... y él le sonrió. Anhelando a mi esposo tirano
Xu Shinian Mi exnovio Darrin me humilló en una gala benéfica, diciéndome que yo no valía nada sin él.
Destrozada, bebí demasiado vodka y le exigí a un extraño que me salvara.
A la mañana siguiente, me desperté en un lujoso penthouse con una resaca insoportable y un certificado de matrimonio bajo mi mano.
Me había casado con un completo desconocido que solo firmó con la letra "G".
Pensé que era un error garrafal, pero cuando Darrin amenazó con arruinarme publicando fotos íntimas mías, mi nuevo esposo intervino.
En cuestión de minutos, un equipo legal destrozó la vida de mi ex, borró las fotos y lo dejó llorando en un pasillo.
"Soy tu esposo, y les guardo rencor a los hombres que hacen llorar a mi esposa".
Gus me dijo que solo era un consultor de negocios, pero me regaló un diamante amarillo que valía millones y me vigilaba con una obsesión aterradora.
¿Por qué su voz, su mandíbula afilada y su poder me recordaban tanto a Agustus Williams, el despiadado y temido tirano de Wall Street?
Para pagar mis deudas, acepté un trabajo de cincuenta mil dólares: fotografiar al mismísimo Agustus.
Al hacer zoom en la imagen y ver el reflejo de su rostro en la pantalla, mi sangre se heló por completo.
El intocable monstruo que aterrorizaba a la ciudad y el hombre que me exigía usar su anillo de bodas... eran exactamente la misma persona. Diseñadora Renacida: Su Dulce Venganza
Jin Yi Ye Xin Cinco años, cinco largos años había esperado este momento.
Hoy, la diseñadora Sofía Pérez, renacida de las cenizas, lanzaba su nueva colección "Renacer" .
Todo el salón de eventos estaba lleno, las cámaras apuntaban, y a mi lado, mi esposo Alejandro Vargas me sostenía la mano.
"¿Nerviosa, mi amor?"
Su voz era un bálsamo.
Pero entonces, el murmullo recorrió el salón.
Las cámaras giraron bruscamente hacia la entrada.
Ahí estaba él. Ricardo Morales. El hombre que me humilló.
Y a su lado, Valeria Soto, mi ex mejor amiga y su cómplice.
Se acercó a mí, su sonrisa torcida, su voz llena de veneno.
"No esperaba encontrarte en un lugar como este. Pensé que seguirías escondida."
Valeria soltó una risita burlona.
"Tal vez encontró a algún viejito rico que la sacara de la miseria."
Sentí la mano de Alejandro tensarse.
Mi corazón se revolvió de asco al ver a Ricardo.
Él, un fracasado en un reality de cocina, se atrevió a exigir mi perdón.
"¡Miren a esta mujer! ¡La gran diseñadora Sofía Pérez, la misma que fue abandonada en el altar por infiel!"
El viejo escándalo, la herida que tanto había tardado en cicatrizar, se abría de nuevo.
Me forzó a arrodillarme.
Agarró mi mano izquierda, la que llevaba mi anillo de esmeralda, mi símbolo de renacimiento.
"Quería destruir tu carrera, Sofía. Quería que nunca más pudieras diseñar."
Levantó una botella vacía, sus ojos brillando con locura.
Cerré los ojos, preparándome para el impacto.
Un crujido nauseabundo.
Un dolor blanco y candente explotó en mi mano.
"Señor Morales, me informan que tiene algo que me pertenece."
La voz de Alejandro, tranquila y letal, resonó en la sala.
Mi esposo había llegado.
Y me di cuenta, Ricardo Morales, este infeliz, va a desear no haber nacido.