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El Accidente que Revela Tu Corazón

Capítulo 2 

Palabras:748    |    Actualizado en: 03/07/2025

ó mis fosas nasales antes de

centes del techo del hospit

dolorido, pero había un vacío

le pero con ojos tristes

ccidente grave. Sufrió una fractura en la tibia y varias contusiones,

buscando las pal

sabía lo

a ausencia que grit

de humo, su cuerpo sufrió un shock severo," continuó el doc

ron en el aire, fr

avor, revisen de nuevo. T

zaron a brotar, ca

o posible, de v

, mi cuerpo sacudido por sollozos qu

e parecía a nada que

mesa, de una pequeña vida que ni siquie

upliqué, mi voz rota.

grande y cálida se

Alej

ero estaba lleno de una

quila. Estoy

o, pero no era a él a quien

z apenas un hilo. "¿Dónde está

labios, una sombra de

lamarlo. N

a fue como

onte

nuestro hijo, él no c

el hijo de Camila, volvió a mi

e hablar

cuchar de su

costó todo, le pedí m

osos marcaron su

ada sonó una, d

unto de darme por

ba cansada

Sofía? ¿No te dije

sus palabras me

se atoraron en mi garganta. ¿Cómo se le dice al h

le," continuó, su tono lleno de una impaciencia que me partió el corazón. "Camil

no podía

rdido a nuestro bebé, y él me habl

l bebé...", l

rase, una voz femenina y melosa se

quién hablas? Ven a

Ca

esado cayó so

la casa de ella, quizás en su cama,

jo Ricardo finalmente, su v

lgarme!", grité, la desespera

fue i

no de la llam

ó de la mano y cayó al s

lo de espera

n era tota

a abandonado en

ovocado la muert

a con

Ca

brotó de mi pecho, un so

a mi lado comenzó a

parecieron encogerse, el aire

ón se rompía en un

do se volvió n

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El Accidente que Revela Tu Corazón
El Accidente que Revela Tu Corazón
“La noche era una cortina de agua, pero yo, Sofía, apretaba el volante, llevando medicinas a Ricardo, mi prometido, para el hijo de su ex, Camila, que tenía fiebre. De repente, luces cegadoras y un impacto violento me lanzaron al infierno: el auto patinó, se retorció, y desperté atrapada, con el motor en llamas. Con el corazón latiendo a mil, logré llamar a Ricardo, pidiendo ayuda, mi voz un susurro tembloroso: "Ricardo, ayúdame. Tuve un accidente... el auto... se está incendiando." Hubo un silencio eterno y luego, su voz profesional y distante, no la de un prometido preocupado: "Entendido, enviaré una unidad de inmediato. Quédate tranquila." Su siguiente frase me heló la sangre: "Sofía, tengo que colgar. El hijo de Camila no deja de llorar, la fiebre no le baja. Camila está sola y desesperada." Y colgó, dejándome allí, ardiendo sola en mi coche. El Capitán Alejandro me salvó, y sus palabras, amplificadas por la tensión, resonaron como un rayo: "¿Cómo puedes dejar a tu prometida, que está esperando un bebé, sola en un auto en llamas por ir a cuidar al hijo de Camila?" ¿Un bebé? Mi mano fue instintivamente a mi vientre, mientras Ricardo, pálido, intentaba justificarse: "El niño tiene fiebre, capitán. Camila está sola, no tiene a nadie más. Y sabía que con ustedes, Sofía estaría a salvo..." Esa frase me destrozó: me abandonó porque "sabía que estaría a salvo" con otros, priorizando a su ex y a su "hijo" sobre a mí y nuestro bebé. En el hospital, el doctor Ramírez confirmó la tragedia: "Debido al estrés traumático... no pudimos salvar al bebé." Llamé a Ricardo, desesperada, y su voz irritada respondió: "¿Qué quieres ahora, Sofía? ¿No te dije que estaba ocupado?" Finalmente, el golpe de gracia: la voz melosa de Camila en el fondo, "Ricky, mi amor, ¿con quién hablas? Ven a la cama, te necesito." La traición me rompió; un dolor que hizo que mi monitor cardíaco pitara frenéticamente hasta que todo se volvió negro. Al despertar, la fría verdad: Ricardo había pedido el día libre para estar con Camila, mientras mi mundo se desmoronaba. Unas fotos antiguas revelaron una doble vida: Ricardo, Camila y Leo sonriendo, con una fecha de hace seis meses, cuando se suponía estaba en un entrenamiento especial. La mentira me golpeó: no fue un error, sino una red de engaños. Enfrenté a Ricardo y Camila, la rabia brotando: "Me voy porque mientras yo sentía cómo la vida de nuestro hijo se me escapaba entre las piernas en una camilla de hospital, tú estabas en la cama con ella." Camila chilló: "¡Mentirosa! ¡Estás diciendo eso solo para herirlo!" y Ricardo dudó: "¿Es... es eso cierto, Sofía?" La última gota: "No fue un error. Fue una elección. Y tú elegiste. Ahora vive con tu elección." Colgué, apagué el teléfono y se lo entregué a Alejandro. Mi nueva vida, lejos de ellos, comenzaba en San Miguel, un pueblo tranquilo donde esperaba reconstruirme.”
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