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Vendida por un Sueño de Lujo

Capítulo 1 

Palabras:813    |    Actualizado en: 03/07/2025

mecánico "El Engrane de Oro" no era solo un negocio, era el sudor de mi padre, la h

un letrero de "Se Vende" colgado en la entra

da vecino que pasaba bajaba la mirada, c

e" , quería nuestro terreno. Querían demoler mi historia para levantar una torre

do treinta y dos visitas. Treinta y dos veces que hombres con trajes caros

einta y dos ocasiones, I

a defe

conve

a y ahora me sonaba a veneno dulce. "Es una fortuna. Podríamos comp

novios. Le había pedido que se casara

esperáramos a que su carr

sp

o que necesitáb

tení

cuando la constructora

ato, te juro que nos casamos. Una bod

ada vez que el fantasma de mi padre me susurraba al oído que n

ió en un d

stra bod

o vendas,

asa que q

os, después

los h

todo. Pero prime

o para nuestra felicidad. Mi ancla al pas

ipo flaco con ojos de serpiente, puso en la mesa una oferta final. La cifra

amor, sino de ambición. Vi en ellos el ref

ca, Miguel. Es n

polvo. Miré las manos de Isabella, tan limpias, tan cuidadas. Luego miré las mías, con la grasa

ije, y la voz no

n batalla. Deslizó los papeles sob

la

e que había escuchado en mi vida. Más fuerte que el rug

o de mi alma

rm

beso rápido, seco.

marcando un número en su celular. "Le

e in

yo me quedé en el taller vacío. El letrero de "S

ficina, abrí la laptop que Isabella me había regalado, una que casi nu

mento. No escrib

mi situación

ón con Isabella Re

No hubo drama. Solo

taller, las llaves que mi padre me dio el día

atrás. La puerta se cerró con un

que sabía es que el Miguel Ángel que vivía entre

hombre sin nada, cam

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Vendida por un Sueño de Lujo
Vendida por un Sueño de Lujo
“El olor a aceite y metal era el único perfume que había conocido como hogar, mi taller, "El Engrane de Oro", el legado de mi familia. Llevaba ciento ochenta y tres días con un letrero de "Se Vende" colgado, una lápida para mi historia, por culpa de desarrolladores ambiciosos y la insistencia de Isabella, mi prometida. Sesenta y dos veces, hombres con trajes caros pisotearon el suelo manchado de grasa que tanto amó mi padre; sesenta y dos veces, Isabella me presionó para vender, usando la promesa de nuestra boda como un arma dulce y venenosa. "Miguel, piénsalo", me decía con esa voz suave. "¿Y nuestra boda, Isa?". "En cuanto vendas, mi amor", respondía. El día que firmé la venta, algo se rompió dentro de mí, más fuerte que cualquier motor V8, más fuerte que cualquier taladro neumático. Mi alma se hizo añicos. Esa noche, mientras ella celebraba nuestro "futuro" con el abogado de la constructora, yo cambié mi estado en Facebook de "En una relación con Isabella Reyes" a "Soltero", un clic silencioso pero definitivo. Al día siguiente, en la fiesta de celebración, vi a Isabella riendo junto al abogado de ojos de serpiente. Su mano estaba en su espalda, un gesto demasiado familiar, y ella no se apartó. Fue entonces. Ella ya no era la mujer que me cuidó cuando tuve gripa. Era una extraña que vendió mi alma. La venta del taller no era el principio de nuestro futuro, era el fin del mío con ella. Necesitaba escapar de esa mentira. Cuando me pregunté a dónde ir, una llamada de un número desconocido ofreció una chispa de vida: mi solicitud para el programa "Jóvenes Constructores" había sido pre-aprobada, el sueño comunitario de mi padre. "¿Estás seguro?", preguntó una voz al otro lado de la línea. "Más seguro que nunca", respondí, sin saber que era el disparo de salida de mi nueva vida.”
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