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La Historia de los Asesinos

Capítulo 3 

Palabras:690    |    Actualizado en: 02/07/2025

a una respuesta, que lo obligara a hacer algo. Marqué su número con dedos temblorosos. Sonó una, dos, tres veces. Estaba a punto de colgar cuando la llamada s

respiración. La voz que escuché no era la de Ri

sa es tan intensa. ¿N

Is

risa de Ricardo, una risa relajada

e pasará el berr

la tela, seguido de un suspiro

sabel con una risita. «

que encajaba perfectamente en su lugar. La inquietud, las excusas, la defensa de Isabel..

léfono contra la pared, maldecirlos a ambos. Pero entonces, la imagen de la carita de Luna apareció

mblor de mis manos. Apreté el botón para

car

l otro lado de la línea, seg

a, ¿qu

cortándolo. Mi tono no era de súpl

padres. Ya te lo dij

a casa. Ah

ahora, est

tás engañando. Pero eso no me importa ahora.

o», dijo brusc

che y salí disparada hacia la comisaría más cercana. No importaba lo que Ricardo dijera, no importaba si era una

aciencia profesional. Le conté todo: la visita de los abuelos,

cabeza, su expresión era c

s y su padre sabe dónde está. No podemos clasificarlo como un secuestro. Es una

ndo! ¡Está con otra muje

das. No podemos emitir una alerta de bú

se suponía que debía protegerme me estaba fallando. Mientras caminaba hac

? ¡Acabo de recibir una llamada! ¡

nada hasta qu

y les dije que todo era un malentendido familiar! ¡Les dije q

ba usando su poder y su aparente cordura para pintarme a mí c

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La Historia de los Asesinos
La Historia de los Asesinos
“Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija. Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho. Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia. «¡Estás exagerando!», me dijo. Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes. Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario. «Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla». Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada. La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca. Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico. «Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo. La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!». Pero él defendió a su familia, a Isabel. «¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!». Me sentí sola, atrapada en una pesadilla. Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel. «Tu esposa es tan intensa», dijo ella. Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca». El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba. «¿Dónde está mi hija?». «Está... con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó. Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" . Luego, una llamada del hospital: «Accidente... Luna Patterson». Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones. Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!». Ese fue el final. Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue. La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación. «¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?». Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija. Esto no fue un accidente. Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10