icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

La Historia de los Asesinos

Capítulo 2 

Palabras:523    |    Actualizado en: 02/07/2025

s. En mis sueños, escuchaba a Luna llorar, llamándome «¡Mami, mami!», pero su voz sonaba lejana, como si vinie

bel.

bitación estaba en silencio, solo se oía la respiración acompasada de Ricardo a mi lado. Era solo un sueñ

y llamé directamente a la casa de mis suegros. Contestó

¿Sabes qué

necesito hab

uchar un murmullo de fon

mente mi suegro. «Estaba muy cansada anoche desp

ida, demasiado ensayada. Sonab

vor. Solo quiero

está dormida. Ha

co

is oídos como un disparo. Miré a Ricard

?», preguntó, fr

todo el fin de semana finalmente se rompió. Las lá

a tu familia me están ocultando algo! ¡Hay algo mal, Ricardo, lo sé!

más. Se levantó de la cama, su ros

la adoran, ¿por qué le harían daño? Y deja de meter a Isabel en esto. Ella solo está a

ncima de mí, la madre de su hija. Me sentí completamente sola, atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar. El hombre

a en mi teléfono y marqué. Necesitaba escuchar una voz, cualquie

stó ella, su to

enas un susurro. «Solo déjenme h

lencio lar

más tarde, X

a, igual que la pequeña esp

-

Obtenga su bonus en la App

Abrir
La Historia de los Asesinos
La Historia de los Asesinos
“Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija. Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho. Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia. «¡Estás exagerando!», me dijo. Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes. Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario. «Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla». Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada. La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca. Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico. «Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo. La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!». Pero él defendió a su familia, a Isabel. «¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!». Me sentí sola, atrapada en una pesadilla. Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel. «Tu esposa es tan intensa», dijo ella. Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca». El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba. «¿Dónde está mi hija?». «Está... con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó. Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" . Luego, una llamada del hospital: «Accidente... Luna Patterson». Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones. Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!». Ese fue el final. Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue. La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación. «¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?». Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija. Esto no fue un accidente. Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10