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La Historia de los Asesinos

Capítulo 1 

Palabras:647    |    Actualizado en: 02/07/2025

ire se sentía pesado, cargado con una premonición que no podía nombrar. Mis suegros, como solían hacer de vez en cuando, habían venido a buscar a Luna para pasar el fin de sem

preocupes, Ximena», dijo mi suegra, sonriendo

l aire mientras el coche se alejaba. Me quedé en la puerta mucho después

é varias veces, pero mis suegros siempre tenía

n el jardín, no

mirse la sies

película, está

el domingo por la mañana, la ansiedad se había convertido en un pánico sordo. Ricardo, mi

padres. Saben cuidar a su pr

mal presentimiento. Prometieron tra

sonido de su fastidio, el preludio de una discusión en la

n por la noche, como dijeron.

vidada, sino por la forma en que minimizó mis sentimientos, llamándome «demasiado sensible» y «dramática». Aprendí con el tiempo a tragarme mis emociones para mantener la

rar un punto medio que calma

ue la traigan después de comer, no

ude escuchar la voz apagada de su madre al otro lado de la línea. La

parque de diversiones por la tarde. No seas así, Xime

cundario, algo que hizo que el hielo en m

también irá. Ayu

nté en la mesa de la cocina, la comida que había preparado para nosotros ahora me parecía un montón de cenizas. No podía tragar. La traición era un sabor amargo en mi boca, una sospecha terrible que

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La Historia de los Asesinos
“Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija. Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho. Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia. «¡Estás exagerando!», me dijo. Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes. Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario. «Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla». Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada. La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca. Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico. «Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo. La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!». Pero él defendió a su familia, a Isabel. «¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!». Me sentí sola, atrapada en una pesadilla. Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel. «Tu esposa es tan intensa», dijo ella. Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca». El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba. «¿Dónde está mi hija?». «Está... con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó. Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" . Luego, una llamada del hospital: «Accidente... Luna Patterson». Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones. Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!». Ese fue el final. Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue. La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación. «¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?». Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija. Esto no fue un accidente. Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10