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La Venganza de La Ingenua

Capítulo 2 

Palabras:880    |    Actualizado en: 02/07/2025

vés de unas puertas dobles con un letrero que decía "QUIRÓFANO". Una luz roja se encendió sobre la puerta, una señal o

ida anterior, me quedé aquí, llorando y llamando a Mateo una y otra vez, esperando

vez

O negativo, el donante universal, pero también uno de los más raros y con mayor demanda. Y lo más impor

buscar grupos de donación de sangre de la Ciudad de México. "Donadores de Sangre CDMX", "Ayuda Urgente O Negativo", "Red de Altruistas". Me uní a todos los que pude encontrar y publiqué un men

a mi alcance. Después de enviar la solicitud a una docena de grupos, respiré hondo. Era hora de enfrentar a

s me invadió: todas las veces que él la había defendido a ella sobre mí, todas las veces que mis sentimi

Finalmente, respondió. No con un "¿Ho

ocupado, estamos a punto de salir

el que yo estaba atrapada. La rabia me subió por la ga

ela y yo tuvimos un accidente. Muy gr

cuchar la música de fon

es este para arruinarle el cumpleaños a Isa?

s esfuerzos. "¡Te juro que no lo es! El coche quedó destrozad

un roble. Seguro es un rasguño y estás

ió del quirófano. Era joven,

Elena River

de un salto.

das. "Perdió demasiada sangre y sus niveles son peligrosamente bajos. Necesitamos una transfusión de

odavía en mi mano,

o, por favor? Mi hermano es

on claridad y urgencia. "Señor, su abuela necesita san

Mateo fue una ri

Mira, dile a tu amigo el 'doctor' que deje el drama. No vamos a ir. Isa

er, escuché la voz melosa y

abes cómo se pone de dramática cuando no es el centro de atenci

ra era una manipulación calculada, diseñada para pin

oche especial. Ya me encargo yo". Se dirigió de nuevo al teléfono, su tono ahora lleno de una ira injustificada. "Escúchame bien, S

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La Venganza de La Ingenua
La Venganza de La Ingenua
“El olor a metal y la sangre llenaban mis pulmones. En mi vida pasada, morí sola en la carretera, abandonada por mi hermano Mateo y nuestra prima Isabella, quienes se negaron a llevarme al hospital. Dijeron que exageraba un dolor de estómago para arruinar la fiesta de cumpleaños de Isabella. Era apendicitis, que se volvió peritonitis. Vi mi propio funeral, a mi abuela Elena destrozada por el dolor, y a Mateo e Isabella celebrando, destruyendo el legado familiar que tanto amaba. La traición me consumió, y mi abuela, con el corazón roto, me siguió poco después. Hasta ahora. Un chirrido de neumáticos y un golpe seco. El mismo accidente, el mismo día fatídico que me llevó a la tumba. Pero esta vez, estaba aquí, y mi abuela yacía inconsciente a mi lado. En mi vida anterior, la llamé a ellos primero, lo que nos costó todo. Esta vez no. Mi cerebro trabajó a una velocidad vertiginosa. No podía depender de Mateo, ni de Isabella. Saqué mi teléfono, llamando a emergencias, asegurándome de que esta vez, mi abuela viviría. Pero la supervivencia de mi abuela dependía de una transfusión de sangre O negativo, un tipo de sangre casi imposible de encontrar. Contacté a Mateo e Isabella, quienes compartían el mismo tipo de sangre, y les rogué ayuda. Ellos, ciegos por la codicia y la manipulación de Isabella, se burlaron, acusándome de arruinar su fiesta de cumpleaños. El médico corroboró la urgencia de sangre, pero respondieron con crueldad, colgándome. Me sentí completamente sola, con el pánico invadiéndome mientras buscaba desesperadamente donadores. Cuando encontré un donador, Ricardo, Mateo e Isabella lo contactaron, mintiéndole y persuadiéndolo de no venir. La vida de mi abuela pendía de un hilo, y ellos estaban dispuestos a dejarla morir por un capricho. Pero no esta vez. No iba a suplicarles. Iba a luchar. Ya no era la nieta ingenua que confiaba ciegamente en su familia. La muerte me había enseñado la lección más dura de todas. El dolor insoportable se transformó en una furia helada. Conseguí contactar a una red privada de donación de sangre y pagué una fortuna, era nuestra última esperanza. Cuando el Dr. Ramos, influenciado por Mateo, intentó evitar la donación, el infierno se desató. ¡No dejaría que la historia se repitiera! Mi abuela viviría, y ellos pagarían por todo el daño causado.”
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