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La Venganza de La Ingenua

Capítulo 1 

Palabras:805    |    Actualizado en: 02/07/2025

spués de que Mateo, mi hermano, y nuestra prima adoptiva, Isabella, se negaran a llevarme al hospital. Dijeron que estaba exagerando un dolor de estómago par

us amigos mientras mi ataúd descendía a la tierra. Y vi a Mateo, mi hermano, no con tristeza, sino con una extraña mezcla de cul

egamente enamorado de Isabella, le entregó todo en bandeja de plata. Vi cómo destruían el legado de mi abuela, vendiendo la empresa pieza por pieza para financiar sus vidas

a ah

eco. El mundo giró violentamente. El coche en el que viajábamos con mi abuela fue embestido

vez, yo es

té, mi voz ronc

ontra la ventanilla rota y un corte profundo en la frente del que manaba sangre sin cesa

. Un error fatal. Él y Isabella estaban demasiado ocupados preparándose para la fiesta de ella. Me dijeron que l

sta

pero no por miedo, sino por una furia fría y una determinación de acero. Me incliné sobre m

uanta", susurré, mi aliento for

a ciegamente en su familia. La muerte me había enseñado la lección más dura de todas. No

por la adrenalina. No busqué el número de Mate

ticular y un camión. Hay una herida grave, una mujer mayor, inconscien

endo, empapando el trozo de tela. Presioné con más fuerza. Cada segundo contaba. Sabía lo que venía despué

eparada. No iba a rogar. No

asiado tarde. Ahora, era la música más hermosa que podía escuchar. Me aferr

Lo juro. Y ellos... e

mbulancia sin dudarlo, sin soltar su mano ni por un instante. El vehículo se puso en marcha, abriéndose paso entre el tráfico de la Ciudad de México. El viaje al hospital fue un b

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La Venganza de La Ingenua
La Venganza de La Ingenua
“El olor a metal y la sangre llenaban mis pulmones. En mi vida pasada, morí sola en la carretera, abandonada por mi hermano Mateo y nuestra prima Isabella, quienes se negaron a llevarme al hospital. Dijeron que exageraba un dolor de estómago para arruinar la fiesta de cumpleaños de Isabella. Era apendicitis, que se volvió peritonitis. Vi mi propio funeral, a mi abuela Elena destrozada por el dolor, y a Mateo e Isabella celebrando, destruyendo el legado familiar que tanto amaba. La traición me consumió, y mi abuela, con el corazón roto, me siguió poco después. Hasta ahora. Un chirrido de neumáticos y un golpe seco. El mismo accidente, el mismo día fatídico que me llevó a la tumba. Pero esta vez, estaba aquí, y mi abuela yacía inconsciente a mi lado. En mi vida anterior, la llamé a ellos primero, lo que nos costó todo. Esta vez no. Mi cerebro trabajó a una velocidad vertiginosa. No podía depender de Mateo, ni de Isabella. Saqué mi teléfono, llamando a emergencias, asegurándome de que esta vez, mi abuela viviría. Pero la supervivencia de mi abuela dependía de una transfusión de sangre O negativo, un tipo de sangre casi imposible de encontrar. Contacté a Mateo e Isabella, quienes compartían el mismo tipo de sangre, y les rogué ayuda. Ellos, ciegos por la codicia y la manipulación de Isabella, se burlaron, acusándome de arruinar su fiesta de cumpleaños. El médico corroboró la urgencia de sangre, pero respondieron con crueldad, colgándome. Me sentí completamente sola, con el pánico invadiéndome mientras buscaba desesperadamente donadores. Cuando encontré un donador, Ricardo, Mateo e Isabella lo contactaron, mintiéndole y persuadiéndolo de no venir. La vida de mi abuela pendía de un hilo, y ellos estaban dispuestos a dejarla morir por un capricho. Pero no esta vez. No iba a suplicarles. Iba a luchar. Ya no era la nieta ingenua que confiaba ciegamente en su familia. La muerte me había enseñado la lección más dura de todas. El dolor insoportable se transformó en una furia helada. Conseguí contactar a una red privada de donación de sangre y pagué una fortuna, era nuestra última esperanza. Cuando el Dr. Ramos, influenciado por Mateo, intentó evitar la donación, el infierno se desató. ¡No dejaría que la historia se repitiera! Mi abuela viviría, y ellos pagarían por todo el daño causado.”
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