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La Venganza de La Ingenua

Capítulo 3 

Palabras:781    |    Actualizado en: 02/07/2025

Es la verdad! ¡Te lo ru

pitido frío y monóton

eldad. Pero esta vez, el dolor no me paralizó. Se transformó en una f

scaremos en otros hospitales

en el siguiente paso. "Gracias,

rupos de donación. Nada. El pánico comenzó a filtrarse a través de mi coraza de ira. ¿Y si no encontraba a n

notificación apareció en la pantalla. Un mensaje priva

cardo, que vive cerca del Hospital Ángeles. Ya le avisamos y

que casi me ahogo. Las lágrimas que habí

hísimas gracias!", escribí rápida

en la oscuridad abrumadora. Me limpié las lágrimas, sintiendo una renovad

comenzó a vibrar sin parar. Eran notificaciones del mismo gr

al grupo. Era Isabella. Su voz, llena

nosotros. Sofía siempre ha sido muy celosa de mí, y hoy es mi cumpleaños... Creo que solo está tratando de arruinar mi fiesta y lla

dice mi novia Isabella. Mi hermana tiene problemas y miente mucho. Por f

dacia de sus mentiras, era asombrosa. Rápidamente,

on esto? ¿Es

usar una emerg

va, la tal

a Sofía del grup

arse de mí. ¡No, no, no!

en el chat. "¡Ellos son los que mienten!

con la luz roja encendida y la envié al

os del grupo p

esa foto sí p

o está t

dice la verd

podría convencerlos. Entonces, recibí un mensaje p

pasando? Tu hermano me llamó directamente. Sonaba muy convencido.

o se ta

o ruego, mi abuela te necesita. Ven al hospital, te m

a como una eternidad. Podía imaginarlo en s

nte, re

en juego. Ya estoy cerca, voy a ir de todos modos para ve

guerra estaba lejos de terminar. Sabía que Mateo e Isabella no se detendrían ahí. Su crueldad no tenía

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La Venganza de La Ingenua
La Venganza de La Ingenua
“El olor a metal y la sangre llenaban mis pulmones. En mi vida pasada, morí sola en la carretera, abandonada por mi hermano Mateo y nuestra prima Isabella, quienes se negaron a llevarme al hospital. Dijeron que exageraba un dolor de estómago para arruinar la fiesta de cumpleaños de Isabella. Era apendicitis, que se volvió peritonitis. Vi mi propio funeral, a mi abuela Elena destrozada por el dolor, y a Mateo e Isabella celebrando, destruyendo el legado familiar que tanto amaba. La traición me consumió, y mi abuela, con el corazón roto, me siguió poco después. Hasta ahora. Un chirrido de neumáticos y un golpe seco. El mismo accidente, el mismo día fatídico que me llevó a la tumba. Pero esta vez, estaba aquí, y mi abuela yacía inconsciente a mi lado. En mi vida anterior, la llamé a ellos primero, lo que nos costó todo. Esta vez no. Mi cerebro trabajó a una velocidad vertiginosa. No podía depender de Mateo, ni de Isabella. Saqué mi teléfono, llamando a emergencias, asegurándome de que esta vez, mi abuela viviría. Pero la supervivencia de mi abuela dependía de una transfusión de sangre O negativo, un tipo de sangre casi imposible de encontrar. Contacté a Mateo e Isabella, quienes compartían el mismo tipo de sangre, y les rogué ayuda. Ellos, ciegos por la codicia y la manipulación de Isabella, se burlaron, acusándome de arruinar su fiesta de cumpleaños. El médico corroboró la urgencia de sangre, pero respondieron con crueldad, colgándome. Me sentí completamente sola, con el pánico invadiéndome mientras buscaba desesperadamente donadores. Cuando encontré un donador, Ricardo, Mateo e Isabella lo contactaron, mintiéndole y persuadiéndolo de no venir. La vida de mi abuela pendía de un hilo, y ellos estaban dispuestos a dejarla morir por un capricho. Pero no esta vez. No iba a suplicarles. Iba a luchar. Ya no era la nieta ingenua que confiaba ciegamente en su familia. La muerte me había enseñado la lección más dura de todas. El dolor insoportable se transformó en una furia helada. Conseguí contactar a una red privada de donación de sangre y pagué una fortuna, era nuestra última esperanza. Cuando el Dr. Ramos, influenciado por Mateo, intentó evitar la donación, el infierno se desató. ¡No dejaría que la historia se repitiera! Mi abuela viviría, y ellos pagarían por todo el daño causado.”
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