icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Papá de Espíritu Me Protege

Capítulo 2 

Palabras:761    |    Actualizado en: 01/07/2025

iento de su hijo, una conexión invisible y poderosa que trascendía las paredes de la hacienda. Un espasmo sacudió su cuerpo debilitado, y un gemido se escapó d

sucio de tierra y lágrimas secas, sus ojos, antes brillantes, ahora estaban vacíos, der

con la voz rota, "no pude

ó un paño húmedo y con torpeza trató de limpiar el sudor frío de

as que le quedaban para acariciar el cabello de su hijo, "hicis

mucho tiempo, que el frío que sentía en las extremidades pronto llegaría a su corazón. No podía permitir que Pedrito lo viera

rendentemente firme, "necesito que me hagas

a, sus ojos llenos de u

a, papá, l

sonrisa, "un antojo de un dulce de leche, de esos que venden en l

sintió, c

apá, p

ió Juan, "necesito que sea el más grande y el más fresco que en

ndo, un último acto de protección. Pedrito dudó, no quería dej

ijo, poniéndose de p

ecirte algo, a partir de hoy, no solo serás Pedrito, serás 'El Justo' , porque sé que crecerás para s

ron de lágrimas de nuevo,

to, papá, se

z extraña comenzaba a invadirlo, "ahora

el miedo del mundo, y luego salió corriendo de la habitación, su pequeña figura des

hijo se desvaneció, Juan cerró los ojo

cío, "perdóname por dejarte solo en

ión, el corazón de Juan, el valiente charro, dejó de latir. Su cuerpo quedó

que acababa de ocurrir a sus espaldas. No sintió odio, solo una profunda y abrumadora tristeza. Luego, su única preocupación, su único instinto, lo guio. Atravesó las paredes, flotand

-

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Papá de Espíritu Me Protege
Papá de Espíritu Me Protege
“Juan, el charro más respetado de la hacienda, agonizaba en su cama. Su propia esposa, Doña Elena, veía con frialdad cómo le extraían la sangre, una sangre destinada a salvar a Don Ricardo, el capataz, por quien, decían, se estaba muriendo Juan. Pedrito, mi hijo de cinco años, entró corriendo, sus ojitos llenos de pánico al ver a papá tan pálido. "Mamá, por favor, ayuda a papá," suplicó, "se está muriendo." Pero ella, como una reina de hielo, me ignoró, sus ojos solo mostraban irritación fría. "Tu padre está haciendo lo que debe, está cumpliendo con su deber para con esta hacienda," me dijo, y luego me mandó callar y me abandonó, dejándome a merced del cruel Ricardo. Cuando volví al lado de mi padre, vi su respiración volverse más superficial, más débil. Corrí a buscar ayuda, pero en el patio, Don Ricardo me detuvo, más sano que nunca, y con una sonrisa burlona me dijo: "Ladra para mí, Pedrito, ladra como el perrito que eres." La humillación me ahogó, pero por mi padre, abrí la boca y un ladrido ahogado y patético salió de mi garganta. Los sirvientes murmuraron sobre mi madre, sobre cómo me odiaba ¡incluso parecía que yo no era su hijo! Mientras, Ricardo se reía a carcajadas, una risa que resonó en la peor noche de mi vida. Papá, ¿por qué mamá nos odiaba tanto? Ya no podía respirar, mi cuerpo se enfriaba, pero una última pizca de fuerza me ayudó a pedirle a Pedrito un último favor: "Necesito que me traigas un dulce de leche, mi niño. Y a partir de hoy, no solo serás Pedrito, serás 'El Justo' ." Y así, mientras mi hijo corría por el dulce de leche, yo el charro Juan, moría. Mi espíritu se elevó, y no sentí odio, solo una profunda y abrumadora tristeza, pues vi a mi alma y a mi pequeño Pedrito, solos en un mundo cruel, con una traición que nos había destrozado.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10