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El Despertar de Elvira

Capítulo 4 

Palabras:737    |    Actualizado en: 01/07/2025

a fundar su propia empresa de consultoría financiera, "Aura Corp" . Trabajaba desde el pequeño pero elegante departamento que había alquilado,

Era una renuncia. La renuncia a su compromiso. La metió en un sobre junto con el anillo de diamantes que él le había dado y se lo entregó a un mensaj

to en la empresa, se enteró de que Raúl había recibido el sobre, lo había abierto, había mirado el anillo por un segundo y luego simplemente había firmado la recepción del

había compartido con Raúl, Elvira sintió una oleada de liberación. Cada caja que salía por la puerta era un peso que se quitaba de

tica. Un cliente importante llamó preguntando por un análisis que solo Elvira sabía hacer. Un proyecto se

eran solo una táctica para llamar su atención, un drama para que fuera a rogarle que volviera. Estaba

endió al ver el auto de Elvira estacionado afuera. Una sonrisa arroga

ala, rodeada de productos de limpieza y con un par de guantes de hule puestos. Estaba limpiando. Pero no de la forma habitual. Estaba borrando metódicamente cualquier rastro de su ex

ica esto? -preguntó Raúl,

e giró l

. No quiero deja

endí! Estás enojada, quieres que te pida perdón. ¡Pues n

s ojos que no reconoció. No era amor, no era dolor, no era ira. Era

, Raúl. Y no estoy enojada.

ron en el silenci

on una claridad y una certeza

con sus lágrimas, pero no con su apatía. La idea de que ella, la mujer que lo había adorado duran

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El Despertar de Elvira
El Despertar de Elvira
“No te engañes Elvira, me decía mi mejor amiga Sofía. Raúl, mi prometido, el hombre con el que había compartido quince años de mi vida, me había dejado plantada en nuestro aniversario de compromiso. No era la primera vez. Su asistente me llamó para decirme que tenía una "cena importante de inversionistas" , pero yo sabía que era la misma excusa de siempre para irse con su nueva socia, Isabel. Esa noche, tiré el estofado de res que le encantaba y el pastel de chocolate que horneé con tanto esmero. Cuando Raúl llegó, lleno de condescendencia, creyó que me vería llorar o enfurecerme. Pero no hubo lágrimas, solo una calma helada cuando me dijo que todo había terminado. Creí que la humillación en casa era el límite, pero Isabel, la amante de Raúl, se encargó de llevarla al siguiente nivel. Me tendió una trampa en la oficina, haciéndome parecer celosa y desquiciada, delante de todos. Raúl, sin dudarlo, me despidió de la empresa que yo misma construí. Me arrastraron fuera de la oficina como a una delincuente, con la sonrisa triunfal de Isabel grabada en mi retina. Pero en medio de esa humillación, algo en mí se encendió. No era tristeza, ni rabia... era una determinación fría y afilada. Decidí que no me quedaría así. Que Raúl no sabía a quién acababa de desatar. Y en ese instante, Elvira, la mujer humillada y abandonada, murió. Nació otra Elvira, una que planeó su propia desaparición con una precisión letal. Una que se desharía de sus fantasmas, uno a uno, empezando por aquellos que la habían despreciado.”
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