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La Bigamia del Oficial: Mi Hijo, Mi Lucha

Capítulo 3 

Palabras:676    |    Actualizado en: 01/07/2025

de Leo era una prueba ardi

iendo sus pequeños sollozos contra mi pecho. Miré

e mi cas

ateo, actuando como la pacificadora. "Cariño, vámonos

cuerpo del pequeño perro y

o había tie

l médico, un hombre mayor que me conocía de

sto?", preguntó, su v

e", respondí

impió la zona y aplicó una pomada. "Esto

lo estoy

ieron a aparecer. Esta vez, entraron a la casa

de comer", ordenó Mateo, como si to

os muebles gastados. Santiago corría por la pe

ue Leo también tenía que comer. Preparé un almuerzo sencillo: arroz

se una presa de poll

a otra, Mateo tomó el plato y

tas reponerte de este

sa triunfante, y empezó a co

la y la puse en mi plato, con

iago fue

el trozo de pollo. Se lo metió en la boca, mastican

o, con los ojos llenos d

a que colm

arlo dos veces, le di

suficiente para que soltara el po

un salto. "¡Mi hijo! ¡

furia. Se levantó y

niño indefenso! ¿Ves? Por eso no pue

ble y de tus escándalos. Nos vamos. Y te juro que nunca más volverás a saber

jó a Valeria y a Sant

pasar ni un minuto m

, se

oficial y marcharse, leva

Leo llorando en silencio y el

sentenciado. Creía que me

quiv

o. Era mi única posesión de valor.

o. El dueño me miró con pena. Sa

me da p

o de billetes

de autobuses y c

de

ogo

r la guerra

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La Bigamia del Oficial: Mi Hijo, Mi Lucha
La Bigamia del Oficial: Mi Hijo, Mi Lucha
“En mi vida anterior, mi amor por Mateo, un oficial de la Policía Nacional, me cegó. Con él tuve a nuestro hijo, Leo, y nuestra pequeña familia vivía en un humilde pueblo cafetero. Todo parecía normal, hasta que intenté registrar a Leo para que tuviera beneficios. Fue entonces cuando descubrí la verdad más brutal: Mateo ya estaba casado. Su "esposa" era Valeria, la viuda de un compañero caído, y había registrado al hijo de ella, Santiago, como suyo, negando a nuestro propio Leo. Él nos abandonó, y la tragedia alcanzó niveles impensables cuando Leo fue secuestrado. Ante mi desesperada súplica, Mateo se negó a iniciar una búsqueda oficial, priorizando su carrera y su "nueva familia". Sin Leo, con la culpa consumiéndome, corrí al río y me arrojé, sintiendo el rostro borroso de mi hijo gritando mi nombre. ¿Cómo era posible que el hombre que juró amarme nos traicionara de tal manera? ¿Cómo podía ser tan cruel y egoísta, ignorando la vida de su propio hijo? El dolor era insoportable, la injusticia, quemante. Pero entonces, desperté. El sol entraba por la ventana de mi humilde casa. Leo dormía a mi lado. ¡Estábamos vivos! Era el día exacto en que todo comenzó en mi vida anterior, pero esta vez, yo no era la misma Sofía. Era mi oportunidad. Decidí que no lo llamaría, que no repetiría la tragedia. Esta vez, iba a reescribir nuestra historia.”
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