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De Princesa A Reina Verdadera

Capítulo 4 

Palabras:730    |    Actualizado en: 01/07/2025

esonando en el suelo de mármol. Ignoró a todos los demás, sus ojos oscuros fijos en mí

mbalear hacia atrás, y caí al suelo, mi mejilla ardiendo de dolor y humillación. Un grito colectivo

do hacia él y abrazándolo, sus lág

tector, sin apartar su mirada ase

humillar a tu prima de esta manera! ¡Cómo te atreves a acusarla de un cr

centímetros del mío, su

dón a Isabe

a y del dolor punzante en mi mejilla. La humillación pública, el dolor físico, el f

desafío. "¡Ella es la que cometió el crimen! ¡Y tú! ¡Tú te

vo. "Ella es mi hija. Un pequeño error juvenil no es motivo para en

r amable y gentil que él siempre había d

re la has odiado porque ella era la Reina y tu esposa solo la duquesa! ¡Siempre has envidiado a mi padre! ¡Y sie

azo. Su rostro se oscureció aún más, su

lo habían seguido al salón. "¡Esta fiesta ha terminado! ¡Ya que la princesa parec

y rasgar los tapices. Los invitados gritaban y corrían para ponerse a salvo, tropezando con los restos de l

a, llevándola a un rincón seguro, lan

propio tío. El poder que había sentido momentos antes se evaporó, reemplazado por una sensación de impot

uinas, Ricardo se acercó a mí de nuevo. Su v

lpes de rodillas con Isabella", ordenó. "Y te lo advierto,

n ruinas, dejando a Alonso y a mí atrás. Me quedé sola, rodeada por la de

de perder la guerra. Justo cuando la desesperación amenazaba con

¿Qué sign

, con una expresión de ira gélida en su

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De Princesa A Reina Verdadera
De Princesa A Reina Verdadera
“El frío acero de la espada de Isabella cortaba el aire, su punta contra mi garganta. Su sonrisa torcida, venenosa, era lo último que veía en este mundo. A su lado, Alonso, mi prometido, la miraba con una devoción que nunca me había dado a mí. Mi sangre se derramaba sobre las baldosas de mi propio palacio. "¿Por qué?", susurré, la vida escapando de mi cuerpo. Isabella se agachó, "Porque todo lo que tenías debería haber sido mío. Eras demasiado ingenua para merecerlo." El dolor de la traición superó la herida mortal. Mi prima, a quien traté como hermana, y el hombre a quien entregué mi corazón, me destruyeron. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Tan estúpida? Cerré los ojos, el odio y el arrepentimiento ardiendo en mi alma. De repente, un grito ahogado escapó de mis labios. Abrí los ojos: estaba en mi cama, en mi habitación, sin rastro de sangre, de herida. Fue un sueño. Pero el recuerdo era demasiado real, el dolor demasiado vívido. Me levanté y corrí al espejo. La joven que me miraba era yo, de hace tres años, justo el día de mi decimoctavo cumpleaños. El día en que todo empezó a desmoronarse. Los vívidos recuerdos de mi vida pasada inundaron mi mente: cada traición, cada manipulación de Isabella, el distanciamiento de Alonso, el ascenso al poder de mi tío Ricardo, padre de Isabella, mientras mi padre, el Rey, veía su salud decaer. "He vuelto", susurré con una sonrisa fría a mi reflejo. "Y esta vez, las cosas serán diferentes." Ellos no sabían con quién se estaban metiendo.”
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