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Mi Suegra: El Veneno en Casa

Capítulo 2 

Palabras:719    |    Actualizado en: 30/06/2025

posición al humo de la vela había irritado los pulmon

con paciencia. "Un poco de fototerapia aquí y algo de sol en casa será suf

palabra. Ciencia. Lógica.

s, mirándome como si yo fuera una criminal. Máximo estaba al lado de su madre, cuya frente ahora estaba cu

reguntó

a cena, la trampa se

deshonrado a esta familia. Le levantaste la mano a

e razón. Mamá solo intentaba ayudar.

quiero que mi nieto esté sano. N

itario, el hijo cobarde y la matriarca manipula

rado. Habría suplicado. Habrí

o y

s a un lado y me

los sorprendió. "Fui irrespetuosa. Vo

e la ira a la satisfacción.

latiendo con fuerza. Mis ojos esc

queña botella de vidrio sin etiqueta, llena de un líquido claro. E

ban, pero no de

fregadero. Cogí un plato sucio y vertí generosamente

¿qué estás

e la puerta de la cocina.

pondí sin mirarl

?" Se acercó y vio la bot

"Estaba aquí, con las cosas de

or nuestras voces. Vio la botella y s

a para bendecir la casa!" gritó, ar

ndo el ceño. "Parecía agua sucia.

apoderó de

mi suegro de

a Máximo. Mis dedos todavía esta

" dije, y antes de que pudiera reacci

rocediendo y limpiándose

chilló Soledad, mirá

ndí, mi voz llena de falsa confusión. "El agua bendita no pue

z de formar una frase coherente. Sabía que había sido descubierta, p

a chamana me dijo que e

egro era palpable. Corrieron al baño para lavarse la boca

é a lo

que dejas por ahí," le dije en voz

en una máscara de od

e ella nunca

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Mi Suegra: El Veneno en Casa
Mi Suegra: El Veneno en Casa
“El olor a cera quemada y el llanto débil de mi hijo Leo me arrancaron de una pesadilla: mi suegra Soledad, con una veladora encendida, intentaba "curar" la ictericia de mi bebé peligrosamente cerca de su rostro. En mi vida pasada, esta misma superstición había asfixiado a Leo. Esta vez, no lo permitiría. Apagué la vela, el ardor en mi mano era nada comparado con el horror de ver morir a mi hijo de nuevo. Mi grito de "¡Vas a matar a mi hijo!" fue respondido con insultos y la llegada de mi esposo Máximo, quien, ciego de obediencia, me acusó de irrespetuosa. Ellos creyeron que, siendo huérfana, me sometería a sus locuras, y que mi dolor por la quemadura me haría ceder. Pero lo que no sabían es que no soy la Luciana sumisa de antes. Esta es mi segunda oportunidad, y esta vez, mi bebé y yo sobreviviríamos a su ignorancia a cualquier costo. Mi venganza estaba a punto de comenzar.”
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