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La Justicia Siempre Gana

Capítulo 3 

Palabras:540    |    Actualizado en: 27/06/2025

Una luz potente barrió el claro, y la aeronave, un modelo ejecutivo elegante y compac

jó y se acercó a mí. "Señorita Sofía, su abuelo est

pelo canoso peinado hacia atrás. Llevaba un abrigo caro que la lluvia apena

lla muestra de poder y riqueza. Mateo y Valeria parecí

bien". Luego miró al resto del grupo con una ex

ncé la siguiente

e que pude fingir. "El helicóptero es más pequeño de lo

to, señorita. Con el señor a bordo, so

demás de mí. Hacía falta d

nuevo, esta vez con un

"Yo cubriré los gastos para que os quedéis en el parador del pueblo y os llevaré ma

y Valeria, mi voz adquirie

agar un asiento extra para vosotros dos. Tendréis q

prueba definitiva. La

stante, vi la duda en los ojos de Mat

dedo, su voz chillon

ga el examen, no va a sacar nota para nada. ¡Y

ida, tan brutal, que de

go, a una furia ciega. El chico por el que había sacrificado su futuro, su "pura" e "

s dicho?",

ritó ella. "¡Siempre lo has sido!

la contra el barro. Empezaron a pelear como animales, revolcándose en el lodo, arran

calma glacial. Mi plan f

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La Justicia Siempre Gana
La Justicia Siempre Gana
“La víspera de la selectividad, mi novio Mateo me impidió tomar el último autobús por esperar a Valeria, su "pura" amiga de la infancia, que se había ido a buscar una flor. Cedí a su terquedad y a mi amor ciego, abandonando mi futuro por el de ellos. Al final, Valeria perdió el examen, su vida se desmoronó y murió en un accidente laboral. Mateo nunca me perdonó mi "éxito" y el día que fui a matricularme en la universidad, él me esperaba en la Giralda. Sus manos me empujaron al vacío, sellando mi destino con sus últimas palabras: "Esto es por Valeria". Morí creyendo en la bondad de otros, traicionada por aquellos a quienes más había querido. Pero entonces, desperté. Volví al mismo refugio, a la misma noche de lluvia torrencial, con el mismo dilema y el olor a pino mojado. Esta vez, el frío intenso no era solo por la tormenta, sino por el recuerdo vívido de la caída, del odio en los ojos de Mateo. ¿Cometería el mismo error por segunda vez? No. Respiré hondo, el plan claro en mi mente. La venganza es un plato que se sirve frío, y yo acababa de empezar a cocinarlo.”
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