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No Se Juega con el Agente Especial

Capítulo 3 

Palabras:574    |    Actualizado en: 25/06/2025

e a Santiago, saborean

eglas. Y tú, con tu trabajito de mierd

ntó interve

esto es una locur

, se burló Ricky, ignorando a Javier por completo. "¿Tienes

lo miró f

ntes que atender. Asun

velada pero presente. Pero

tiago y le susurró al

estás metiendo. La familia de Ricky... son dueños de media

pación de su amigo, pero l

magnate de la construcción, con la verdadera autoridad que él

ara sus

por mi trabajo, J

ntar una última vez apelar a la lógica

a. "Pero eso fue hace mucho tiempo. Ella está contigo. A mí n

eguridad de Ricky er

no te interesa? ¿Estás diciendo que mi prometida no es

ra responder, Ricky hizo un

téng

rraron por los brazos,

etros del de Santiago. El olor a al

s muy listo, ¿

RA

ntiago. No fue un golpe fuerte, más bien un

el impacto. Probó el sabor me

ma a tu jefe. A ver quién viene a salvar al p

del labio con el pulgar. Su m

ila. "La última vez que me golpeaste fue en

dejando que sus

tienen consecuencias reales. Consecuenci

ltó una

cias? ¡Mi padre es el Señor Garza! Yo soy la con

lentamente c

lo hay gente que no puedes ofender'

se b

persona que no puedes ofender

el pánico, tiró de

r de Dios, ¡solo h

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No Se Juega con el Agente Especial
No Se Juega con el Agente Especial
“Santiago Vargas odiaba las reuniones de exalumnos. Por insistencia de su amigo Javier, allí estaba, en un exclusivo club de campo de la Ciudad de México, su discreto Mastretta MXT, su "vehículo de servicio", desentonando entre Porsches y Mercedes. Apenas entró al salón, las miradas de juicio lo envolvieron. Ricardo "Ricky" Garza, el autoproclamado rey, lo abordó con desprecio: "¿Esa chatarra de ahí afuera es tuya, Vargas?" Y Valeria, su amor platónico de antaño, ahora una caricatura materialista, se burló: "¿Un burócrata de bajo nivel? ¿Cuánto te pagan?" La humillación no tardó en escalar. Ricky ofreció diez mil pesos por lamer sus zapatos, y Valeria, con una sonrisa cruel, sugirió que Santiago fuera su chófer. Cuando intentó irse, Ricky lo golpeó, su arrogancia inquebrantable. "¡Nadie se va de mi fiesta sin permiso!", gritó, y ordenó a sus amigos destrozar su coche. Una ira gélida y una resolución inquebrantable se apoderaron de Santiago. Mientras la multitud vitoreaba, él observaba con una calma peligrosa que los arrogantes no podían comprender, ignorantes de la verdad que yacía bajo el "coche barato". ¿Creían realmente que podían humillarlo así? Con una sonrisa casi imperceptible, Santiago susurró: "Hazlo, pues". Afuera, los palos de golf de titanio rebotaron inútilmente del Mastretta. En ese instante, y con los guardaespaldas sujetándolo, Santiago discretamente hizo una llamada telefónica, activando una secuencia de eventos que cambiarían la noche para siempre.”
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