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No Se Juega con el Agente Especial

Capítulo 1 

Palabras:716    |    Actualizado en: 25/06/2025

rgas odiaba las reu

umulado más dinero y estatus en la última década. Pero Javier

ti. Para recordar l

peración encubierta que le consumía los nervios, conducien

a de lugar en el estacionamiento. Estaba rodeado por un mar de Porsc

odificado y blindado a medida por el gobierno, era una fortaleza sobre ruedas disf

recisamen

ó todas las miradas sobre él. No eran

en acercarse. Siempre había sido un "mirrey" clásico, el hijo mimado de un mag

tenemos aquí", dijo Ricky

o de Santiago y luego se asomó por

s tuya, Vargas? ¿Qué es, un ki

, un círculo de aduladores, se unieron a

hombros, indiferente. "

ctamente?", intervino Vale

s parecía tener luz propia. Ahora, esa luz se había convertido en el frío brillo de la

ia se

taría inútil. ¿Bienestar o algo así? ¿Cuánto te pagan por mo

a punzada de asco. El ambiente era sofocan

ba. Simplemente lo rodearon como una manada

a, le daba palmadas en la espalda, elogiaba su reloj de oro y reía de su

ó paso entre la multitud

iniste", dijo Javier, e

aramente incómodo con la situación. Era el

caso, hombre.

e sonrió a

es, Javi. Esto

la ventana hac

tan mal. Se

ó con un atisb

o que parece

vier lo oyera, una pequeña pista de

, volviendo su a

ne por ti. Esperaba ponerme al

teniéndose en los rostros engre

nión. Es un desfile de egos y cu

intensificó. Necesitaba aire

me voy", le d

palmada en el hombro y se dirigi

y Valeria

eria se paró a su lado, con una sonrisa maliciosa. "La fiesta

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No Se Juega con el Agente Especial
No Se Juega con el Agente Especial
“Santiago Vargas odiaba las reuniones de exalumnos. Por insistencia de su amigo Javier, allí estaba, en un exclusivo club de campo de la Ciudad de México, su discreto Mastretta MXT, su "vehículo de servicio", desentonando entre Porsches y Mercedes. Apenas entró al salón, las miradas de juicio lo envolvieron. Ricardo "Ricky" Garza, el autoproclamado rey, lo abordó con desprecio: "¿Esa chatarra de ahí afuera es tuya, Vargas?" Y Valeria, su amor platónico de antaño, ahora una caricatura materialista, se burló: "¿Un burócrata de bajo nivel? ¿Cuánto te pagan?" La humillación no tardó en escalar. Ricky ofreció diez mil pesos por lamer sus zapatos, y Valeria, con una sonrisa cruel, sugirió que Santiago fuera su chófer. Cuando intentó irse, Ricky lo golpeó, su arrogancia inquebrantable. "¡Nadie se va de mi fiesta sin permiso!", gritó, y ordenó a sus amigos destrozar su coche. Una ira gélida y una resolución inquebrantable se apoderaron de Santiago. Mientras la multitud vitoreaba, él observaba con una calma peligrosa que los arrogantes no podían comprender, ignorantes de la verdad que yacía bajo el "coche barato". ¿Creían realmente que podían humillarlo así? Con una sonrisa casi imperceptible, Santiago susurró: "Hazlo, pues". Afuera, los palos de golf de titanio rebotaron inútilmente del Mastretta. En ese instante, y con los guardaespaldas sujetándolo, Santiago discretamente hizo una llamada telefónica, activando una secuencia de eventos que cambiarían la noche para siempre.”
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