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El Guardaespaldas que Salvó mi Alma

Capítulo 2 

Palabras:552    |    Actualizado en: 25/06/2025

rodeado de jardines perfectamente cuidados. Un

ra una jau

azos y lágrimas. Estaban preocupados, horrorizados por mi estad

ras me apartaba un mechón de pelo sucio de la cara con sus

aba a

al jardín. Me bañaron, me vistieron con ropa limpia y sua

ron una cena para "

rta con un mantel de lino blanco y llena

remos. Mateo a la derecha de su padre. Y

o de seda negro que resaltaba su figura. Me sonrió

orazón en un puño," dijo con voz melosa. "Pero

olo bajé la mir

con salsa de vino de Jerez, mi p

cocinada, la visión

fla

sácea, flotando en un caldo grasiento. El único a

se contrajo

ano y sentí cómo la bili

icular. "Tengo que...

atrás. Corrí fuera del comedor, hacia el baño m

temblando, tod

con una mezcla de

un destello de algo más en sus ojos, ¿culpa?,

ambio, sonre

zo de Mateo. "Tanto lujo debe ser abrumador después

an un veneno en

amando ingra

r es que

u tono gélido. "Le estamos dando demasi

uscando apoyo. Pero ellos solo

bella, cariño, ¿por qué no v

sentir, incap

de nuevo. "Siento hab

la risa suave de Carmen y la voz de Ma

ón, me acurruq

o a mi alrededor. Y esta vez, s

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El Guardaespaldas que Salvó mi Alma
El Guardaespaldas que Salvó mi Alma
“La furgoneta me dejó tirada en una nube de polvo, mi cuerpo temblaba, mi traje de flamenca hecho jirones. Ni el dolor de las piedras ni el calor sofocante podían apagar el vacío inmenso dentro de mí. Un Mercedes negro se detuvo y, para mi horror silencioso, Mateo, mi hermanastro, me recibió con desprecio, regañándome por mi "aspecto vergonzoso" que dañaba el "orgullo familiar". Mientras me arrastraban de vuelta a la mansión, una jaula dorada, recordé las risas de mis secuestradores: "Tu hermanito no tiene prisa por pagar... 400.000 euros es mucho por una bailaora adoptada". Días después, mi padre adoptivo me entregó una vieja guitarra, la única herencia de mis padres biológicos, valuada en 400.000 euros: la misma cantidad exacta del rescate. Mateo lo sabía; él me había dejado pudrirme. La humillación culminó cuando mi hermanastro intentó arrebatarme mi último refugio: mi estudio de baile. En ese momento, una furia gélida encendió una decisión inquebrantable en mi pecho. Ya no era una víctima; era hora de huir y que el mundo supiera la verdad.”
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