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El Sabor de Venganza como el Jerez Fino

Capítulo 1 

Palabras:488    |    Actualizado en: 24/06/2025

de la Frontera sin avisar, quería da

r mi arte como enóloga, años en los que las "Bodegas Solera

ca, estudiando para tomar las riendas del

patio principal, arrodillad

tida con harapos que no eran suyos. Su pe

razón hecho un nu

, ¿qué

ada estaba vacía, perdida. Ta

of

era un

os señores, Sofía. Los c

tes de que pudiera responder, una

la heredera

ominente bajo un vestido caro. En su cuello, brillando al sol, colgaba el me

a era pur

ere las tareas humildes al estudio. Hay que de

do. Su rostro, normalmente débil, ahora

os", dijo, sin mirarme a los ojo

que me vieron crecer, ya no estaban. En su lugar, había caras desconoci

or agudo, un

nta. Nos vam

nerse en pie, pero se

bo quedarme en mi sitio

. Así llama

o, un joven arrogante, al que recono

ada no quiere irse

un gesto c

Y tú, Lucía, sírvenos. Pero descalza. El suelo es

le quitó bruscamente las alpargatas

sta

uevos guardias me sujetaron por los brazos.

el con calma. "Busco algo que me per

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El Sabor de Venganza como el Jerez Fino
El Sabor de Venganza como el Jerez Fino
“Regresé a mi hogar en Jerez, a la finca familiar de las Bodegas Solera Real, para darle una sorpresa a mi hermana Lucía. Esperaba encontrarla plácidamente estudiando, preparándose para heredar nuestro negocio. Pero lo que hallé me heló la sangre. Lucía, mi dulce hermana, estaba en el patio principal, de rodillas sobre las piedras calientes, fregando el suelo con harapos y las manos en carne viva. Su mirada, vacía, tardó en reconocerme. "Los criados solo bebemos agua," susurró. Mi madrastra Isabel apareció, la sonrisa de un depredador, y mi padre, Ricardo, asintió cobardemente a sus crueldades. Me inmovilizaron, me quitaron el medallón de mi madre, mi herencia. Vi cómo Lucía, como un autómata, repetía que estaba "feliz" y se arrastró para beber agua sucia de un cuenco para perros. Era la humillación más cruel imaginable. La rabia y la desesperación me invadieron al ver a mi hermana reducida a eso. ¿Cómo pudieron aniquilarla de tal manera? ¿Dónde estaban nuestros aliados, los que una vez protegieron nuestro legado? Estaba sola, rodeada de caras hostiles, y mi propia familia me había traicionado. Fue entonces cuando la cargué en mis brazos y, a regañadientes, la arranqué de ese infierno, llevándola a un hospital. El médico confirmó mis peores temores: desnutrición severa, deshidratación, y un cuerpo cubierto de contusiones, cicatrices y quemaduras de cigarrillo. Con cada desgarradora palabra, una furia fría se encendió en mi interior. Sabía lo que tenía que hacer. Volvería por ellos, y juro por mi madre que lo pagarían con creces.”
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