Venganza de una Mera Sirvienta
silencioso. Empecé a empaquetar mis cosas en cajas, metódicamente
llegaba tarde, ni le preguntaba cómo le había ido el día.
í un trozo de tortilla de patatas que
ese momento, ya vest
, preguntó, s
ayun
la. Se la iba a llevar al estudio". Me miró con pur
lato, cogí mi bolso y salí de casa. E
n él. Máximo le estaba colocando con delicadeza una flor fresca en el moño, sus dedos roza
ces parpadearon y el ascenso
a soltó un gritito de pánico
No pasa nada", la consoló él, su
nvisible para él. Ni siquiera preguntó si estaba biear atrás. Fui directamente a mi despacho, imprimí mi carta d
e despedida. Estábamos en un pequeño restaurante, riendo y re
stás en casa? Se supone que
n mis compañeros.
qué hablas? No te vas a ninguna p
migos se fueron marchando uno a uno, hasta que
a, bien entrada la madruga
, dijo, sin mirarme. "Tenía f
sin sent
ontinuó. "La tuya es su fav
tobillo. Yo estuve a su lado día y noche. Él me había salvado, en cierto modo, de la ruina e
bien",
rado, supe que esa era la última vez. La última c
/0/15941/coverorgin.jpg?v=a500dfed9a0fd5bf90709357a75a841b&imageMogr2/format/webp)
/0/20878/coverorgin.jpg?v=7a0d5e12f67889c4c353ae0a4f0e4bfb&imageMogr2/format/webp)
/0/21149/coverorgin.jpg?v=bc5b094d580a6fb5c654b955cd5ebe69&imageMogr2/format/webp)
/0/19107/coverorgin.jpg?v=9bc8eba77866f19d549623ce6bc3d057&imageMogr2/format/webp)
/0/21524/coverorgin.jpg?v=daa07f4c6c65a2f35db8b874773f87e0&imageMogr2/format/webp)
/0/21155/coverorgin.jpg?v=88321958d5dd60cb669e9951e69de660&imageMogr2/format/webp)