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No eres inculpable

Capítulo 2 

Palabras:410    |    Actualizado en: 23/06/2025

en el Mercedes de Mateo

un perfume que

loto. Estaba movido. Reclinado

colgaba un ambientador

ritorial. Vul

irma de

uñas se clavaron en la

neno frío que me r

ar, de desatar el infi

ento, el teléfon

luminó con el no

stó al i

? Tranquila

era un arma, para

o, solo se o

a una máscara de preocupaci

e ir. Está

ateo? Son las do

á sola, asustada. Lo de

risa seca,

mi generosidad o que la ex

runció

. No entendés la fragilidad de una chica de pu

ue la

el último hilo

eredera Valmonte, a la mujer de

isela en apuros que le

del auto,

Qué

onsolar a tu empleada fr

do, luego su ros

Como q

a y se bajó si

ia, su silueta desapareciendo en la

la nada, con un ambientado

llo

éfono y marq

abogada más temida de Buenos

ale

extrañamen

apeles del divo

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No eres inculpable
No eres inculpable
“Mi esposo, Mateo, el magnate de bienes raíces que conquistó Buenos Aires, me prometió el collar de diamantes vintage que tanto deseaba en una subasta de caridad. Pero en la gala anual de su fundación, vi esa misma joya, que él decía "perfecta" para mí, brillando ostentosamente en el cuello de una joven arquitecta de su empresa, Isabela Fuentes. Lo que siguió fue una serie de humillaciones: me abandonó en la noche para consolar a Isabela, me tildó de "dura" y, al exponer su traición familiarmente, Isabela lo acusó de abuso con falsas lágrimas, convirtiéndolo en víctima y a mí en la villana sin corazón. Aunque una investigación posterior probó que Mateo fue víctima de una conspiración y no me engañó físicamente, ¿cómo perdonar su ceguera, su deslealtad, los incontables momentos en que eligió desconfiar de mí y validar el engaño, destrozando la esencia misma de nuestra unión? Con una calma forjada en el dolor, le entregué los papeles de divorcio, aceptando que la "verdad" no podía reconstruir la confianza que él mismo había demolido, sellando el fin de un amor que se había vuelto tan irreconocible como el vino convertido en vinagre.”
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