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Todo Para Isabela

Capítulo 4 

Palabras:383    |    Actualizado en: 23/06/2025

la voz temblando de rabia y

zo, pero él me apa

fía. Me estás

. Nadie me creía. Mi padre había enven

ces r

a la bodega, mi madre se había arrancado alg

n, enséñale es

el escudo de la familia. No era una joya cualquiera. Era una reliquia. Una tra

elante de la

e, mi voz ahora firme y frí

stro perdió algo de color. Conocía la tr

s ojos, una duda alimenta

a boca. "Ella es la hija de Elena, ¿verdad? La mu

de Mateo

as estu

placable. "Haré un trato contigo, tío. Si vienes conmigo ahora, te juro que le cederé mi plaza en la Real E

l Escuela era mi sueño, mi vida entera. Renunc

valía más que

, escuchó mi sacrificio. La balanza en

para que nos acompañe. Pero te juro, Sofía, que si esto es una

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“Me desperté junto al pajar, con el olor a estiércol y a tierra mojada golpeándome la nariz. El sol de la tarde andaluza caía a plomo, pero a mí me calaba un frío que venía de la tumba. Porque yo recordaba. Recordaba la tierra fría llenando mi boca, la oscuridad, y la voz de mi padre, Ricardo, diciendo que era por el bien de Isabela. Recordaba el fuego, el grito de mi hermano Javier, el cuerpo roto de mi madre Carmen. ¡Había regresado! Intenté advertirles: "¡Mamá! ¡Javier! ¡Vienen a matarnos!". Pero mis súplicas fueron recibidas con risas y miradas incrédulas. Mi madre me secó las lágrimas mientras mi padre, por teléfono, susurró una amenaza helada: "Dile a esa hija tuya que esta vez nadie encontrará su tumba". Él también recordaba. Minutos después, los asaltantes irrumpieron. Me creyeron, sí, pero ya era demasiado tarde. La desesperación me ahogaba. ¡Eran los mismos rostros, las mismas palabras incrédulas de mi primera vida! ¿Cómo era posible que nadie me creyera? ¿Que mi propio padre hubiera envenenado el pozo antes de mi llegada? ¿Por qué esta cruel condena? Pero esta vez, no estaba indefensa. Un empujón desesperado de mi madre hacia la bodega me dio el primer as bajo la manga: la medalla de oro de la abuela. Luego, entre los escombros, lo vi: un dedo humano seccionado. En él, el anillo de mi hermano Javier. Esa prueba macabra, irrefutable, finalmente abriría los ojos de mi tío Mateo. Y mi otro as... las cámaras de seguridad ocultas que instalé en cuanto renací, listas para exponer la verdad de mi malvada hermanastra. Esta vez, la historia sería diferente.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10