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Todo Para Isabela

Capítulo 3 

Palabras:383    |    Actualizado en: 23/06/2025

madre, empujándonos a Jav

as y barras de hierro, entraron en el s

á la pasta, señora ric

temblaban pero sus ojos eran fieros. Abrió

sale al arroyo. Corre al pueblo y busca

a dejaro

Su voz era un látigo. "

ro decidida. Agarró un pesado rodillo de amasar de la encim

en la frente y me em

lo último qu

o secreto olía a vino rancio y a miedo. Corrí a tro

ía, imaginando lo que

a casi un kilómetro de la casa. El sol me cegó. Corrí sin

, sin aliento, con el vestido desgarrado. La m

Mi tío Mateo estaba allí, riendo con otr

s pies. "El cortijo... ¡han entrado a

svaneció y fue reemplazada p

os. ¿Qué espec

nó en ese mome

bieta? ¿Que quiere llamar la atención porq

miró con fr

tus histerias. Vuelve a casa,

elta, dándom

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“Me desperté junto al pajar, con el olor a estiércol y a tierra mojada golpeándome la nariz. El sol de la tarde andaluza caía a plomo, pero a mí me calaba un frío que venía de la tumba. Porque yo recordaba. Recordaba la tierra fría llenando mi boca, la oscuridad, y la voz de mi padre, Ricardo, diciendo que era por el bien de Isabela. Recordaba el fuego, el grito de mi hermano Javier, el cuerpo roto de mi madre Carmen. ¡Había regresado! Intenté advertirles: "¡Mamá! ¡Javier! ¡Vienen a matarnos!". Pero mis súplicas fueron recibidas con risas y miradas incrédulas. Mi madre me secó las lágrimas mientras mi padre, por teléfono, susurró una amenaza helada: "Dile a esa hija tuya que esta vez nadie encontrará su tumba". Él también recordaba. Minutos después, los asaltantes irrumpieron. Me creyeron, sí, pero ya era demasiado tarde. La desesperación me ahogaba. ¡Eran los mismos rostros, las mismas palabras incrédulas de mi primera vida! ¿Cómo era posible que nadie me creyera? ¿Que mi propio padre hubiera envenenado el pozo antes de mi llegada? ¿Por qué esta cruel condena? Pero esta vez, no estaba indefensa. Un empujón desesperado de mi madre hacia la bodega me dio el primer as bajo la manga: la medalla de oro de la abuela. Luego, entre los escombros, lo vi: un dedo humano seccionado. En él, el anillo de mi hermano Javier. Esa prueba macabra, irrefutable, finalmente abriría los ojos de mi tío Mateo. Y mi otro as... las cámaras de seguridad ocultas que instalé en cuanto renací, listas para exponer la verdad de mi malvada hermanastra. Esta vez, la historia sería diferente.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10