/0/17105/coverbig.jpg?v=e0c0282ffebf28e6287b183ecf76d4d4&imageMogr2/format/webp)
l agave cocido y la silenciosa tensión de mi embarazo. Yo, Sofía Ramírez, experta bioquímica, había r
ción de su prima, Isabella. Un grito ahogado, un estruendo de cristal, y luego un dolo
a apoderarse de mi fórmula, tramaron una histerectomía encubierta, dejándome estéril para siempre. Luego acusada de fraude, descubrí la verda
convertirse en su herramienta de tortura y humillación? El dolor era insoportabl
una resolución fría como el acero. Sofía Ramírez, la inocente, había muerto. Y de sus
/0/20852/coverorgin.jpg?v=124e14e56212fdd4e09bd7430fc33f8e&imageMogr2/format/webp)
/0/21223/coverorgin.jpg?v=809c6faf6dad9ee5dc9e6a5cdba923bd&imageMogr2/format/webp)
/0/22176/coverorgin.jpg?v=17104e3c9cb1251c59097028cdaee20c&imageMogr2/format/webp)
/0/13905/coverorgin.jpg?v=7a550ee31997a30b03aeb328c4b173a4&imageMogr2/format/webp)
/0/20999/coverorgin.jpg?v=5e26b77f9e1505408efaa48dfcf180cc&imageMogr2/format/webp)
/0/19944/coverorgin.jpg?v=b7d2c2ca62fa128fa0123ccc84169d09&imageMogr2/format/webp)
/0/17105/coverbig.jpg?v=e0c0282ffebf28e6287b183ecf76d4d4&imageMogr2/format/webp)