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Marriage for Debt only

From Wolfless Omega To The Rival Alpha's Queen

From Wolfless Omega To The Rival Alpha's Queen

Jun Shangye
For three years, I poured my blood, sweat, and tears into building Blackwood Group for Alec, my Alpha and the man I thought was my mate. But on the day of our work anniversary, I stood outside his office door and heard him talking with his Beta, shattering my entire world. "Kay is just a wolfless Omega, useful for paperwork," Alec sneered coldly. "The bonding ceremony is just a show for the elders. The real Luna, the one who carries the bloodline that matters, is Breanne. I'm transferring all of Kay's core project files to Breanne tomorrow. Let her take the credit." He even texted me later, telling me to wear a blue dress to the upcoming gala because it made me look "obedient." I had turned down a Wharton scholarship for this man. I had spent countless nights fixing his mistakes, building his empire, and giving him my youth. Yet to him, I was nothing but a disposable placeholder, expected to smile and bow while another woman stole my life's work and my place by his side. The agonizing pain in my chest didn't break me; it forged me into ice. I didn't cry, and I certainly didn't beg. Instead, I wiped his servers clean of every strategy I had ever created, left a wax-sealed resignation on his desk, and accepted a job offer from his most ruthless rival.
Werewolf DramaRomanceBillionaireRevengeDivorce
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Nathan Karsson, antes de volver a su recinto, contempló con una expresión de burla su reflejo en la ventana de vidrio. Si su padre creía que eso sería todo, estaba muy equivocado; su venganza apenas daba inicio.

El joven Karsson sacó un teléfono de su portafolio y empezó a mandarle mensajes anónimos a su medio hermano, mediante esos textos, le contaba una elaborada historia de amor, traición e infidelidad protagonizada por Ariadna Acosta.

Sus carcajadas resonaron en la habitación. El reloj marcó la siguiente hora y, por placentera que pareciera ser la venganza; ese círculo te devuelve al inicio, a esa sensación de vacío y dolor. En ese tiempo el alcohol resultó su mejor aliado; al ingerirlo, sus absurdas emociones se entumecían. Tras su segunda copa de vino, logró relajarse y con su espalda reclinada en su silla de piel sintética de color negro, la imagen de Ariadna irrumpió en su cabeza. Sus labios carnosos le resultaron apetecibles. La duda de ver qué había debajo de aquel vestido blanco, sin mancha, impecable y perfecto, le resultó tentadora. Tras probar la tercera copa, sus mejillas adquirieron un leve sonrojo. Sus pensamientos lascivos podían volverse palpables; la mujer que los inspiraba estaba a unos cuantos metros.

...

En un intento fallido de ser sigiloso, Nathan tiró un jarrón que adornaba el pasillo. Sin darle mayor importancia, siguió su camino hasta irrumpir en la habitación de Ariadna.

Observó de pies a cabeza a su esposa recostada en la cama. Se acercó de a poco a ella, semejante a un cazador que tienta a su presa. Y al llegar a su lado, depositó con suavidad su mano en su cintura. Ariadna brincó ante el tacto.

-¿Qué haces? -le dijo aterrada.

-Nada. ¿Qué hay de malo en que te sujete la cintura? Eres mi mujer.

Ella agitó la cabeza.

-Yo no soy tu mujer. Deja de decir locuras.

-Eres mi esposa, no está mal llevarnos bien. -Recorrió con su mano la estrecha curva del torso femenino.

-Oye, ¿qué te pasa?, ¿estás borracho, verdad? -Ella saltó de su lugar y se alejó varios pasos de él.

-Estamos aburridos. Podemos distraernos un rato. -Acortó la distancia entre ellos, estiró su mano y agarró la mejilla de Ariadna con ímpetu y la besó con ferocidad.

Ariadna no tuvo una reacción inmediata, el pánico no la dejó actuar. Experimentó cientos de besos en el pasado, pero nadie le había devorado la boca así, con tanta hambre, sus lenguas obscenas danzaban. A través de sus fosas nasales percibió el aroma a sándalo; cálido, cremoso y amaderado que desprendía aquel hombre.

Se separaron un poco por la falta de aire, el tiempo suficiente para que los pensamientos coherentes volvieran a ella.

Nathan se volvió a acercar y Ariadna, con mano firme le dio una bofetada.

Él sujetó su mejilla enrojecida, y le dedicó una mirada que destilaba odio. El coraje hizo que el alcohol abandonara su cuerpo.

-Estúpida. Te iba a dar el honor de pasar la noche con un verdadero hombre. -Sonrió de lado sin dejar de masajear su cachete-. Por lo visto eres tan simple y corriente como él. No tienes ni un gramo de clase, mujer barata. -Se giró sobre sus talones y salió de esa habitación.

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Romance
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