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Capítulo

«Volvemos al punto de partida» «Intentémoslo una última vez» «No puedo perderte, Cinco» Cuatro y Cinco responden al código «11498» y «551102», viven en Utopía, o al menos, lo hicieron una vez, ahora son considerados una amenaza dentro de los confines de la ciudad, son «waywards» y serlo es sinónimo de peligro, pero ellos no lo ven así. Conocen la verdad, saben que lo único que los hace diferentes los ha condenado de por vida, tanto en Utopía como fuera de la ciudad están muertos, así que deberán encontrar la manera de enfrentarse al paradigma que presenta el querer ser libres y dueños de su destino… aunque eso signifique perderse el uno al otro… ¿o no?

Capítulo 1 Prefacio

–Tenemos solo unas pocas horas, así que presta atención, hemos reparado esta vieja cámara, nos ha llevado horas y… –Cinco hizo amago con su mano para lanzar una pequeña roca que al impactar contra mí se hizo más grande –¡Ah! ¿Por qué me pegas?

–¿Hemos? –dijo haciendo énfasis en la palabra.

–Bien, Cinco, Cinco ha reparado esta vieja cámara, le ha llevado horas.

Vi como Cinco sonreía, un gesto que no se permitía siempre, algún día le diría que me gustaba su sonrisa, algún día cuando no estuviéramos cerca de la muerte, pero algún día aquí siempre es sinónimo de muerte, al menos lo es para Cinco y para mí.

–Bueno, continúa con tu mensaje de ayuda, Cuatro. No creo mantenerla encendida por mucho tiempo.

–Di acción para que continuemos con la toma.

–No diré acción, no hemos dejado de grabar –empezó a formar otra sonrisa cuando su rastreador empezó a emitir señal, se había distraído, o, mejor dicho, yo la había distraído. Venían por nosotros, ver terror en los ojos de mi compañera era menos frecuente que una sonrisa, si Cinco tenía miedo significaba que estábamos jodidos –Termina ya, tenemos menos de 5 minutos para salir de aquí o nos volverán a capturar.

–Por favor, no te asustes, –empecé a hablar atropelladamente, no sabía cómo las palabras salían de mi boca, movía los ojos frenéticamente en busca de un salvoconducto que les hiciera a ellos más fácil la entrada que a nosotros la salida, pero Cinco ya estaba sellando todo con las manos –cuando encuentres este mensaje y este diario, empezarás a correr peligro y posiblemente serás perseguido por el ejército de Magnus hasta que les digas donde encontraste esto y si no lo haces, serás torturado hasta…

–No creo que eso motive a nuestro elegido a salvarnos –escuche decir a Cinco fastidiada mientras derretía el último cerrojo de la habitación; este plan no le gustaba nada porque era tan probable que termináramos de nuevo capturados como lo era lograrlo, pero yo no le daría el lujo de tener razón siempre, así que seguí hablando intentando ocultar el miedo que se empezaba a formar en mi interior.

–La cosa es esta, “elegido" estas siendo observado y nosotros ahora estamos siendo observados, tenemos tres minutos antes de que llegue el ejército y nos lleven, por cuarta vez en el mes, pero tranquilo, si nos ayudas te ayudaremos, esta es tu misión, si eres la persona correcta sabrás que hacer y donde exactamente queda el laboratorio al que necesitamos que vayas, una vez ahí por favor desactiva nuestros rastreadores, sigue las instrucciones de este diario y nosotros los podremos extraer, sabes que somos el experimento secreto de Magnus, conoces nuestros códigos de memoria ¿cierto?, pero te los queremos recordar, Cinco mejor conocida como 51102. Por favor desactiva el de ella primero porque si ella no sale yo n…

–No te hagas el héroe ahora, necesitamos ambos ser desactivados, el código de Cuatro es 11498, de aquí me haré cargo yo. Tú vigila las entradas y crea un tornado lejos de nosotros, cuando veas las tropas cerca lánzalo–. No sé en qué momento Cinco decidió que sería la líder de este equipo, pero me gustaba que lo fuera, ella hacía que todo funcionara y pudiéramos salir, así que la dejé dando el mensaje a nuestro elegido y corrí hacia la ventana.

Tuve que patearla para hacer añicos el cristal, Cinco había derretido todo el marco, pasar estos detalles no era típico de Cinco, tenía miedo y no había tiempo.

Una vez rota le ventana empecé a formar el tornado a veinticuatro metros de la cabaña y en dirección al sur, sabía que el ejército vendría del oeste, pero quería utilizar el factor sorpresa, escuche a Cinco hablar del lugar donde todos seríamos libres, hasta nuestro elegido, dándole instrucciones precisas de como apagar el comunicador y quejándose de la utopía de Magnus.

Utopía basada en la inmortalidad y el poder, solo para Magnus, claro. Era un asco, utilizó el poder de jóvenes como nosotros para volverse a sí mismo poderoso e inmortal, hasta que los extinguió y reclutó como sus títeres en su academia.

Escuche como Cinco contaba la historia de hace años, cuando personas normales eran la sociedad del futuro y como Magnus y sus seguidores nos hicieron a nosotros, los waywards, los amos del mundo. No estaba mal, al principio, un mundo donde tus poderes no tenías que ocultar, jamás pensé en los humanos y estoy seguro que Cinco tampoco lo hizo, lo que empezó a estar mal fue el cómo Magnus los devoró a todos, sí, devoró, tragó, mastico, comió, usa el término que quieras para no usar canibalismo.

Los pocos humanos que sobrevivieron hicieron uso de su tecnología moderna para librarse de él y sus hombres. Ahora viven escondidos, libres y son más poderosos o eso es lo que dicen, pero ya nadie cree en eso, nadie salvo nosotros, estamos decididos a llegar a ese lugar y ser libres al fin, ¿libres de qué?, esta es la parte favorita de Cinco, sin mirarla sé que sus ojos están llameando, llenos de euforia.

Cuando gobernaban al fin los nuestros, los celos y las guerras internas empezaron a surgir, cada clan wayward quería tener el control del mundo, todo era un completo caos, la lucha duró años, murieron miles de los nuestros, pero Magnus llegó con una “salvación” para nuestra raza, siendo realista de no ser por el nadie habría sobrevivido, pero sobrevivir es aprender a vivir con elecciones injustas, sobrevivir a cambio de dejar nuestros poderes atrás, a partir de esa guerra nadie volvió a tener un Ward, jamás.

Nadie, salvo Magnus.

Quien los poseía todos, al parecer.

La guerra terminó, pero también lo hizo nuestra raza, el como la conocíamos, acabo. El único con poderes y el único eterno sería nuestro “salvador” o lo sería hasta que Cinco y yo aparecimos o despertamos, le gusta contar esta parte a ella, le gusta decir que me salvo la vida y a mí me gusta decir que yo le importo tanto para poner su vida en riesgo por mí, un trato bastante justo.

–Si eres la persona correcta sabrás que todo lo que te acabamos de contar es cierto y que tienes los minutos contados, así como nosotros los tenemos contados y…

–No, ya no, están aquí, corta eso y ven acá. Están llegando, está vez fueron inteligentes, rodearon la cabaña.

Vi como los soldados de Magnus se acercaban cada vez más en camionetas blancas, bastante grandes para un ejército y lo suficientemente blindadas para no ser destruidas por nuestros poderes.

Escuche como Cinco suspiraba resignada antes de agregar –Debes saber algo, no te escogimos por casualidad… las casualidades no existen, sabemos que tienes algo que, como nosotros, su destino es la muerte. Nos ayudas y te ayudamos. Un final muy turbio para todos, ¿no? –Estaba hecho. Había soltado el factor sorpresa como una amenaza, era nuestra última plegaria por vivir un día más.

Cinco se acercó a la ventana, su mirada buscaba frenéticamente una salida, no la había… nunca nos dejaban más remedio que pelear, sonrió consternada.

–Pensé que tendríamos más tiempo –empezó a decir Cinco, cerrando la cámara –, será mejor que hagamos explotar este lugar para que puedas arrojar este mensaje a nuestro elegido.

Empecé a traer el tornado a la cabaña y Cinco se aferró al suelo como si nuestras vidas dependieran de ello, lo hacían, en realidad. Jale el tornado con tanta fuerza que si Cinco reaccionaba un segundo más tarde pudimos salir disparados hacia el ojo del tornado y una vez ahí, no puedo controlar su fuerza; hizo un movimiento demasiado brusco con las piernas, como si se tratara de un monopatín aferrado a los pies del conductor, salimos disparados en el aire, dejando un cráter dentro de la cabaña, el rugido del viento no nos dejaba escuchar nada, pero sabíamos que ya habían abierto fuego contra la cabaña y que el tornado era la distracción perfecta.

A quinientos metros sobre el tornado y la cabeza de todos esos soldados Cinco me entregó la cinta y el diario, tenía en sus ojos esperanza, algo que no podíamos permitirnos después de huir siempre, obligue al tornado a disiparse creando una explosión que lanzaría a todo el ejército de espaldas y si teníamos suerte a algunos vehículos sobre ellos. Le sonreí y lancé la cinta atada al diario a nuestro hombre.

Un lanzamiento impecable que seguro llegaría.

–Ojalá tengas razón y este ahí ahora, de lo contrario nos acabas de condenar.

–Tranquila, seguro que ya le habrá llegado y posiblemente le rompí la taza de café en el arribo.

–Entonces, ¿cuál es marcador? ¿124 a 78? A mi favor, claro.

–Hoy te hago trizas.

–Como digas –Cinco hizo un ademán con la mano y sus ojos le empezaron a llamear, señal idílica de que estaba preparada para atacar. Con un impecable salto fue hacia atrás deslizándose de la roca que seguía cayendo, pude observar como creaba ráfagas con sus manos dirigidas a los soldados y como la tierra por la que pasaba se abría y se tragaba a varios soldados, una vez dentro se volvía a cerrar, dejándolos enterrados hasta el fin de sus días... o minutos.

Esperé a que la roca se estrellara con lo que quedaba de la cabaña para saltar en el último segundo y lanzarme contra un grupo de soldados que recuperaba el conocimiento apenas, como pensé, varios carros arremetieron contra sus hombres.

Me impulse con las manos para simular un vuelo y justo cuando estaba sobre la cabeza de los soldados, ¡splash!, una ola de agua los derribó por segunda vez en menos de diez segundos, caí unos pocos metros cerca de ellos para comprobar que había matado a 6 de un solo golpe, esto sería más fácil de lo que había imaginado, si nuestro elegido se negaba a ayudarnos tenía la esperanza de que Cinco y yo podríamos salir de esta y averiguar cómo apagar nuestros rastreadores.

Tres soldados corrían hacia mi disparando, no tuve más remedio que tronar mis nudillos para provocar una ráfaga de aire que levantara a sus compañeros muertos para que ellos recibieran los balazos y en un ademán más de mis nudillos fueran directamente a sus compañeros derribándolos, eso los mantendría ocupados.

Cinco se encontraba del otro lado golpeando a un soldado en la cara con otros cuantos a su alrededor inconscientes, aunque probablemente no sólo estuvieran inconscientes.

Era buena peleando, la mejor de la academia, sin duda, la había visto innumerables veces dejar inconsciente a todo aquel que se enfrentara a ella en combate y la había visto fuera de la academia haciendo uso de sus poderes para derrotar a todo aquel que representara un riesgo para nosotros; el soldado cayó al suelo tras el golpe.

Después de unos cuantos minutos no había ni un solo soldado con vida, habíamos terminado con todos, Cinco había hecho desaparecer a más de la mitad con el truco de la tierra y dejando un incendio del tamaño de un pequeño pueblo a su paso, que termine extinguiendo yo… no me pareció un movimiento muy justo para el marcador, pero si me pareció un movimiento demasiado útil para seguir con vida.

–No me mires así, Cuatro, cuando puedas crear tú esto, o usar como debes tu Ward el marcador estará parejo–. Había dicho con una mirada de autosuficiencia e incinerando a dos soldados al hacer chasquear los dedos, sus poderes y el manejo que tenía sobre ellos era increíble.

–Tal vez sea mejor ir al norte, vendrán más, pidieron refuerzos luego de que los hundieras–. Empecé a decir examinando uno de los comunicadores de los soldados, había escrito “Amenaza. Control definitivo de su don" que raro usar la palabra amenaza y don en la misma oración.

–Necesitamos movernos rápido, no podemos ir a pie –indicó Cinco caminando hacia una de las camionetas–, tal vez tengan indicador de ubicación, pero podemos hacer que más de una vaya en direcciones diferentes.

–¿Quieres que nos separemos?

–No, idiota. Pon a levitar a esos dos tipos en esta y a esos en la otra, nosotros iremos en está–. Indicó señalando la que en mejor estado se veía, aparentemente.

Troné mis nudillos para hacer levitar los cuerpos de cada soldado que ella me indicó. Coloque a dos en una camioneta que tenía los cristales rotos y arena por todos lados, estaba intentando encenderla cuando lo vi, primero pensé que era el sol brillando en el tablero de esta que con la arena podría crear reflejos, no estuve seguro hasta que volvió a parpadear y otra vez, ya no tenía dudas.

–¡Cinco! Aléjate de las camionetas, rápido ¡corre! –Ella me miró confundida, no se había percatado, otra vez más parpadeo.

–¡Bomba! –grite, pero ella ya no podía oírme una detonación hizo saltar a una camioneta a tres metros de ella para cuando comprendió era tarde.

Lance una ráfaga de viento, anhelando que se la llevara lejos de la detonación, no sabía si funcionaria, la explosión me alcanzo a mí un segundo después.

Cuando saltas por los aires a causa de una bomba que activa otras seis, tienes que morir, estábamos muertos. Dicen que cuando mures puedes ver tu vida una vez más en unos segundos, el recuento de todo lo importante y todo el ruido que hay a tu alrededor se apaga, no es cierto.

Lo único que podía ver era oscuridad y yo quería ver a Cinco.

Oscuridad, así termina todo.

No en unos ojos azueles… solo la nada.

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