Juego Suspendido,Contrato Cancelado

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Oliver Quinn

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Capítulo

Durante cinco años, fui la "educadora" de Alejandro Vargas, el magnate tecnológico. Me encantaba que se arrodillara a mis pies, un secreto perverso que nadie entendía. Pero en la gala benéfica anual, todo cambió. Él, el hombre al que creía tener perfectamente entrenado, me humilló públicamente, usando el collar de esmeraldas de mi abuela -el último lazo tangible con mi familia- para pedirle matrimonio a su joven y ambiciosa asistente, Camila Rojas. La traición me aplastó. No solo me descartó, sino que lo hizo usando el símbolo más sagrado de mi pasado para coronar a mi reemplazo. Luego, con una frialdad que helaba la sangre, me ofreció ser su amante, su "perra faldera a tiempo parcial". La humillación en la gala fue la gota que derramó el vaso. Ver el collar de mi abuela en el cuello de Camila fue una profanación. Me había convertido en un simple objeto, en un juguete aburrido reemplazado por un modelo más nuevo. Me llevó apenas unas horas descubrir la verdadera magnitud del cinismo de Alejandro. Él había orquestado todo, incluso grabándome para chantajearme y obligarme a regresar a esta cruel simulación. ¿Y ahora qué? ¿Ceder ante la humillación o luchar por lo poco que me quedaba? La respuesta era clara: "No, Alejandro. Se acabó el juego. Se acabó el adiestramiento. Voy a recuperar mi nombre, mi carrera, mi vida."

Introducción

Durante cinco años, fui la "educadora" de Alejandro Vargas, el magnate tecnológico. Me encantaba que se arrodillara a mis pies, un secreto perverso que nadie entendía.

Pero en la gala benéfica anual, todo cambió. Él, el hombre al que creía tener perfectamente entrenado, me humilló públicamente, usando el collar de esmeraldas de mi abuela -el último lazo tangible con mi familia- para pedirle matrimonio a su joven y ambiciosa asistente, Camila Rojas.

La traición me aplastó. No solo me descartó, sino que lo hizo usando el símbolo más sagrado de mi pasado para coronar a mi reemplazo. Luego, con una frialdad que helaba la sangre, me ofreció ser su amante, su "perra faldera a tiempo parcial".

La humillación en la gala fue la gota que derramó el vaso. Ver el collar de mi abuela en el cuello de Camila fue una profanación. Me había convertido en un simple objeto, en un juguete aburrido reemplazado por un modelo más nuevo.

Me llevó apenas unas horas descubrir la verdadera magnitud del cinismo de Alejandro. Él había orquestado todo, incluso grabándome para chantajearme y obligarme a regresar a esta cruel simulación.

¿Y ahora qué? ¿Ceder ante la humillación o luchar por lo poco que me quedaba? La respuesta era clara: "No, Alejandro. Se acabó el juego. Se acabó el adiestramiento. Voy a recuperar mi nombre, mi carrera, mi vida."

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El rancio olor a humedad de la bodega me asfixiaba, un recordatorio cruel. Mi prima, Isabella, me sonreía con desprecio, el vestido de novia áspero pegado a mi piel sudada. "Sofía, ¿de verdad pensaste que podías escapar? ¿Que podías arruinar mi boda?" Su voz helada resonó, y entonces, lo recordé todo. Diez años de exilio en el rancho de la abuela, solo para volver a la Ciudad de México y descubrir que mi vida había sido robada. Isabella, la hija de mi tía, se había convertido en la hija amada de MIS padres. Incluso mi prometido, Javier, el heredero del imperio tequilero, era ahora de ella. El compromiso, la vida que me pertenecía, todo le fue entregado. Intenté huir de la bodega donde me encerraron el día de su boda, correr a la iglesia, detener la farsa. Pero mi madre, Elena, me enfrentó, sus ojos llenos de una frialdad desconocida. "Isabella es mi hija. Tú no eres nadie." Cada palabra fue un golpe. Mi padre, Ricardo, se acercó, ofreciéndome tequila con un aroma químico, un veneno. "Bebe esto, Sofía. Termina con esta vergüenza." Cuando me negué, mi madre gritó con desesperación: "¡Mátenla! ¡Mátenla aquí mismo!" Los guardias me forzaron a beberlo. Sentí el líquido amargo quemar mi garganta. Morí. Pero no fue el final. En la oscuridad, una extraña verdad se reveló: el veneno era un engaño. Era el plan de mi padre y del presidente Alejandro, un retorcido juego político. Mi "muerte" era el primer paso para convertirme en la Primera Dama. Y ahora, estoy de vuelta. De vuelta en esta bodega. De vuelta en el día de la boda. El vestido áspero, el olor a humedad, la voz cruel de Isabella. Esta vez, el guion será diferente.

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