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Mateo Vargas, un arquitecto que había abandonado la firma familiar por amor, sentía su vida perfecta junto a Sofía, carismática CEO de una startup. Su matrimonio de cinco años, su mayor orgullo, estaba a punto de sellar su felicidad comprando un ático soñado en Madrid. Todo se derrumbó cuando un simple trámite en el Registro Civil reveló una verdad demoledora: Mateo figuraba como soltero, y Sofía, su supuesta esposa, estaba casada legalmente... ¡con Javier Ríos, un colega suyo presente en su propia 'boda'! Cinco años de su vida y sacrificios se convirtieron en una farsa cruel. La humillación fue insoportable al oír a Sofía confesar que lo usaba, llamándolo un 'tonto enamorado'. Javier incluso se mudó a casa, y Mateo descubrió que tenían una hija propia. El colmo: conociendo su alergia, Sofía y Javier intentaron envenenarlo con paella de marisco, observándolo asfixiarse sin ayuda. Mientras luchaba por respirar, la cruda realidad lo golpeó: la mujer por la que lo había dado todo no solo lo utilizó, sino que estaba dispuesta a dejarlo morir. ¿Cómo pudo haber sido tan ciego? ¿Cuánto tiempo vivió en esta abominable mentira? Pero desde su lecho de hospital, la desesperación transmutó en determinación gélida. Mateo Vargas ya no era el 'tonto enamorado'. Resurgió con un plan de venganza pública meticulosamente orquestado. Le daría a Sofía la fiesta del año, el palco perfecto para desenmascarar cada una de sus repugnantes mentiras ante la élite de Madrid. Sería su caída definitiva.

Introducción

Mateo Vargas, un arquitecto que había abandonado la firma familiar por amor, sentía su vida perfecta junto a Sofía, carismática CEO de una startup.

Su matrimonio de cinco años, su mayor orgullo, estaba a punto de sellar su felicidad comprando un ático soñado en Madrid.

Todo se derrumbó cuando un simple trámite en el Registro Civil reveló una verdad demoledora: Mateo figuraba como soltero, y Sofía, su supuesta esposa, estaba casada legalmente... ¡con Javier Ríos, un colega suyo presente en su propia 'boda'!

Cinco años de su vida y sacrificios se convirtieron en una farsa cruel.

La humillación fue insoportable al oír a Sofía confesar que lo usaba, llamándolo un 'tonto enamorado'.

Javier incluso se mudó a casa, y Mateo descubrió que tenían una hija propia.

El colmo: conociendo su alergia, Sofía y Javier intentaron envenenarlo con paella de marisco, observándolo asfixiarse sin ayuda.

Mientras luchaba por respirar, la cruda realidad lo golpeó: la mujer por la que lo había dado todo no solo lo utilizó, sino que estaba dispuesta a dejarlo morir.

¿Cómo pudo haber sido tan ciego?

¿Cuánto tiempo vivió en esta abominable mentira?

Pero desde su lecho de hospital, la desesperación transmutó en determinación gélida.

Mateo Vargas ya no era el 'tonto enamorado'.

Resurgió con un plan de venganza pública meticulosamente orquestado.

Le daría a Sofía la fiesta del año, el palco perfecto para desenmascarar cada una de sus repugnantes mentiras ante la élite de Madrid.

Sería su caída definitiva.

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Mi conciencia regresó de golpe, despertando al familiar aroma a pino y tierra húmeda. Frente a mí, las figuras de Alejandro y Vladimir se alzaban, como fantasmas de una pesadilla eterna. Y a mi lado, Carla, mi mejor amiga, la voz de la traición que resonaba en mi memoria como un eco helado. "¡Sofía, mira! ¡Son increíbles! ¿A quién elegimos?" Su sonrisa, su emoción superficial y esos ojos fijos en Vladimir, me recordaron la primera vez, el comienzo de mi infierno. Un nudo de pánico se formó en mi garganta, la visión vívida de su mano en mi espalda, el empujón frío. "Lo siento, Sofía", su susurro helado mientras caía hacia el vampiro, sus colmillos hundiéndose en mi cuello. Recordé el grito de furia de Vladimir, no hacia mí, sino hacia ella, mi traidora. La estúpida creencia en una amistad que sólo existía en mi mente me había matado una y otra vez. Pero esta vez, mi corazón gritaba: "¡No otra vez!" No esperé. Me di la vuelta, ignorando a Alejandro y la confundida Carla. Caminé directamente hacia Vladimir, la figura fría y silenciosa. "Cásate conmigo", su voz fue una simple declaración, una oferta de escudo. Acepté su pacto de sangre, sabiendo que sería diferente. Pero cuando desperté, de nuevo, en una cama de hospital, me dijeron que todo fue "un sueño". Intenté creerme la mentira, hasta que encontré la daga de plata, y Carla susurró con una sonrisa fría: "Dale mis saludos a tu Rey… Vladimir". El mundo dejó de tener sentido; estaba atrapada, los límites de la realidad borrosos. Cuando Dmitri, el vampiro cruel de mis "sueños", apareció en las ruinas mayas y me arrastró a un portal, supe que no había escape. En su fortaleza, me arrebató la voz, y mi furia silenciosa solo creció. Sentada en el suelo, viendo a Dmitri en el trono de Vladimir, mi corazón se rompió. Pero entonces, en un estallido, Vladimir apareció, furioso y ensangrentado. "Aléjate de mi esposa", su voz, un rugido de ira. Él había vuelto. Había vuelto por mí.

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