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Un gran golpe de suerte

Un gran golpe de suerte

Chiquia Olmstead

5.0
calificaciones
1.7M
Vistas
573
Capítulo

Sheila estaba desesperada cuando la obligaron a casarse con un hombre horrible por el beneficio de su familia. En un ataque de ira, contrató a un desconocido para que hiciera el papel de su marido. Sin saber quién era él, ella pensó que este era un gigoló que necesitaba dinero y lo hacía para ganarse la vida. Por fin, se quitó la máscara y resultó que era un magnate. Así comenzó su historia de amor. Él la llenó con todo lo que podía desear y eran felices. Sin embargo, circunstancias inesperadas pronto amenazaron su amor. ¿Podrían Sheila y su marido capear la tormenta? ¡Descúbralo!

Capítulo 1 Qué pasó anoche

Sintiendo como si estuviera ardiendo por dentro, Sheila Jones buscaba con ansias algún tipo de alivio. ¡Era como si se hubiera sumergido en un charco de lava fundido!

De pronto, el pecho de un hombre la empujó con firmeza y ella arqueó la espalda en respuesta, susurrando: "Niko, ¿cómo pudiste olvidarme? ¡Extraño tanto los días en que todavía me amabas!".

Al escuchar el nombre de "Niko", el hombre entrecerró los ojos y se presionó más contra la joven.

"Mmm...".

Cuando los primeros rayos del sol entraron por la ventana, Sheila se movió y se encontró con un cálido cuerpo. Entonces abrió los ojos y vio un rostro sorprendentemente hermoso.

"¡Oye! ¿Quién rayos eres tú? ¿Qué estás haciendo en mi cama? ¿Qué pasó?".

Confirmando que no estaba en medio de un sueño extraño, la joven se dio cuenta de que estaba desnuda debajo de las sábanas y dejó escapar un grito.

Por su parte, apoyado contra la cabecera, Shane White la contempló de arriba abajo, poniendo especial atención a los múltiples chupetones que salpicaban su piel.

"Creo que la pregunta correcta es, ¿qué me hiciste tú a mí?", murmuró él, con una voz ronca y sensual, "Anoche, en cuanto salí del ascensor, tú saltaste como una fiera sobre mí. ¡Cualquiera pensaría que tú eras quien estaba desesperada de deseos!".

Al instante, Sheila sintió que una oleada de rabia y vergüenza apoderaba de ella. ¿Este arrogante extraño acababa de compararla con una prostituta? ¡Cómo se atrevía!

Furiosa, ella levantó la mano para darle una buena bofetada, pero cuando lo hizo, la sábana se deslizó hacia abajo y la dejó completamente expuesta.

Nerviosa, la joven se cubrió lo más rápido que pudo y le dio una severa advertencia: "Mira, lo que pasó anoche se queda en esta habitación, ¿de acuerdo? Una vez que estemos afuera, seremos unos completos extraños. ¡Más te vale que no le cuentes esto a nadie, o haré que te arrepientas de haberlo hecho!".

Habiendo dicho esto, ella recogió la ropa esparcida por el suelo y se vistió.

La idea de que había perdido su virginidad con un desconocido hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas. No obstante, después de secarse rápidamente la cara, se negó a mostrar sus verdaderas emociones.

Percatándose de su inquietud, Shane abrió la boca y dijo en voz baja: "Obviamente, lo de anoche no fue planeado en absoluto, pero si estás abierta a ello, incluso podríamos unir nuestras vidas".

"¿Estás diciendo que quieres casarte conmigo?", Sheila exclamó con incredulidad, "¿Crees que deberíamos casarnos solo por haber tenido una noche de pasión?".

¡Cuánta audacia tenía este tipo! ¿Acaso le estaba jugando una mala broma?

Entretanto, Shane no podía creer lo que pasaba. Aunque las mujeres prácticamente habían hecho fila para estar a su lado a lo largo de los años, él nunca había sentido la necesidad de comprometerse. Sin embargo, ahora que él mismo se lo había ofrecido a alguien, ¡resultaba que ella no lo quería!

Luego de vestirse, Shane sacó una tarjeta de presentación con relieve dorado de su bolsillo y la puso sobre la mesita de noche.

"Aquí está mi número. Si cambias de opinión, ya sabes cómo comunicarte conmigo".

Una vez a solas, Sheila se hundió en la bañera y se frotó los chupetones en la piel como si pudiera borrar todo lo que había sucedido con el extraño.

La noche anterior, ella había estado en una fiesta familiar donde su media hermana, Rita Jones, le entregó una copa de vino.

Después de terminársela, ella no recordaba nada. Y si bien sabía que no era buena bebiendo, una copa de vino no debería haberle provocado ese efecto, ¡seguramente Rita le había puesto algo a su bebida!

Seis meses antes, Niko Evans, el hombre con el que Sheila había estado durante dos años, tuvo un accidente en el cual perdió todo recuerdo de ella. Lo peor era que se había enamorado perdidamente de su hermana Rita.

Y a pesar de que la joven intentó todo para que recordara el tiempo que pasaron juntos, nada funcionó en lo más mínimo.

Al final, resultó que se había quedado sin nada, pues Rita le había robado desde su amor hasta su familia.

Sheila había llegado a su límite, ¡no podía dejarlo pasar más!

Habiéndose bañado, ella tomó un taxi de regreso a la casa de la familia Jones, la cual estaba inquietantemente tranquila esa mañana.

Justo cuando estaba a punto de entrar a la sala de estar, la joven escuchó que su madrastra y su media hermana estaban hablando.

"Mamá, anoche pasó algo terrible, ¡el tipo no filmó a Sheila mientras estaban juntos! ¡Es un imbécil! ¡Podríamos haberle mostrado ese video a Niko y seguramente habría terminado con ella!".

Entonces, otra voz, la cual estaba teñida de desprecio, se unió a la conversación: "No te preocupes. Con ese video o sin él, Sheila ya no será un problema entre Niko y tú".

Claramente confundida, Rita no supo qué decir.

Paula, su madre, se rio en voz baja y preguntó: "¿Recuerdas a Timothy, el hombre que estuvo en la fiesta anoche?".

"¿Timothy Green? ¿Ese repugnante anciano? Escuché que ha tenido seis esposas y ninguna de ellas sigue con vida para contarlo. Ahora, está buscando a la desafortunada número siete".

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