Xu Shinian
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Libros y Cuentos de Xu Shinian
Amor Robado, Legado Recuperado
Moderno En el lecho de muerte, mi abuela Isabel, la única que me amó de verdad, susurró un secreto que destrozó mi mundo.
"Sofía, mi niña… Tus verdaderos padres te dejaron algo. Una empresa de videojuegos. Eterea Studios."
Resulta que mis "padres" adoptivos, Carlos y Elena, no me habían acogido por amor, sino para explotar mi talento, y se habían apropiado de mi herencia.
Mi hermano adoptivo, Mateo, el "hijo perfecto" y carismático influencer, se burló mientras revelaba su traición: "Ya transferimos todo a mi nombre. Es una de mis nuevas adquisiciones."
¡Me habían robado! Toda mi vida, un elaborado engaño, mi talento como ingeniera de software no era un orgullo, sino una herramienta para su explotaciíon.
"Siempre estarás a mi sombra. Acéptalo," me siseó Mateo, con una sonrisa que me congeló la sangre.
Pero esta vez, no me iba a callar. "Te equivocas, Mateo. Tú vas a perderlo todo. Y cuando estés en el fondo, recordarás esta conversación."
La guerra había comenzado. Ahora debía reclamar lo que era mío. La Novia Olvidada
Mafia Para detener una guerra de cárteles que pintaba mi país de rojo, acepté mi destino: casarme con Miguel, el nuevo líder del cártel de Sinaloa.
Él era mi amor de la infancia, ahora el peor enemigo de mi familia.
El pacto era simple: un matrimonio a cambio de paz.
Pero el día de nuestra boda no hubo vestido blanco, solo el silencio pesado de un rancho remoto, un presagio del infierno que se avecinaba.
Esa noche y las siguientes, Miguel me tomó con brutalidad, una posesión que dejó marcas en mi piel y un vacío en mi alma.
Creí, en mi inocencia, que era una forma torcida de amor, que el niño que me regalaba flores silvestres aún vivía dentro de él.
Me aferré a la frágil creencia de que mi sacrificio estaba funcionando, que la paz, aunque precaria, se mantenía.
Pero una mañana, mi ilusión se hizo añicos.
Miguel, el hombre que compartía mi cama, lideró a diez mil sicarios en un devastador asalto coordinado sobre la Ciudad de México.
El pacto de paz era una mentira, una treta para bajar la guardia del gobierno.
Me obligó a mirar: el Palacio Nacional en llamas, a mi padre desmembrado, a mi hermano acribillado, a mi madre humillada.
En medio de la carnicería, se volvió hacia mí, sus ojos vacíos de emoción, una sonrisa cruel.
"¿Ximena?", su voz era un susurro cortante.
"¿De verdad creíste que tu belleza cautivaría mi corazón? ¿Que entregándote en mi cama saldarías la deuda de sangre?".
El mundo de Ximena se derrumbó: no había amor, solo un odio frío y calculador.
Fui despojada de mi nombre, de mi estatus, de todo, confinada en una hacienda olvidada.
Intenté morir, pero él me lo impidió, amenazando con desenterrar a mi familia.
"¡No te atrevas a morir sin mi permiso! ¡Tu vida me pertenece!", me gritó.
Así que dejé de luchar, convertida en una sombra, un cuerpo que respiraba pero que había muerto por dentro.
Un día, en la celebración de su unificación de poder, me exhibió, me humilló, me hizo bailar.
Cuando la sangre brotó de mi boca, me acusó de fingir para llamar su atención: "Vaya teatro", dijo.
Pero en sus ojos yo vi un destello de pánico que él se apresuró a ocultar.
En su habitación, me reveló la verdad más cruel: sabía de nuestro hijo y me había vaciado para que nunca más pudiera concebir.
Y entonces, Sofía, embarazada del nuevo heredero, anunció su alegría.
Miguel se transformó, mostrando la ternura que una vez me negó.
"Y tú, Ximena, servirás a Sofía. Lavarás su ropa, limpiarás sus aposentos, te asegurarás de que no le falte nada."
¡El infierno en la tierra! Me quedaban solo dos días.
Sofía me torturaba, y Miguel me golpeó al ver mi sangre, amenazándome con desenterrar a mi madre.
"¿Olvidaste al bastardo que perdiste? ¿Sabes dónde enterré lo que quedó de… eso?", susurró.
"En el campo, donde cagan los perros. ¡Un movimiento en falso, Ximena, y juro que lo desenterraré con mis propias manos y te haré comer la tierra de su tumba!"
Enloquecida, rogué por mi hijo, golpeándome la cabeza hasta sangrar, hasta que el suelo fue un charco carmesí.
Él solo me miró con desprecio y se fue con Sofía.
En mi agonía, mientras las moscas zumbaban sobre mí, fui mordida por una tarántula.
El veneno, combinado con el que ya llevaba dentro, me consumió.
Entre alucinaciones de mi padre y mi hermano, vomité una podredumbre negra, y algo vivo se retorció.
No era una muerte tranquila; era brutal.
Miguel, al verme "morir", entró en pánico.
El chamán le reveló que mi "medicina" había acelerado la muerte del Gu, el veneno que tomé para salvarlo a él, diez años atrás.
Todo lo que había hecho por él, Miguel lo había ignorado.
En un flashback, recordó mi sacrificio, mi amor, y su propia ceguera.
La había asesinado.
Miguel, desesperado, le suplicó al chamán un ritual.
Con su propia sangre, en un acto de redención tardía, Miguel me trajo de vuelta a la vida.
Pero mis ojos solo reflejaban un vacío infinito.
"No me llames así. Mi nombre es Prisionera Número Siete," respondí, mi alma rota.
Él trató de expiar sus pecados, vengándose de Sofía y llevando a cabo el entierro de nuestro hijo, a quien nombré Ángel.
"Yo sabía que Sofía me traicionaba. Usé su crueldad hacia ti como una excusa", confesó.
"¿Y eso hace que mi sufrimiento fuera menos real?", pregunté, la calma escalofriante.
El ritual me devolvió el aliento, pero mi vida ya estaba entregada.
Mi cuerpo se debilitaba, mi alma cansada.
El imperio de Miguel se desmoronaba, pero a él ya no le importaba.
Pasó sus últimos días a mi lado, hablándome, sosteniéndome la mano.
Una tarde, le susurré: "¿Recuerdas el arroyo? Dijiste que contarías las estrellas para mí."
"Lo haré, esta noche, y todas las noches," respondió él, la voz ahogada.
"Estoy cansada, Miguel."
"Descansa, mi amor. Yo vigilaré."
Y así, en sus brazos, en medio de un imperio en llamas, Ximena exhaló su último aliento.
Miguel se quedó allí, sosteniendo mi mano ya fría, el rey de un reino de cenizas, destruido por la mujer a la que había destruido. Cambio El Novio En La Boda
Urban romance La víspera de mi boda, el aire en la Ciudad de México vibraba con una emoción eléctrica.
Mi vestido de novia, creación de mis sueños y meses de trabajo, ya colgaba en la habitación, esperando el gran día con Mateo.
Quise darle una sorpresa, pero quien se llevó una sorpresa fui yo: al llegar a su estudio, la puerta entreabierta reveló a Mateo acorralando a Esmeralda, la modelo que "patrocinaba", y besándola con una pasión que jamás me había dado.
El shock se convirtió en náusea; ver la traición en el nido que yo le ayudé a construir, me dejó paralizada.
Minutos después, las notificaciones de Instagram explotaron: Mateo y Esmeralda saliendo de un hotel de lujo, el noticiero ya gritaba mi humillación pública.
"Sofía, mi amor, tenemos que hablar. No es lo que parece", me escribió él, mientras corría a mi auto.
"Me llevaré a Esmeralda fuera de la ciudad por un tiempo, hasta que esto se calme. Es lo mejor para mi imagen", me soltó, sin rastro de remordimiento, solo pánico por su carrera.
En ese momento, lo vi con total claridad: yo no era su amor, era una herramienta para su imagen.
La decepción fue tan profunda que mató cualquier sentimiento.
De repente, una extraña calma me invadió: "Tienes razón. Vete. Lleva a Esmeralda y desaparece hasta que esto pase".
Él se fue, aliviado, pensando que había ganado.
Pero una nueva Sofía acababa de nacer, y con ella, un plan.
Tomé mi teléfono, ignoré las llamadas de su familia, y marqué el único número que importaba.
"Ricardo, la boda de mañana sigue en pie. El novio es el único que cambia. Cásate conmigo". Venganza De las Ama de Casa
Moderno Mi suegra, Isabella, me abrazó con fuerza mientras yo le confesaba que había visto a mi esposo, Máximo, con otra mujer.
Su rostro perfecto se empañó y me reveló que mi suegro, León, también tenía una amante.
El matrimonio de Isa y León, el ejemplo de amor de la alta sociedad bogotana por 35 años, era una farsa.
Mi propio cuento de hadas con Máximo, el heredero de un imperio, se desmoronaba.
Entonces nos enteramos de la humillación máxima: nuestros esposos planeaban presentarlas en la gala benéfica de los Valderrama.
No era solo infidelidad, era una traición pública, un desprecio rotundo a nuestra existencia.
La mujer de Máximo no era una simple amante; la llamaban "la jefa".
Sentí el suelo desaparecer bajo mis pies: ¿Éramos solo adornos para exhibir?
¿Por qué nos harían esto, después de años de lealtad y amor, tratándonos como si no valiéramos nada?
Pero Isa me miró con furia fría y declaró: "Los hombres infieles no merecen nuestras lágrimas, Nora. Merecen nuestra ausencia".
Así fue como decidimos morir, al menos a los ojos de ellos, para renacer en una libertad que jamás imaginamos. Las Siete Guitarras y un Adiós
Romance Hoy es nuestro séptimo aniversario de compromiso, pero Luciana ya está con las maletas hechas para irse a Argentina.
No es para celebrarlo conmigo, sino para ir con Máximo, su exnovio, quien «la necesita desesperadamente».
Mientras ella empaca su equipaje de marca y me ofrece otra guitarra carísima como compensación, en mi mente se repiten los siete años de humillación: siete aniversarios abandonado por ella, cada uno «compensado» con una lujosa guitarra, símbolos dorados de mi prisión.
Pero esta vez no hubo guitarra, solo una foto enviada por Máximo, con Luciana arrodillada, untándole protector solar en la espalda.
No fue la imagen lo que me destrozó, sino su mirada de devoción absoluta, una mirada que jamás me había dedicado a mí.
Durante siete años, fui el «chico bueno» que esperaba, el huérfano «salvado» por su familia, el artista callado que recibía migajas de afecto y guitarras inmaculadas.
Pero esa mirada, ese gesto privado de ella con otro hombre cuando yo estaba solo en un hospital, lo cambió todo.
Ya no más.
En el sobre sobre mi mesa de centro no hay otra guitarra, sino un billete de avión a Sevilla.
Esta vez, no esperaré. El Vientre Robado
Romance Isabela Rojas y Mateo Vargas, cinco años de casados, con un acuerdo inquebrantable: no tendrían hijos. Pero la llegada inesperada de dos gemelos adoptados, Leo y Luna, trajo una chispa de esperanza a Isabela, haciéndola soñar con la maternidad biológica.
Por ello, Isabela acudió a una clínica de fertilidad. Allí, el ginecólogo le reveló una verdad escalofriante: su útero había sido extirpado hace cinco años. El consentimiento para esa operación, disfrazada de "intervención menor" , lo había dado su propio esposo, Mateo.
Esa misma noche, oculta, Isabela escuchó a Mateo confesar: su útero había sido trasplantado a Valeria Montes, la hija de un socio, para que esta diera a luz a los verdaderos herederos de los Vargas. La supuesta enfermedad terminal de Valeria era una mentira. La vida de Isabela se convirtió en una tortura dentro de su propia casa, sufriendo humillaciones constantes y dos intentos de asesinato.
¿Cómo podía el hombre a quien amaba y en quien confiaba ciegamente haberla mutilado, traicionado de la manera más cruel imaginable y usado su cuerpo para sus propios fines retorcidos? La sorpresa se trocó en confusión, luego en dolor devastador y, finalmente, en una ira helada.
Consumida por la rabia y el deseo de venganza, Isabela dejó de ser una víctima. Contactó secretamente a un abogado y, reuniendo pruebas delictivas y videos incriminatorios, se preparó para destrozar el imperio de mentiras de Mateo. La guerra acababa de empezar. Le puede gustar
Su venganza fue su brillantez
Lazy Sunday "Elliana, la ""patita fea"" rechazada por su familia, fue humillada por su hermanastra Paige, la admirada por todos, comprometida con el CEO Cole, era la mujer más arrogante... hasta que él se casó con Elliana el día de la boda. Todos, atónitos, se preguntaron por qué había elegido a la mujer ""fea"".
Mientras esperaban que la despreciaran, Elliana dejó a todos boquiabiertos al revelar su verdadera identidad: una sanadora milagrosa, magnate financiera, una experta en valuación y una mente maestra en la IA.
Cuando quienes la maltrataron se arrepintieron amargamente y suplicaron perdón, Cole desveló una foto impactante de Elliana sin maquillaje, causando conmoción en los medios:
""Mi esposa no necesita la aprobación de nadie""." Maridos intercambiados, destinos cambiados
Mia Caldwell En su vida anterior, Gracie se casó con Theo. Aparentemente, eran la pareja académica ideal, pero en privado, ella se convirtió en un simple escalón para su ambición y terminó en un final trágico.
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¿Podría el destino finalmente reescribir sus desenlaces? Una vez la esposa tonta, ahora su eterna obsesión
Calla Rhodes Durante tres años, Cathryn y su marido Liam vivieron en un matrimonio sin sexo. Ella se consolaba pensando que Liam se enterraba en el trabajo por un futuro que nunca llegaba.
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Dream Weaver Durante tres años, Christina se dedicó totalmente a cuidar su amado, solo para que el hombre en quien confiaba la desechara sin piedad. Para colmo, él trajo a su nueva amante, convirtiéndola en el hazmerreír de la ciudad. Liberada, perfeccionó sus talentos olvidados y dejó a todos boquiabiertos con un éxito tras otro. Cuando su exmarido descubrió que en realidad ella siempre era un tesoro, el remordimiento lo llevó a buscarla de nuevo. "Cariño, volvamos". Con una sonrisa fría, Christina le escupió: "Déjame en paz". En ese momento, un magnate impecablemente vestido la rodeó con su brazo: "Ahora está casada conmigo. ¡Guardias, sáquenlo ahora!". Fácil fue amarla, difícil fue dejarla
Anna Stella alguna vez disfrutó de la devoción de Marc, pero su crueldad oculta la lastimó profundamente. Mientras él enviaba mensajes coquetos a su amante, ella quemó la foto de bodas frente a él. Con el pecho apretado y los ojos encendidos, Stella le dio una bofetada. Luego borró todo rastro de su identidad, se unió a una misión de investigación confidencial, desapareció sin dejar rastro y le dejó una bomba secreta. El día del lanzamiento, Stella se fue; esa misma mañana, el imperio de Marc se vino abajo. Todo lo que encontró fue el certificado de defunción de su esposa, y su corazón se hundió. Cuando volvieron a verse, fue en una gala. Stella, elegante, estaba junto a un magnate. Marc le suplicó que volviera. Ella, con una sonrisa burlona, respondió: "No me mereces, hombre".