Luo Xi
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Libros y Cuentos de Luo Xi
Es Demasiado Tarde, Estoy Casada
Urban romance En la vibrante Ciudad de México, Sofía de la Vega, hija de una de las familias más influyentes, vivía una vida de ensueño, prometida al brillante Ricardo, el hombre de quien estaba perdidamente enamorada.
Un día, su padre anunció la noticia que cambiaría sus vidas para siempre: para salvar el imperio familiar de una crisis inminente, Sofía debía contraer un matrimonio de conveniencia con un desconocido del norte.
Justo cuando Sofía, con una valentía inesperada, aceptó su destino y decidió sacrificarse por su familia, Ricardo irrumpió, revelando que él también debía casarse con otra mujer, Clara, a quien le debía un matrimonio temporal por "responsabilidad", prometiendo que después, Sofía y él estarían juntos.
La incredulidad se apoderó de Sofía cuando Ricardo, una y otra vez, eligió a Clara, defendiéndola ciegamente incluso cuando Clara intencionalmente arruinó su vestido de novia y la empujó a una piscina, mientras él la dejaba ahogarse para salvar a la otra.
El amor de su vida la traicionó, dejándola sola y a la deriva, pero en sus momentos más oscuros, Sofía tomó una decisión inquebrantable: se casaría con el hombre del norte, y Ricardo nunca más volvería a verla. El Heredero Ya No Quiere Esconder
Urban romance En la fiesta de fin de semestre, mi novia Valeria, la misma a quien le había entregado dos años de mi vida y mi corazón, me soltó sin anestesia: "No eres lo que necesito".
Señaló a Damián, el junior con auto deportivo, y con voz cargada de desprecio, añadió: "Necesito a alguien con futuro, Leo. Alguien que pueda darme la vida que merezco".
Mis entrañas ardían mientras sus amigas, víboras con sonrisas maliciosas, se reían y una escupía: "No puedes pasarte la vida con un becado".
La humillación pública me golpeó, me desechaban como basura frente a todos. Querían verme arrastrándome, suplicando. Pero no les daría ese gusto.
Saqué la pequeña caja de terciopelo azul con el collar que con tanto esfuerzo había comprado para ella, lo abrí, vislumbré por un instante su codicia, y cerré de golpe. "No eres la persona adecuada para recibirlo". No, esto no terminaría así. Mi venganza sería más fría, más precisa. Y con un giro inesperado, vi a Sofía, humillada por los mismos buitres. Una audaz y perfecta idea cruzó mi mente. La guerra apenas comenzaba. Denuncio tu Declaración de Fallecimiento
Urban romance Han pasado tres meses desde que mi marido, el torero Javier, desapareció en un encierro. Yo, Sofía, su esposa, la chef que aparcó su carrera por él, estaba destrozada, mi vida sumida en el luto y la búsqueda incesante.
Pero esta noche, en un tablao flamenco escondido de Sevilla, lo encontré. Vivo, riendo a carcajadas, brindando con su amante, Isabella, la periodista taurina.
Los oí. Oí a Javier decir que su desaparición era una farsa planeada con ella: "Un susto y ya está. Sofía necesitaba una lección". Mientras yo recorría hospitales y morgues con su foto, ellos se revolcaban en mi cama, bebían mi vino, se mofaban de mi dolor.
La rabia me incendió el alma, un fuego que quemaba la humillación y el engaño. ¿Cómo pudo ser tan cruel, tan calculador, tan despiadado?
En ese instante, mi corazón, antes roto, se endureció hasta convertirse en acero. Ya no habría lágrimas, solo un plan. Acababa de nacer una nueva Sofía, y mi venganza sería un plato que se serviría muy frío. El Divorcio Falso se convierte en Verdad
Moderno Mi marido, Javier, llegó a casa con una sonrisa extraña y la propuesta que, según él, cambiaría nuestras vidas para siempre: un puesto de alta dirección en Argentina.
La única condición, explicó, era un "divorcio de conveniencia", solo en el papel, exigido por la empresa y todo "por nuestro futuro" y el de nuestra hija.
Lo que él no sabía es que, noches antes, mis insomnios me habían llevado a un foro donde se detallaba "la estafa del divorcio por trabajo en el extranjero": un patrón idéntico para vaciar cuentas y huir con una amante.
Su descaro se confirmó con un mensaje de "Valeria" en su teléfono: "¿Ya lo has conseguido, amor? ¡No puedo esperar a que estemos juntos en Mendoza!".
Poco después, vació nuestra cuenta conjunta hasta el último céntimo, dejando a cero los ahorros de diez años de matrimonio.
Mientras me besaba la frente y me llamaba "la mejor esposa del mundo", una pregunta resonaba en mi mente: ¿De verdad me creía tan estúpida?
No sentí dolor, solo una fría y gélida anticipación de lo que estaba por venir.
Firmé aquel divorcio con una sonrisa dócil, pero por dentro ardía la determinación.
Él creía que me había despojado de todo, pero no sabía que mi "hobby" de diseñadora gráfica me había permitido acumular una fortuna de seis cifras en una cuenta secreta.
Ahora, mientras él celebraba su traición, yo empezaba mi juego: me aseguraría de que se arrepintiera, de que perdiera mucho más de lo que jamás soñó robar. Le puede gustar
Anhelando al hombre incorrecto
Elysian Sparrow Pasó diez años persiguiendo al hombre correcto, solo para enamorarse del incorrecto en un fin de semana.
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Sloane Mercer ha estado locamente enamorada de su mejor amigo, Finn Hartley, desde la universidad. Durante diez largos años, ha estado a su lado, reparándolo cada vez que Delilah Crestfield, su novia, le destrozaba su corazón.
Cuando Delilah se compromete con otro hombre, Sloane piensa que finalmente podrá tener a Finn para ella. No podría estar más equivocada.
Desesperado y con el corazón roto, Finn decide presentarse en la boda de Delilah y luchar por ella una última vez. Y quiere a Sloane a su lado.
A pesar de sus dudas, ella lo acompaña a Asheville, esperando que estar cerca de Finn de alguna manera lo haga verla como ella siempre lo ha visto.
Todo cambia cuando conoce a Knox Hartley, el hermano mayor de Finn, un hombre que no podría ser más diferente a su amigo. Es peligrosamente magnético. Knox entiende a Sloane y se propone atraerla a su mundo.
Lo que comienza como un juego arriesgado entre ellos, pronto se convierte en algo más profundo. Sloane está atrapada entre dos hermanos: uno que siempre ha roto su corazón y otro que parece decidido a conquistarlo... sin importar el costo.
AVISO DE CONTENIDO:
Esta historia está destinada exclusivamente a mayores de 18 años.
Explora temas de romance oscuro como la obsesión y el deseo con personajes moralmente complejos.
Aunque es una historia de amor, se recomienda discreción al lector. Anhelando a mi esposo tirano
Xu Shinian Mi exnovio Darrin me humilló en una gala benéfica, diciéndome que yo no valía nada sin él.
Destrozada, bebí demasiado vodka y le exigí a un extraño que me salvara.
A la mañana siguiente, me desperté en un lujoso penthouse con una resaca insoportable y un certificado de matrimonio bajo mi mano.
Me había casado con un completo desconocido que solo firmó con la letra "G".
Pensé que era un error garrafal, pero cuando Darrin amenazó con arruinarme publicando fotos íntimas mías, mi nuevo esposo intervino.
En cuestión de minutos, un equipo legal destrozó la vida de mi ex, borró las fotos y lo dejó llorando en un pasillo.
"Soy tu esposo, y les guardo rencor a los hombres que hacen llorar a mi esposa".
Gus me dijo que solo era un consultor de negocios, pero me regaló un diamante amarillo que valía millones y me vigilaba con una obsesión aterradora.
¿Por qué su voz, su mandíbula afilada y su poder me recordaban tanto a Agustus Williams, el despiadado y temido tirano de Wall Street?
Para pagar mis deudas, acepté un trabajo de cincuenta mil dólares: fotografiar al mismísimo Agustus.
Al hacer zoom en la imagen y ver el reflejo de su rostro en la pantalla, mi sangre se heló por completo.
El intocable monstruo que aterrorizaba a la ciudad y el hombre que me exigía usar su anillo de bodas... eran exactamente la misma persona. Después de que me dejó, me convertí en su madrastra
Evelyn Hart La tarde en que Ricardo regresó, el sol implacable bañaba los impecables jardines de la mansión Vargas, casi tan cegador como el traje de lino blanco que él vestía.
Un deportivo, escandaloso y ostentoso como su dueño, derrapó sobre la grava, soltando a una mujer pálida y frágil, aferrada a él como si su vida dependiera de ello: Camila Soto, la influencer desaparecida.
Los vi entrar por el ventanal, sin invitación, como si la casa aún les perteneciera, ignorando a una Lupe que intentaba detenerlos.
"Vengo a verla a ella," dijo él, su sonrisa torcida, esa misma sonrisa de hace tres años cuando me dejó plantada en el altar, diciendo que buscaba su «espíritu» en un rancho.
"Sofía," espetó, su voz cargada de una autoridad inexistente, "veo que sigues aquí, como una buena perra fiel esperando a su amo."
Luego, Ricardo se desplomó en el sofá de cuero de Alejandro, su padre, y dijo: "Hemos vuelto para quedarnos."
Mi corazón no tembló, solo una fría calma, la calma de quien espera una tormenta anunciada, porque sabía que él no era el rey, y yo ya no era la ingenua que él había abandonado.
Él no sabía que, con Alejandro, había encontrado dignidad, un hogar y un amor profundo que sanó las heridas de su traición.
Me di la vuelta para ir a la cocina, con sus miradas clavadas en mi espalda, pensando que yo seguía siendo la misma Sofía.
Pero justo en ese momento, una pequeña figura se lanzó hacia mí, riendo a carcajadas.
"¡Mami, te encontré!"
Un niño de dos años, con el cabello oscuro y los ojos brillantes de Alejandro, se abrazó a mi pierna, ajeno a la gélida tensión que se cernió sobre el salón.
"Mami," preguntó con su vocecita clara, "¿Quiénes son?" Cuando la Eternidad se Desmorona: La Dura Realidad del Amor
Ai Xiaomo Mi esposo, el magnate tecnológico Santiago Villarreal, era perfecto. Durante dos años, me adoró, y nuestro matrimonio fue la envidia de todos los que conocíamos.
Luego apareció una mujer de su pasado, de la mano de un niño pálido y enfermo de cuatro años. Su hijo.
El niño tenía leucemia, y Santiago se obsesionó con salvarlo. Después de un accidente en el hospital, su hijo tuvo una convulsión. En medio del caos, caí con fuerza, un dolor agudo atravesando mi abdomen.
Santiago pasó corriendo a mi lado, llevando a su hijo en brazos, y me dejó sangrando en el suelo.
Ese día perdí a nuestro bebé, sola. Ni siquiera llamó.
Cuando finalmente apareció junto a mi cama de hospital a la mañana siguiente, llevaba un traje diferente. Suplicó perdón por su ausencia, sin saber la verdadera razón de mis lágrimas.
Entonces lo vi. Un chupetón oscuro en su cuello.
Había estado con ella mientras yo perdía a nuestro hijo.
Me dijo que el último deseo de su hijo moribundo era ver a sus padres casados. Me rogó que aceptara una separación temporal y una boda falsa con ella.
Miré su rostro desesperado y egoísta, y una extraña calma se apoderó de mí.
—De acuerdo —dije—. Lo haré.