Jin Yi Ye Xin
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Libros y Cuentos de Jin Yi Ye Xin
Sofía: El Renacer de una Traicionada
Suspense Desperté con el nauseabundo olor a mezcal barato, un hedor a muerte que ya conocía.
Mi vestido de novia, hecho con mis propias manos, ahora estaba empapado y frío, pegado a mi piel mientras el eco burlón de mi propia fiesta de bodas vibraba desde la superficie del pozo.
Lo recordaba todo: la traición de Mateo, el hombre al que me entregaron a los cinco años como su futura esposa.
Recordaba el infierno de mi primera vida: diez años encerrada, vendida como ganado al carnicero Don Ramiro, y el día en que él ahogó a nuestras tres hijas en un barril de despojos.
Salí de ese pozo de mezcal con una determinación helada, un fuego nuevo en mis ojos, dispuesta a cambiar mi destino.
Pero la vida es cruel y el destino, terco.
Mateo me arrastró de regreso, acusándome de arruinar su boda.
Con una sonrisa sádica, cortó la cuerda que me ayudó a salir y me arrojó de nuevo al pozo.
Isabella, su complice, me lanzó botellas y basura, gritando: "Púdrete ahí abajo, perra".
Apenas logré aferrarme a una cuerda que, inesperadamente, dejó caer Don Ramiro, el carnicero, mi torturador en mi vida anterior, quien ahora me miraba con ojos lujuriosos.
"Vaya, vaya... una sirenita empapada", dijo, y sentí sus asquerosas manos en mi cintura.
La furia me invadió, un relámpago de dolor y odio, y lo golpeé con todas mis fuerzas, buscando escapar de nuevo.
Corrí hacia el ruido de la fiesta, buscando testigos, pero fui recibida con desprecio.
En lugar de ayuda, Mateo me abofeteó en público, humillándome, mientras Isabella, fingiendo inocencia, me acusaba de brujería.
Cuando la abuela de Mateo se interpuso para salvarme de la turba, un cuchillo se hundió en su hombro.
Mateo, cegado por la furia, me entregó a Don Ramiro, el carnicero, con una sonrisa fría.
"Te la regalo. Haz con ella lo que quieras".
"¡No!", grité, escupiéndole en la cara, mi desafío resonando en el patio.
La abuela de Mateo, mi única aliada, murió por su herida y Mateo, en un ataque de locura, me golpeó hasta dejarme inconsciente, para luego encerrarme en la bodega.
Isabella le prendió fuego con una sonrisa cruel: "Adiós, Sofía".
Creí que todo estaba perdido, que la historia se repetía.
Pero, ¿y si esta vez, el destino tuviera un giro a mi favor?
¿Y si lo que parecía mi fin, era en realidad el comienzo?
¿Podría un alma rota como la mía, volver para reclamar lo que le fue arrebatado, no solo de mis enemigos, sino de mi propio pasado? Juego de Inquilinos, Destino de Amantes
Urban romance Sofía era la reina de su universo, "El Alma de Jalisco", la tequilera de su familia.
Vivía rodeada de lujo, pero harta de la falsedad de su círculo, buscaba algo real.
Un mariachi misterioso, Mateo, apareció en su vida, pareciendo la antítesis de todo lo que despreciaba.
Lo llevó a su casa de huéspedes, iniciando un juego de "arrendadora y inquilino" con reglas provocadoras que solo ella conocía.
Pero de repente, su mundo se hizo añicos.
"Intercambio de bebés", "verdadera heredera", las palabras de su padrastro, Jorge, la arrojaron a un abismo.
Su supuesta hermana, Elena, una actriz contratada por Jorge, reclamaba su fortuna.
Todo, su nombre, su familia, su casa, su identidad, se desvaneció en una cruel mentira.
Se quedó sin nada, humillada y traicionada por aquellos en quienes confiaba.
¿Cómo pudo ser tan ciega?
¿Y qué hacía Mateo, ese hombre que parecía tan auténtico, en la periferia de este desastre?
La ironía era insoportable, su búsqueda de "lo real" la había llevado a la mayor farsa de su vida.
Justo cuando pensó que no podía caer más bajo, Mateo, el mariachi que creía conocer, reveló su verdadera identidad.
"Mi nombre es Mateo Garza, y el inquilino pobre ahora es tu casero".
¿Quién era realmente este hombre?
¿Un estafador disfrazado o la única ancla en su naufragio?
El juego ha terminado, pero la verdadera batalla por su vida y su legado apenas comienza, ahora, bajo el techo inesperado de su antiguo inquilino. Diseñadora Renacida: Su Dulce Venganza
Urban romance Cinco años, cinco largos años había esperado este momento.
Hoy, la diseñadora Sofía Pérez, renacida de las cenizas, lanzaba su nueva colección "Renacer" .
Todo el salón de eventos estaba lleno, las cámaras apuntaban, y a mi lado, mi esposo Alejandro Vargas me sostenía la mano.
"¿Nerviosa, mi amor?"
Su voz era un bálsamo.
Pero entonces, el murmullo recorrió el salón.
Las cámaras giraron bruscamente hacia la entrada.
Ahí estaba él. Ricardo Morales. El hombre que me humilló.
Y a su lado, Valeria Soto, mi ex mejor amiga y su cómplice.
Se acercó a mí, su sonrisa torcida, su voz llena de veneno.
"No esperaba encontrarte en un lugar como este. Pensé que seguirías escondida."
Valeria soltó una risita burlona.
"Tal vez encontró a algún viejito rico que la sacara de la miseria."
Sentí la mano de Alejandro tensarse.
Mi corazón se revolvió de asco al ver a Ricardo.
Él, un fracasado en un reality de cocina, se atrevió a exigir mi perdón.
"¡Miren a esta mujer! ¡La gran diseñadora Sofía Pérez, la misma que fue abandonada en el altar por infiel!"
El viejo escándalo, la herida que tanto había tardado en cicatrizar, se abría de nuevo.
Me forzó a arrodillarme.
Agarró mi mano izquierda, la que llevaba mi anillo de esmeralda, mi símbolo de renacimiento.
"Quería destruir tu carrera, Sofía. Quería que nunca más pudieras diseñar."
Levantó una botella vacía, sus ojos brillando con locura.
Cerré los ojos, preparándome para el impacto.
Un crujido nauseabundo.
Un dolor blanco y candente explotó en mi mano.
"Señor Morales, me informan que tiene algo que me pertenece."
La voz de Alejandro, tranquila y letal, resonó en la sala.
Mi esposo había llegado.
Y me di cuenta, Ricardo Morales, este infeliz, va a desear no haber nacido. Mi Otro Yo Asesino
Suspense "Están muertas. Mis cinco compañeras de piso. Están todas muertas", susurré al 112, mi voz temblorosa en la oscuridad de la madrugada. Yo era la única superviviente de aquella "última cena".
Pero la policía no tardó en mirarme diferente. De víctima a principal sospechosa.
El Inspector Castillo puso un audio: el grito desesperado de mis amigas mientras morían, pronunciando mi nombre: "¡Lina, para!", "¡Lina, despierta!". Y no solo eso. El descubrimiento de un grupo de WhatsApp donde me llamaban "la sombra" y se burlaban de mí, añadiendo un poderoso motivo a la ecuación: la venganza.
Yo, que solo quería ser su amiga, ¿era capaz de algo así? ¿Por qué la grabación decía mi nombre si yo juraba haber estado dormida?
No recordaba mi tarjeta de acceso usándose esa noche, ni un vídeo granulado donde mi "doble" arrojaba pruebas a un contenedor. Ni el dibujo macabro en mi habitación: "Si ellas desaparecieran, por fin habría silencio. Esto no es un final, es una liberación". Todo me apuntaba.
Pero un mensaje anónimo, "Ella no es ella. ¿Has olvidado lo que pasó en la feria de Málaga?", desenterró una verdad que mis padres habían ocultado: mi historial psiquiátrico. Yo tenía un trastorno de identidad disociativo.
No era yo. Era "ella". La otra, la que me protegía. Y la que las mató.
Ahora estoy encerrada, preguntándome cada noche: ¿cuándo volverá a despertar? El Juego de la Traición: Un Final Inesperado
Suspense El olor a desinfectante del hospital era lo único real, mi boda con Mateo estaba a solo unos días.
Pero un coche me atropelló, dejándome con las piernas inmovilizadas.
Mateo, mi prometido, mi todo, me consoló: "Me encargaré de todo. Ese desgraciado pagará."
Sin embargo, esa noche, escuché su voz fría hablando con el médico: "Retrase la cirugía una semana más."
No podía creerlo, ¿por qué querría que quedara paralítica?
Mis manos temblaron al desbloquear su móvil, usando la fecha de nuestro aniversario como contraseña.
Allí, en un álbum oculto llamado "Mi verdadero tesoro", encontré fotos de Elena y un niño, Leo, con los ojos de Mateo.
Y luego, el mensaje de Elena: "¿Y qué pasa si se recupera?", a lo que él respondió: "No lo hará. Durante una segunda operación, diré que hubo complicaciones. Le quitarán el útero. Nunca podrá tener hijos. Solo tendrá a nuestro Leo."
Mi corazón se hizo pedazos: no era su prometida, sino un peón para legitimar a su hijo secreto.
Él quería una inválida dócil, pero en ese instante, en el silencio del hospital, una llama de venganza se encendió en mí.
Si él quería una muñeca rota, eso es lo que vería, hasta el día de mi resurrección. Pierde amor por Amnesia
Romance Mateo Vargas, un arquitecto con el alma destrozada, marcaba un número con la determinación de quien ya no tiene nada que perder, planeando la "desaparición" definitiva que, esperaba, pondría fin a ocho años de un infierno inimaginable.
Ese infierno había comenzado con un trágico accidente: su amada Sofía Herrera había perdido la memoria, olvidando a Mateo por completo, y en su confusión, se había aferrado a Ricardo Montes, un rival que siempre lo había envidiado en secreto.
Sofía, manipulada y embrutecida, no solo despreció a Mateo públicamente, tildándolo de "mantenido", sino que llegó al abismo de la crueldad al tratar a su propio hijo, Leo, como una "carga molesta"; incluso, en un acto monstruoso, intentó forzar a Mateo a donar un riñón al hermano de Ricardo, amenazando con quedarse con la custodia de Leo mientras él escuchaba su voz fría desear su muerte para que Ricardo tomara su lugar.
¿Cómo pudo la mujer que una vez prometió amarlo por siempre convertirse en una desconocida fría y venenosa, capaz de tales atrocidades, especialmente hacia su propio hijo? El dolor de Mateo era un vacío helado, una cicatriz imborrable: ese amor estaba muerto, consumido por las cenizas de la traición y la indiferencia.
Ya sin amor, solo con resentimiento y la inquebrantable necesidad de proteger a Leo, Mateo tomó una decisión irreversible: orquestaría su propia "muerte" y la de su hijo en un naufragio simulado, adoptando nuevas identidades en Uruguay y dejando atrás una grabación explosiva que, inevitablemente, revelaría la cruel verdad a Sofía, pero solo cuando ya fuera demasiado tarde para arrepentirse. Le puede gustar
Recuperando Mi Vida Robada
Lukas Difabio Desperté después de cinco años en coma. Un milagro, dijeron los doctores. Lo último que recordaba era haber empujado a mi esposo, Diego, para quitarlo del camino de un camión que venía a toda velocidad. Lo salvé.
Pero una semana después, en la oficina del Registro Civil, descubrí un acta de defunción expedida hacía dos años. Los nombres de mis padres estaban en ella. Y luego, la firma de Diego. Mi esposo, el hombre al que salvé, me había declarado muerta.
El shock se convirtió en un vacío helado. Regresé a nuestra casa, solo para encontrar a Angélica Herrera, la mujer que causó el accidente, viviendo allí. Besó a Diego, con una naturalidad que dolía. Mi hijo, Emilio, la llamaba "mami". Mis padres, Alba y Genaro, la defendían, diciendo que ya era "parte de la familia".
Querían que perdonara, que olvidara, que entendiera. Querían que compartiera a mi esposo, a mi hijo, mi vida, con la mujer que me lo había robado todo. Mi propio hijo, el niño que llevé en mi vientre y amé con toda mi alma, gritó: "¡Quiero que se vaya! ¡Lárgate! ¡Esa es mi mami!", señalando a Angélica.
Yo era una extraña, un fantasma rondando su nueva y feliz vida. Mi despertar no fue un milagro; fue una molestia. Lo había perdido todo: mi esposo, mi hijo, mis padres, mi propia identidad.
Pero entonces, una llamada desde Zúrich. Una nueva identidad. Una nueva vida. Catalina Garza estaba muerta. Y yo viviría solo para mí. Ximena: Libre Del Pasado Oscuro
Jia Zhong De Lao Shu Morí en el sótano oscuro y húmedo, asfixiándome lentamente.
Mi tío, el hombre que amé toda mi vida, me observaba con una sonrisa malévola.
«Debes morir…», susurró, mientras el dolor en mi vientre era insoportable y mi hijo nonato luchaba por nacer.
Le rogué, le supliqué que me llevara al hospital, pero él se quedó allí, viéndome morir.
Mi último aliento fue un susurro ahogado con su nombre.
Desperté con un sobresalto, el corazón latiéndome a mil por hora.
Estaba en una suite de hotel, y la fecha era la misma del día de mi muerte.
¡Había renacido!
El pánico inicial dio paso a una extraña calma.
Tenía una segunda oportunidad para no cometer los mismos errores.
La puerta del baño se abrió y de ella salió Ricardo, mi tío.
«Ximena…», su voz era un gruñido ronco. «Ayúdame… me siento muy mal».
En mi vida anterior, caí, creyendo estúpidamente que él vería mi amor.
Me entregué a él, solo para quedar embarazada y ser asesinada poco después.
Pero esta vez, no.
«¡Suéltame, tío!», mi voz sonó más fuerte y firme de lo que esperaba.
Lo empujé. Su mirada confundida se encontró con la mía, ahora llena de frialdad y determinación.
Ya no era la Ximena de antes.
No dudé y marqué el número de la prometida de Ricardo.
«Soy Ximena. Tu prometido no se siente bien. Alguien le puso algo en la bebida. Está en la suite 3205 del Hotel Grand. Será mejor que vengas rápido».
Colgué.
«Ella es tu prometida», respondí, mi voz sin emoción. «Ella es la que debería ayudarte».
Abrí la puerta sin mirar atrás.
«Ocúpate de tus propios asuntos, Ricardo».
Salí de la habitación, cerrando la puerta con firmeza. Era el sonido de mi libertad.
Mi nueva vida acababa de comenzar. El Regreso del Ingenuo Millonario
Jia Zhong De Lao Shu Sentí el frío metal en mi espalda, un dolor agudo que me robó el aliento.
Caí sobre el pavimento mojado de un callejón oscuro, la lluvia lavaba la sangre de mi abdomen.
Vi la silueta de Sebastián, el chico que consideré mi hermano, sosteniendo el cuchillo que goteaba con mi vida.
"¿Por qué?", susurré, la voz rota.
Sebastián se rio, una risa cruel: "Porque eres un millonario ingenuo, Joaquín. Me diste todo, pero quería ser tú, no tu sombra."
Se agachó, sus ojos brillaban con odio. "Ahora, todo lo tuyo será mío. Tus padres me verán como el hijo que perdieron. Nadie te recordará."
El veneno de sus palabras se filtró en mis últimos momentos, más doloroso que las puñaladas físicas.
El mundo se oscureció, y su risa victoriosa resonó mientras me hundía en la negrura infinita.
Creí que era el final, que mi alma flotaría en la nada, llevada por el eco de esa traición inolvidable.
De repente, una luz cegadora me golpeó.
Parpadeé. El dolor se había ido.
Estaba de pie, mi cuerpo intacto, en el auditorio de mi universidad, un lugar que sentía extrañamente familiar.
En el escenario, bajo un cartel de "Donación para el Futuro", vi a la directora sonriendo, y a su lado, con un traje impecable y una sonrisa de santo, estaba Sebastián.
El mismo Sebastián que me había asesinado.
"Damos la bienvenida al joven Sebastián Rodríguez", decía la directora, "nuestro más generoso benefactor."
Los aplausos resonaron. Lo miraban con admiración, como a un héroe.
Vi a Elena, la chica más popular, sus ojos brillaban de adoración por Sebastián, la misma Elena que me humilló llamándome ladrón.
Sebastián tomó el micrófono, su voz llena de falsa humildad. "Gracias, directora, solo quiero devolver un poco de lo mucho que la vida me ha dado."
Una oleada de ira fría y pura me dejó sin aliento. No era un sueño, no era el más allá. Había renacido.
Había vuelto al momento exacto en que la farsa de Sebastián alcanzaba su punto más alto, el momento antes de que firmara el acuerdo de donación. ¡Con mi dinero!
La ingenuidad había muerto en ese callejón oscuro. Lo que quedaba era un hombre con un propósito.
Mientras Sebastián disfrutaba los aplausos, saqué mi celular. Mis manos no temblaban.
Marqué el número del banco privado de mi familia.
"Buenos días, necesito un favor urgente," dije, mi voz con un filo de acero. "Quiero cancelar inmediatamente la tarjeta adicional con terminación 4822, a nombre de Sebastián Rodríguez."
"¿Puedo preguntar el motivo?"
"Actividad fraudulenta. Cancélala ahora."
"Entendido, señor. Bloqueada y cancelada permanentemente."
Colgué justo cuando Sebastián se sentaba en la mesa de firmas, pluma en mano.
Una sonrisa fría se dibujó en mis labios. El juego acababa de empezar, y esta vez, yo conocía todas las reglas. La Vida Mentirosa: No perdonaré Nunca
Gong Zi Qian Yan Introducción
Durante siete años, viví una farsa, creyendo ser la amada prometida de Máximo Castillo y la madre feliz de Leo.
Mi rostro no era mío, mis recuerdos eran falsos; era la copia de una mujer muerta.
Pero la mentira estalló en pedazos cuando la verdadera Sofía Salazar regresó en medio de una fiesta.
Mi hijo, Leo, con la inocencia de sus siete años, la señaló y dijo: "Mamá, esa mujer no eres tú".
El pánico se desató, Sofía cayó a la piscina, y Máximo, con una furia incomprensible, arrastró a nuestro hijo al borde.
Él, que tenía un miedo terrible al agua, fue arrojado sin piedad al fondo.
Lo saqué inerte, mientras Máximo consolaba a Sofía, y la televisión anunciaba que él celebraba su "séptimo aniversario" con ella.
En ese instante, algo se rompió en mi cabeza y la verdad me golpeó como un aluvión: mi nombre era Lina Garcia, y Leo era el hijo de una violación atroz, no de un amor idílico.
Máximo no solo me había engañado, sino que al enterarse de la muerte de Leo, se burló, arrojó sus cenizas al suelo y me mostró un informe falso de ADN, golpeándome brutalmente.
¿Cómo pude amar, o creer que amaba, a un monstruo capaz de tanto horror?
Pero el destino tenía otros planes; los secretos finalmente salieron a la luz.
Su tía Isabel reveló la verdad en su funeral: Leo era su hijo biológico, el ADN había sido falsificado por Sofía, y la misma Sofía había manipulado la medicación de su madre.
Además, la herencia de Máximo, su imperio vinícola, ahora me pertenecía a mí.
Con el dolor aún fresco, tomé mi lugar para desmantelar su imperio de mentiras y asegurar que cada uno pagara por sus crímenes.
La sumisa "Sofía" había muerto con su hijo, y Lina Garcia, la verdadera Lina Garcia, se levantaría de las cenizas para reclamar justicia y su propia vida. La Historia de los Asesinos
Chen ziluo Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija.
Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho.
Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia.
«¡Estás exagerando!», me dijo.
Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes.
Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario.
«Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla».
Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada.
La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca.
Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico.
«Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo.
La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!».
Pero él defendió a su familia, a Isabel.
«¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!».
Me sentí sola, atrapada en una pesadilla.
Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel.
«Tu esposa es tan intensa», dijo ella.
Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca».
El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba.
«¿Dónde está mi hija?».
«Está… con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó.
Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" .
Luego, una llamada del hospital: «Accidente… Luna Patterson».
Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones.
Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!».
Ese fue el final.
Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue.
La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación.
«¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?».
Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija.
Esto no fue un accidente.
Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran. Venganza Perfecta: Amor Falso
Yi Xiaoxin Mi teléfono sonó con urgencia, la voz agitada de mi asistente confirmaba que algo terrible había pasado.
"Señor Alejandro, tiene que venir al club... Es... es Camila..."
Un grito desgarrador, seguido de golpes sordos, me heló la sangre.
Corrí al Club, las sirenas ya se escuchaban a lo lejos.
Adentro, el caos; mesas volcadas, botellas rotas. Y en la sala VIP, un hombre yacía golpeado y ensangrentado.
En el centro de todo, Camila, con su vestido empapado en sangre, una botella rota en la mano y una mirada salvaje.
Justo cuando entré, blandió la botella de nuevo, lista para un golpe más.
"¡Camila!" , le grité.
Ella se detuvo, como despertando de un trance.
"Alejandro…", susurró con una sonrisa extraña. "Quería tocarme… Dijo que tú ya no me querías".
De repente, se lanzó hacia el hombre, pateándolo brutalmente.
Todos contuvieron el aliento, mientras ella me miraba con una devoción enfermiza.
"Nadie puede hablar mal de ti, mi amor" .
Siempre había sido mi "Camila la Loca" , mi sombra, la que se arrastraba por mí.
Pero la verdad era más oscura. No era yo a quien ella amaba, sino a Eva, mi hermana desaparecida.
Camila se había convertido en mi perfecta obsesión, la imagen viva de Eva, y yo, ciego, la había usado.
Ella me había permitido creer que era mi juguete, mi perra faldera, la mujer que mataría por mí.
Incluso cuando Sofía llegó y la humillé públicamente, la vi arrodillarse, y fingir devastación.
Todo era una actuación.
Una trampa, una venganza fría y calculada.
Pero ¿por qué? ¿Qué había detrás de esa mirada, ese odio oculto?
Ahora lo sé. Y mi imperio de mentiras ha caído.
Ella lo planeó todo, cada paso, cada lágrima.
Y yo, el depredador, fui su presa.
Porque la "loca" de Camila nunca me amó.
Y yo nunca supe con quién estaba tratando realmente. El Beso de la Víbora: La Venganza de una Esposa
Liu Jia Bao Er La llamada entró en el día más caluroso del año. Mi hijo, Leo, estaba encerrado en un coche hirviendo por culpa de la hermanastra de mi esposo, Sofía, mientras mi marido, Mateo, se quedaba de brazos cruzados, más preocupado por su Mustang clásico que por nuestro hijo, que apenas estaba consciente.
Cuando rompí la ventanilla para salvar a Leo, Mateo me obligó a disculparme con Sofía, grabando mi humillación para exhibirla públicamente. Pronto descubrí su escalofriante secreto: se casó conmigo solo para poner celosa a Sofía, viéndome como nada más que una herramienta en su juego retorcido.
Con el corazón destrozado, solicité el divorcio, pero su tormento se intensificó. Me robaron mi empresa, secuestraron a Leo e incluso orquestaron una mordedura de serpiente venenosa, dándome por muerta.
¿Por qué me odiaban tanto? ¿Qué clase de hombre usaría a su propio hijo como un peón, y a su esposa como un arma, en una farsa tan cruel?
Pero su crueldad encendió una furia helada dentro de mí. No me romperían. Iba a contraatacar, y les haría pagar. Ceguera Parental: Mi Último Aliento
Bao Fu Ya Ya Soy un fantasma, suspendido sobre mi propio cadáver.
Mi padre, el mejor detective de la ciudad, y mi madre, la forense más respetada, no saben que este cuerpo desfigurado tendido en un callejón es Ricardo, su único hijo.
El hombre que me asesinó se reía, su aliento apestaba a alcohol y a una venganza añeja, exigiendo un dolor inolvidable a mi padre.
En ese instante de terror, cuando la sangre me ahogaba y mis ojos y lengua habían sido arrancados, mi celular sonó.
Era mi padre, impaciente y molesto, "Ricardo, ¿dónde demonios estás? El partido de tenis de Miguel está por empezar."
Solo pude emitir un gorgoteo ahogado, "¡Papá, ayú…!" , antes de que colgara, regañándome por ser egoísta y no pensar en Miguel, su hijo adoptivo perfecto.
Mi asesino se rio con una carcajada infernal mientras la última gota de esperanza se me escapaba.
Ahora, mis padres examinan mi cuerpo en la escena, dictando órdenes con distancia clínica, mi madre incluso toca el anillo que les di de aniversario, pero no me reconoce.
Para ellos, soy un "John Doe" , un caso más, un "lío" , mientras colman de orgullo y amor a Miguel, felicitándolo por su campeonato.
Escucho su hartazgo por mi "irresponsabilidad" y me pregunto si existí en sus corazones, o solo fui un recordatorio de un trauma que preferían olvidar.
Mi propio padre maldijo mi existencia, deseando que me pasara algo, justo cuando yo moría.
En la morgue, mi madre pasa junto a mi cuerpo casi con ternura, tocando mi cicatriz de la infancia, pero solo dictando: "Cicatriz antigua, probablemente de la infancia" .
La esperanza se desvanece; soy una pista anónima.
El papel que se encuentra en mi estómago, una lista de compras que hice para ellos, y el farmacéutico que me reconoció, revelan la verdad.
Mis padres se paralizan; las palabras del forense resuenan: "La víctima es Ricardo."
Mi padre suelta el auricular, su negación se desmorona; mi madre se aferra al anillo, el grabado de "Mamá y Papá" revela la devastadora verdad.
En la morgue, sus lágrimas caen sobre mi cuerpo, sus súplicas de perdón llenan el vacío.
Observo a Miguel, mi hermano adoptivo, actuando su dolor, mientras mis padres defienden su "perfección".
Pero mi tía Elena ve la verdad, y mi padre descubre mi diario, las pistas de Miguel.
Finalmente, en la premiación de Miguel, la verdad explota.
Mi padre lo detiene, el criminal confiesa la traición de Miguel, revelando su odio y celos.
Miguel, con su máscara caída, grita su confesión, destruyendo a mis padres.
Mi padre renuncia, mi madre se quiebra, susurrando mi nombre en el hospital.
Mi rabia se disipa; solo queda tristeza.
El eco de mis palabras vacías resuena: "Si tan solo me hubieran visto antes."