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La chica que mueve mis sueños

La chica que mueve mis sueños

Marijn Mannes

5.0
calificaciones
19.8M
Vistas
529
Capítulo

Fue un gran día para Camilla. Estaba ansiosa por casarse con su guapo esposo. Desafortunadamente, él nunca apareció durante toda la ceremonia. Se convirtió en el hazmerreír de todos los invitados. En un ataque de rabia, salió con un extraño en su noche de bodas. Se suponía que iba a ser una aventura de una noche. Pero para su sorpresa, el hombre se negó a superarla. La persiguió incesantemente como si le hubiera robado el corazón esa noche. Camilla no sabía qué hacer. ¿Debería darle una oportunidad? ¿O simplemente mantenerse alejada de los hombres?

Capítulo 1 Lo más rebelde que había hecho

En la sala de guardia del hospital, Camila Haynes se estaba poniendo su uniforme de doctora.

Esa era la primera noche de su matrimonio.

No obstante, una colega le pidió que tomara su turno de la noche, y ella se fue directamente al hospital sin dudarlo.

Mirando su reflejo en el espejo, se enderezó la bata de laboratorio y sonrió con amargura. De todos modos, a nadie le importaba adónde iba ella...

De repente, la puerta se abrió violentamente, estrellándose contra la pared, y antes de que Camila pudiera mirar qué estaba pasando, escuchó el clic del interruptor de la luz; toda la habitación se volvió completamente negra ipso facto.

Asustada como nunca, tembló y se le pusieron los vellos de punta.

"¿Q-quién es...?".

Antes de que ella pudiera pronunciar otra palabra, la empujaron repentinamente sobre la mesa, y con un fuerte ruido, las cosas que estaban sobre esta cayeron al suelo. Camila pudo sentir la frialdad del filo de una navaja siendo presionada contra su cuello, y una voz extraña ladró:"¡Silencio!".

Una vez que sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, ella apenas pudo distinguir el rostro del hombre, aunque los ojos de este destacaban ya que eran agudos y fríos.

El olor metálico de la sangre llegó a los sentidos de Camila, y al instante, ella supo que ese sujeto estaba herido.

Tal vez fue por su formación como doctora que ella estaba acostumbrada a mantener la calma y la sensatez incluso en situaciones tan aterradoras y estresantes como esa, de modo que levantó sutilmente la pierna para intentar patear al hombre que tenía encima. Sin embargo, apenas ella se movió, él se dio cuenta y le presionó con fuerza la inquieta pierna hacia abajo.

"¡Lo vi venir hacia aquí!", gritó una voz a la distancia.

Entonces, Camila escuchó el sonido de pasos acercándose a donde ellos estaban; parecía que irrumpirían en cualquier segundo.

En un momento de desesperación, el hombre de repente bajó la cabeza y presionó sus labios contra los de Camila.

Con los ojos muy abiertos, ella luchó por liberarse del fuerte beso y empujó al hombre. Afortunadamente, él al menos no la lastimó con la navaja que empuñaba.

Tocándose los labios aturdida, ella era incapaz de entender lo que acababa de pasar.

De pronto escuchó el sonido del pomo de la puerta girando, y decidiéndose, apretó los dientes y envolvió el cuello del hombre con sus brazos. Sin dudarlo más, levantó la cabeza, y esta vez fue ella quien lo besó.

Luego le susurró con voz temblorosa: "Puedo ayudarte...".

El hombre tragó saliva audiblemente, y enseguida hizo su movimiento. Su cálido aliento le rozó contra el oído a Camila, y con voz era baja y sexy pronunció: "Asumiré la responsabilidad de esto".

Por lo visto, él la entendió mal. Es decir, Camila solo pretendía fingir...

No bien la puerta se abrió, ella gimió lo más fuerte que pudo, imitando los sonidos que había escuchado en los videos porno.

Por un segundo, el hombre se quedó atónito por lo fascinante y seductora que ella era.

Las personas en la puerta también se quedaron aturdidas cuando la escucharon.

"¿Qué carajo? ¡Aquí solo hay una pareja besándose! No puedo creer que hagan esto en un hospital".

La puerta se abrió un poco más y la luz del pasillo brilló sobre el cuerpo de Camila. El hombre movió su cuerpo de inmediato en un intento de bloquear la vista de esos ojos curiosos que acababan de llegar. En la penumbra, la gente de afuera solo podía verlos abrazándose y besándose.

"Ese definitivamente no es Isaac; él está malherido. y no tendría la fuerza para hacer esto sin importar cuán sexy sea la chica".

"Tienes que admitir que esta es muy buena haciendo sonidos de zorra".

"¡Cállate y muévete! ¡Si no podemos encontrar a Isaac, estamos muertos!".

Pronto el sonido de los pasos se desvaneció, por lo que el hombre supo que sus agresores se habían ido. No obstante, descubrió que no podía alejarse de la mujer, y se humedeció los labios mientras la lujuria le cegaba la razón.

Dado que la crisis estaba resuelta, Camila trató de alejarlo, pero justo cuando sus palmas presionaron contra el pecho de él, de repente pensó en su matrimonio.

Toda su vida había estado controlada por otros, incluido su matrimonio.

Su padre, un hombre gobernado por su codicia, la había obligado a casarse con un Johnston.

Su abuelo solía ser el chofer de Robin Johnston, el patriarca de esa familia, y como cosa del destino, murió salvando la vida de este en un accidente.

La pequeña empresa dirigida por su familia había acumulado una enorme deuda, y estaba al borde de la quiebra, pero su astuto padre sabía que si pedía dinero a los Johnston, no sería lo mejor porque estos ya no les estarían en deuda, así que ideó un horrible plan para que su hija se casara con Isaac Johnston, el nieto de Robin.

De esa forma, su familia por fin establecería una conexión más sólida con ellos.

Además, dada la riqueza de estos, ellos de seguro obtendrían muchos beneficios.

Por su parte, los Johnston no podían permitirse el lujo de rechazar la propuesta, o correrían el riesgo de quedar mal de una forma u otra.

Isaac estaba extremadamente insatisfecho con que hubiesen arreglado su matrimonio, por lo que le pidió a Camila que nunca le dijera a nadie que era su esposa y que mantuviera su apellido de soltera; nadie le preguntó a ella qué quería...

Para empeorar las cosas, el novio nunca se presentó en la celebración de su unión a pesar de que nadie ajena a las familias estaba presente.

Como consecuencia, Camila pasó sola la velada, con su rostro blanco como un papel;

¡ella se sintió muy humillada! ¡Y de ninguna manera lo aceptaría!

Tal vez fue por la tensión en el ambiente, pero los sentimientos de rebelión reprimidos de Camila de repente explotaron.

Su vida apenas valía la pena, ¡por lo que decidió resistirse a su destino!

Sin mucha resistencia, ella le terminó dando su primera vez a ese extraño.

Cuando terminó, el hombre la besó suavemente en la mejilla y prometió en voz baja y ronca: "Volveré a por ti". Tras lo cual se fue rápidamente.

Camila no pudo levantarse después de mucho tiempo, pues el hombre le había dado duro, y ella sentía la entrepierna muy adolorida.

En un momento, el sonido de su celular rompió el silencio.

Ella atendió, y una voz ansiosa llegó desde el otro extremo de la línea: "¡Doctora Haynes, emergencia! ¡Por favor, venga rápido!".

Ajustando su voz, Camila respondió con calma: "Está bien, ya voy para allá".

Después de colgar, se quedó mirando aturdida la pantalla.

Su ropa desaliñada y la sensación pegajosa entre sus piernas le dijeron que aquello no era un sueño; de veras sucedió, ella tuvo relaciones sexuales con un extraño la primera noche de su matrimonio.

¡Esa fue la cosa más rebelde que ella había hecho en su vida!

No obstante, no tenía tiempo para quedarse contemplando el asunto, pues un paciente la necesitaba, y apretando los dientes, se vistió lo más rápido que pudo y corrió a emergencias.

Camila estuvo ocupada el resto de la noche, y cuando finalmente regresó a la sala de servicio, descubrió que todavía esta estaba hecha un completo desastre.

Al recordar lo que había sucedido allí unas horas atrás, no pudo evitar pasarse los dedos por el cabello enredado con angustia.

"Gracias por hacerte cargo de mi turno, doctora Haynes", le dijo Debora Griffith, una colega suya, habiendo entrado con una sonrisa agradecida.

Forzando una, Camila respondió: "De nada".

"Yo me encargo desde aquí. Puedes regresar y descansar". Solo entonces fue que Debora notó el desorden en la sala, y levantando las cejas, preguntó con incredulidad: "¿Qué pasó aquí?".

Girando la cabeza para ocultar el pánico en sus ojos, Camila explicó: "Me tropecé y tiré las cosas de la mesa sin querer. Bueno, ya que estás aquí, me voy a casa".

Si bien Debora sintió que esta estaba actuando de manera extraña, no le importó, y encogiéndose de hombros, se agachó para empezar a recoger las cosas del suelo.

Justo cuando Camila se marchó, apareció en la puerta el director del hospital y el asistente de Isaac, Willie Calderon.

"Ella era la doctora de turno anoche, Debora Griffith", indicó el director.

Luego miró la placa con el nombre de Debora en su bata de laboratorio. "Señora, por favor, venga conmigo".

Debora levantó la vista confundida.

"¿Adónde vamos?".

"Ya lo verá, solo ven con nosotros", respondió Willie inexpresivo. El director del hospital, por otro lado, no estaba muy contento con la vacilación de la mujer, y jalándola con bastante fuerza, siseó: "No hagas esperar al señor Johnston".

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