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Por siempre Noviembre

Capítulo 2 II

Palabras:2013    |    Actualizado en: 30/05/2022

ía ni la menor idea de lo que esa bebida era. Mantuvimos ese conta

a, mientras seguía mirando mí cara – Noto có

ndí mientras el calor se acumuló en

eír. Yo no entendía por qué ¿Acaso se estaba burlando de mí? El solo hecho de

s? – Cuestioné u

–Me guiñó un ojo e inmediatamente me puse a la defensi

es apretados – No me digas, no creo qu

o escuchara – Pero solo necesité éste tiempo para comprenderte. Sé que bebes, pero sé que no conoces las bebid

o –Resoplé y mir

s y apretando tus muslos para que se vaya el dolor –No podía dejar de verlo, me tenía hipnotizada – Te

ijo era cierto. Me tenía intimidada y excitada como nun

déjame decirte que lo que has di

eída – En verdad te conozco, más allá

éste hombre al que apenas conocía me pudo leer tan fácilmente? Estaba a punto de deci

s? –Preguntó ella

acias –Respondi

a y conoce un Alfon

ocía Marco

a toda costa –Pues eso no te lo crees ni tú, salu

Marco

uando levanté la mirada, noté que él me miraba fijamente, con sus pupilas dilatadas, nunca había sentido algo similar, sen

se acomodó a un lado de mi – No porque tú lo

rozaban los míos con un hambre voraz, podía sentir la bebida en él, mordió mi labios forzándolos a abrirse, sentí su lengua dentro de mi boca excitándome, tuve que agarrar sus antebrazos para no irme hacía atrás. Quería que me besara más

Me preguntó como si nada hubiera pasa

iré y lo miré rápidamente, él

andó – ¿A qu

o en una

a, muy in

cas? – Respondí ign

algún día seré co

ensando lo engreído que er

nsigo lo que me propongo y por c

és tomó mi mano y nos retiramos del lugar. Pensé que era

otro sitio,

yo iba observando las luces de la calle y que casi no había gente a esa hora de la noche, después de un rato en el auto, Marco Antonio lo estacionó y nos bajamos. Caminamos a través de un parque pequeñ

, sí que era sorprendente, jamás pensé que alguien como él pudiera estar en un lugar como ese, u

sa donde pudiéramos estar tranquilos y donde podíamos conversar a gusto. Los músicos empezaron a toca

usta éste ambiente. Eres u

o, me encanta

a, mis gustos

ebidas. Después de terminar nuestra

u cercanía y su aroma delicioso envolviendo mis sentidos, me hacían desearlo, de una forma desmedida, en medio del abrazo, volteé al cielo, y vi las muchas estrellas y sólo pensaba, que román

la mano y buscamos una mesa, no había muchas opc

ura, éste es

gusta ésta mú

s tú –Me lanzó un

brio Marco Antonio –L

n el estacionamiento cuando él se detuvo al instante y me jaló hacia

digo de verdad, desde que te vi en las fotos de Leo,

solo una mujer – Le

mujer desaliñada, una mujer fascinante, que es ella misma

ir pero él puso sus dedos enc

solo sabía que tenía que besarte –

me besó, esta vez más intenso que la primera vez, abrió mis piernas de un jalón se colocó entre ellas, me tomó por la cintura, lo rodeé con mis pier

a, ¿Por dónde vives? – Preguntó

acababa de pasar lo

es de aquí. Todo

manos empezaron a subir acariciando mi cintura, me ayudó a alzarme para quitarme la blusa, una vez fuera él dejo salir un silbido de admiración y desabrochó mi sujetador dejando al descubierto mis pechos entonces empezó a masajearlos, dejé salir un gemido. A tientas empecé a

alones tocando mis bragas cuando alguien tocó, los vidrios del Volvo. Nos quedamos congelados, él me dejó de b

o hablando tranquilamente con alguien por teléfono. Después de unos minutos el oficial nos dejó ir sin decir nada, ¿Quién

teme, te abriré – Se bajó y rod

o – Apenas me bajé, me

cine –Entonces se alejó de mi mientras decía Buenas no

í, me di la vuelta, abrí l

í a mi recámara, a soñar con él y con qué me hacía maravillas. Pero sin dejar de pen

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