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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!

Capítulo 3 Una casa dividida

Palabras:1600    |    Actualizado en: 05/11/2026

a Avery durante

serenidad con la que hab

o, no hizo

hacia las manos antes

quizá podríamos reunirnos con los abogados y

una p

ar a que nazca el bebé pa

na sola tarde. Habría documentos, trámites legales

bable era que todo quedara resuelto p

de Adrian n

ú quien de

jante. No admi

limitó

tie

ayecto transcur

*

privado a las afueras de Londres. Era una elegante propiedad de e

é Catherine Blackwood había insisti

bé es u

e Catherine

cia tan ma

wood soltó un

ia lleva décadas inv

los Blackwood estaba c

a dos hijos. El mayor ya era padre de gem

co hijo del hijo

era niña nacida en la famil

as podía conte

equeña ya nos ha t

a su

ado de maravilla desde q

drian, que rara vez se mostraba afectuosa

idades

agradeció

día perf

ilidad no er

ara e

joyero de terciopelo. En su interior descansa

ahora te

podría a

de que Catherine respondiera-. Si la abuel

ras fuero

ono,

zó una lev

ias,

la mano y se la

, descansa y danos

ha

*

a la cena cuando sonó

miró hacia el interior a través de las puertas francesas

cambi

mperce

o había vist

a, A

calidez que jamás ha

partó l

al otro lado de la línea. Solo

pes. Iré. No

lg

la casa, encontró a A

das se c

areció de su ros

er Adrian

r

erv

tan

ligó a habl

te estaba

ntimiento y pasó a su lado si

edó sola en

nto invernal pare

compren

a hijos con la mujer a l

sería un pad

*

e reunió con sus ab

erró la pue

e matrimonio no

guardó

ulta, dulce y está entregada a esta familia. El matrimonio no s

de Adrian se

wood tomó

. Si te divorcias ahora, darás p

azó la

l, no hay motivo para precipitars

ine as

Después habrá

silencio, Adrian

tie

caba que estab

podía

*

ra aquella noche, Catherine

ída

ha

a cos

e volvió

ta familia implica

a estudió c

o nunca me impidió asistir a acto

onrió con

misma solo porque es

el mensaje

Le recordaba que, en su mundo, las aparienci

tie

ella

ía de

ra llamar la ate

dispuesta a desaparecer b

**

e ocurrió al

volvió

leer en el salón cuando oyó

ista, sor

ú.

ido dem

unto a ella, se a

arme algo para e

ó las escaleras y desaparec

inmóvil durante

igió en silenc

su lado una taza humeante de ca

quiera levan

rto de documentos y no ap

aci

ples pa

a m

ió sin mo

an bajo el m

endo en mund

suite principal de

o de los dormitorios de in

*

el personal de la cas

seguida que al

dispuesto

guían donde lo

estaba en

la quien se ocupab

ió el

e está

de llaves principal, so

n y, aun así, nunca está satisfecha. Solo es un embarazo. La señora Blackwood tuv

de Adrian s

le qu

puesto,

*

mpió en el dormitorio

sofá, Avery le

aro que todos debían l

rris ignoró

ackwood la e

uso de pie

iró directamente

ortamiento porque qu

o perdió

d. Si alguien de esta casa vuelve a tratarme

s se quedó mirá

ery callada a la que

lencio ten

no se está

*

comedor, Adrian ya iba

varios asiento

irada a su vientre abu

años trabajando para esta familia. No

vo a punto

la difíc

alzó la

ada, Avery. No

ara con suavidad

ieren no quedarse, son libres de volver a la mansió

a ci

e que Adrian no

u propia h

solo fingía atenderla cuan

frunció

rmando, no pid

ajó la

o qu

ás de lo que habría podido

nó al personal que dejara

arreglárse

a ha

la decisión s

ortaba

os, pronto s

*

ñana, condujo hasta

London, donde el profesor Jam

s jóvenes de la universidad en las áreas de economía y finanzas conductuales. Su trab

frente a la puer

iró

ll

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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
“Una gélida tarde de diciembre, Avery Collins, embarazada de veinticinco semanas, entra en una pastelería con antojo de algo dulce. Pero lo que encuentra es a su marido, Adrian Blackwood, el frío y brillante director ejecutivo de Blackwood Capital, compartiendo un momento íntimo con otra mujer. En ese instante, Avery por fin lo comprende. Hay personas que nunca serán tuyas, por mucho tiempo que lleves amándolas. Lleva ocho años enamorada de Adrian, desde mucho antes de que él siquiera supiera su nombre. Un error de una noche, un embarazo inesperado y una boda impuesta por la presión familiar convirtieron su sueño en una prisión. Mientras Avery lo daba todo por su matrimonio, Adrian estaba convencido de que ella le había tendido una trampa. Así que decide dejarlo ir. Tras dar a luz a su hija, Avery toma la decisión más dolorosa de su vida. Sabe que jamás podría vencer a la poderosa familia Blackwood en una disputa por la custodia, así que deja a la niña al cuidado de Adrian y se marcha a estudiar a la Universidad de Stanford. Solo se lleva una fotografía de su bebé y encarga a su abogado que tramite el divorcio. Cinco años después, Avery regresa convertida en una periodista financiera de renombre mundial: hermosa, brillante e irreconocible. Entonces, su abogado le da una noticia que la deja atónita. Adrian nunca firmó los papeles del divorcio. -Dice que, si quiere divorciarse... tendrá que pedírselo en persona. La respuesta de Avery es tajante. -Entonces dígale al señor Blackwood... que nos veremos en los tribunales. Cree que con eso el asunto está zanjado. Hasta que una niña desliza su manita entre sus dedos. -Señora bonita... ¿quieres cenar conmigo? Avery alza la vista y se encuentra con la mirada firme de Adrian. -Señora Blackwood -dice él en voz baja-, nuestro divorcio puede esperar. Y cuando la niña susurra: «Por favor, no vuelvas a dejarme...», Avery comprende que la única batalla que creía haber ganado apenas acaba de empezar.”