die lo del relic
necesitaba verlo sola. Me estudió la cara un largo instante, luego s
de que murió", dijo. "No pude.
qué la g
parte de esta casa qu
lave sin
s de vidrio cubrían las paredes, etiquetados con su letra inclinada y prolija. Un único sillón de le
empecé
entro había un pequeño diario de cuero, agrietado por los años, atado co
o confíes en la familia Rooke. No confíes en el Pozo.
eló la
osy aún no había nacido. Yo ni siquiera había con
tinta, dibujada de su puño. En el centro había una g
a hija de la guardiana del Pozo puede destruirlo. Y Lucan R
erta
mbral con una taza de té en cada mano, como un hombre
iario. "¿L
ber
Rooke querí
nto tiempo que pe
n. "Pero sé por
iré
ndo. "La noche antes de nuestra unión, Lucan Rooke vino a mi despacho. Dijo que tenía treinta lobos armados fuera de la guardería. Nueve n
ación se
ía arreglarlo después." Le temblaba la voz. "Así que me paré en esa tarima y dije lo peor que he dicho en
habérme
o
n! ¡Habríamos ido con los ancia
o un paso hacia mí, y se detuvo, porque me estremecí. "He pasado seis años
e golpearlo. Quise,
as páginas del diario con manos
perdono
e lo
te c
miró como si le hubiera pu
cerca para oler el humo de pino en su piel. Sus dedos se alzaron, y quedaron suspendidos
nas de la casa de la man
ó desde el ala de la guardería, agudo y cortante, y yo c
", su
rr
s en el umbral, grandes, grises y gruñendo, con un cuarto ya alargando la garra hacia la cama donde mi hija esta
ro de mí
o y glorioso cuando mi loba salió de su jaula de seis años. Salté sobre el primer atacante en el aire, un relám
con las fauces. El tercero fue hacia Posy, y Torin, ya transformado, enorme
menos de
do y jadeante, y arrancó la máscara del cuerpo más cercano. Yo seguía sobre la cama
ijo el rostr
surró. "
cosido en mi mesa dos noches antes
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