estaba completamente equivocado. Para Renata, aquello no había sido más que un leve calentamiento. Ella no era de las que
una luz cálida filtrándose por los ventanales de la sala. Parecía que la paz finalmente había toc
a era sagrada, casi matemática: tres minutos de estiramiento, una mirada rápida al periódico digital y su acostumbrada taza de café espresso doble, cargado y sin u
ristal de la cafetera italiana inteligente -un aparato importado de última tec
n un color verde brillante y, de repente, una musiquita alegre, parecida a l
frunció
a fresa y vainilla que inundó la cocina en un segundo. Para colmo de males, la pantalla de la máquina desplegó un mensaje en letras mayúsc
cía en la mano, viendo cómo el menjunje r
? -refunfuñó, dejando la ta
al refrigerador de doble puerta para sacar el paquete de grano colombiano que guardaba e
ta ni s
iso. De pronto, un pequeño panel digital disimulado en el marco de la puerta se encendió, emitiendo un sonido seco y mostrando una
ián, perdiendo la pa
jó oír un chasquido electrónico y la puerta de cristal se deslizó sola hacia un lado, dej
ma, impecable, peinada como para una portada de revista y sosteniendo en la mano su propia ta
y saboreándolo con un descaro absoluto-. Veo que ya descubriste el nuevo
afetera que seguía sonando con l
era? ¿Y por qué diantres no
por la productividad, pero te olvidas de la salud. Tanto café amargo y tanto estrés te van a dar una úlcera antes de que terminemos el primer
do un paso hacia ella-. No voy a ir a una reunión con
n asumí la administración de una sección del departamento. Tú te quedaste con el aire y la ilumin
ano a la alacena para agarrar al menos las almendras, pero en cuanto su brazo cruzó el marco, un sensor
con una sonrisa maliciosa-. El sistema detecta niveles ele
le el gusto de verlo perder los estribos. Ella había estudiado cada uno de sus movimientos, sabía
maletín de la mesa de la sala y caminó hacia la puerta de salida. A
Mañana la junta directiva nos asigna las oficinas en la nueva sede neutral. Disfruta
aza de café en forma de brindis-. Y no te olvides de pro
todo el penthouse, mientras daba otro sorbo a su café. La primera batalla por el departamento l
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