rimera noche duró exactamente lo que tardó en salir el sol al día siguiente. No había gritos ni platos volando por los aires; lo de
ortivo negro, el pelo recogido en una cola alta y sus audífonos puestos. Sin embargo, en cuanto puso un pie fuera
asillo marcaba unos escandalosos doce grados centígrados. La
-murmuró Renata, frotánd
zonables veintidós grados. Tocó la pantalla una, dos, tres veces. Nada. El panel emitió un pitido rojo y mo
fano de hospital, se apagó de golpe, dejando el departamento a oscuras, salvo por el destello
itaba ser un genio de la tecnolog
ris oscuro, ajustándose el reloj de pulsera mientras le daba un sorbo tranquilo a una taza de café negro que echaba humo. Te
s y los dientes castañeteando ligeramente-. ¿Se puede saber por q
xasperante, le dio otro trago a su taza y la miró com
ad que revisé anoche, las temperaturas bajas mantienen el cerebro alerta y aceleran el metabolismo. Ad
olpe seco sobre la barra-. Tengo las manos congeladas y ni siquiera puedo encender la c
alla-. Como la cuenta maestra del departamento está vinculada a mi nombre y mi tarjeta corporativa paga l
la música de la bocina inteligente del techo empezó a sonar: un tema d
a descolocarla, cansarla mentalmente para que cometiera un error en la oficina o para que terminara empacando sus cosas y
que superaba en frío al propio aire acondicionado-. Te crees muy
n su maletín de cuero-. Me voy a la oficina. Te dejé la luz del pasillo
de la entrada para abrir el cerrojo digital, pero la puerta no emitió el habitual chasquido de liberación. En su lugar, el indicad
ió a poner la huella en el sen
la cocina, sosteniendo en su mano derecha el pequeño enrutador principal de internet del d
súper cuenta de administrador no puede comunicarse con los cerrojos de la casa. Y como la puerta principal funciona con cierre
ompleto. La serenidad de ejecu
so hacia ella con la mandíbula apretada-. Tengo una r
dos-. Así que te sugiero que agarres tu tableta, le devuelvas la temperatura normal al departamento y me des acceso completo de usuario a las luces y a
menaza. Vio en los ojos de Renata que no estaba respondiendo por impulso; estaba ju
par de veces y, en menos de tres segundos, el aire helado se detuvo
a por el coraje contenido-. Tienes acce
vuelta en el aparato, la puerta del recibidor hizo un chasquido liberado
ido socio -le gritó Renata desde la entrada, vy le acababa de quedar claro a Damián que su flama
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