e la tarde, el sonido del cuerno de combate retumbó desde la torre central, convocando a todos los miemb
al patio, vio a decenas de personas caminando en la misma dirección: guerreros, familias completas y trabajadores de las distintas áreas
gnia de la casa de su padre. Pocos segundos después, Damian subió los escalones de piedra y se colocó en el centro del estrado, al lado
anteniéndose al margen de los demás asistentes. A su lado, varios miembros de la man
no derecha para pedir silencio. La gente dejó de habl
ritorio depende de la fuerza de nuestras alianzas y de la disciplina dentro de nuestras fronteras. Tras los eventos de la noche de ayer y l
a Damian. Este caminó hacia el borde del estrado
con tono seco y directo-. Sin embargo, para que el liderazgo de la manada no tenga divisiones ni dudas, debem
ultitud, los consejeros asentían con la cabeza. Sienna
lta, nombrándola directamente
ara dejarle el paso libre hacia la zona central. Valeria no dudó ni mostró vacilación; caminó a paso const
-, tu presencia en el territorio central ya no es conveniente. Tu falta de linaje y la debilidad manifiesta de tu loba no aportan al crecimiento de nu
filas traseras de la multitud, p
e Plata -agregó Damian sin alterar el tono de su voz-. Tienes dos horas para recoger tus pertenencias personales y abandonar lo
ose junto a Damian. Miró a Valeria desde arriba con tra
eden aportar al bienestar común -comentó Sienna brevem
os guardias que ya se posicionaban a los lados del estrado para supervisar el cumplimiento de la orden. En su interior, la presenci
la orden, Valeria? -pregun
clara y neutral, lo suficientemente alta par
r concluida la interacción y girándose hacia los consejeros p
spersarse en distintas direcciones; algunos regresaron a sus puestos de trabajo y otros se quedaron
dera y tomó un saco de lona gastado que guardaba en la parte inferior del armario. Sacó de la cómoda dos mudas de rop
dera que contenía algunas hierbas secas para infusiones; lo tomó y lo guardó en uno de los bolsillos laterales de la
tegerse del viento fresco de la tarde y se ajustó la correa de la lona sobre el hombro derec
salida de servicio se encontraban dos guardias jóvenes de la patrulla de Damian,
al -dijo uno de los guardias sin rodeos-. Los puestos de co
do -dijo
casona y se adentraba en el bosque. A sus espaldas, la actividad en la casona principal continuaba con
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