, un dolor agudo y punzante se extiende por mi mejilla izquierda, donde me golpeó con la palma de la m
todas las fuerzas que me quedan solo arrastrar los pies hasta el borde del colchón. Me da vueltas la cabeza. Hace menos de veinticuatro
a su hab
lón en ese sonido que
a has encerrado? No
ello dolorido, haciendo una mueca de dolor cuando mis de
de náuseas frías me invade. No solo me tiene encerrada; está reescribiendo la realidad, haciénd
. «Vale, no hay problema.
ida que se alejan de mi puerta, y pront
n de invitados aislada. Pero la idea de que una mujer desconocida camine libremente por la casa que
odillas bajo el camisón mientras me invade una oleada de mareo. Parpadeo con fuerza, agarrándome a
asillo. Está vacío. Echo un vistazo hacia el otro extremo, pero sigue sin haber ras
ta la res
ces. Primero me llega la risa de la mujer, seguida de la voz grave de Nathan. No consigo entender lo qu
, sus voce
después, o
uelve el
e llena de un miedo frío y creciente. Él es capaz de dejar a un lado su violencia en un instante, de fingir ser un hombre normal y encantad
casi tan rápido
es oig
th
ndo para que no me haya oído. Me cuelo dentro y cierro la
etie
diviso a Nathan de pie al borde del pasillo. No se mueve. Mantiene la mirada fija
uerte que estoy segur
tensión, por fin se da
desplomo hacia atrás sobre el suelo de mi habitación, y mi espa
o que no quieren que yo sepa. No le he
u relación, vo
e de lo que me pasó ayer. Vuelvo a escabullirme, dirigiéndome directamente al estudio de Nathan, donde sus voces se había
la que dice «no eres tan lista como cr
o. -Se hace a un lado, dejando al descubierto a la mujer s
ijamente. El dolor en mi cuerpo vuelve a hacerse intenso de repente, junto con la desagradable certeza de sab
e late sordo donde me golpeó con la palma de la mano.
ona. «Es mi secretaria. Se encarga de lo qu
-demasiado agotada por todo- como pa
nrisa radiante y ensayada. Pero cuando sus ojos recorren mi rostro, percibo un f
fin». Inclina la cabeza. «Sinceramente, no cr
po de mentira está contando? ¿Cómo puede quedarse ahí y fing
acilación antes de que se recomponga. Echa un
oy ya. Tengo que probar algunas cosas e
ta. Una repentina oleada de mareo, provocada por mi agotamiento persistente, hace que la
resa de Nathan. Es lo que podría haber dentro lo que me llama la atención. Pero Nathan me mira,
z rebosante de falsa preocupación-. ¿Quieres contarle a María lo que
como si realmente le imp
rrándome el brazo con un agarre repenti
echo; estoy totalmente desprotegida, completamente a su merced. El puro instinto de supervivencia toma el control, y
pasillo queda en
animal al que ha golpeado tanto; un animal que se encoge y se acobarda ante cualquier movimiento brusco, tan completamente destrozado por el maltrato que incluso el maltratador s
Baja la mano, sin apartar la mi
i lo hiciera, aún así me alcanzaría.
e en el patio. Miro por la ventana. Veo a Nathan marcharse en su coche. Qué rápido. Creía que había dicho que sería mañana, pero
un salto -esta es mi oportunidad-; luego abro la pu
e aparece alguien de la nada, de pie
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