dejar de forcejear. «¡Me has traído a t
rte en la li
eres que tengamos sexo en la limusina? ¿Crees que ser
vo. «¡Aléjate de
Z
anos, la mesa fría, su voz, mi cuerpo demasiado pequeño y débil para detenerle. En algún momento
do con dificultad. No me muevo. No puedo. Luego se l
rasgado. Siento sabor a sangre en la boca.
como un fantasma, d
abarrotada de demasiados pensamientos, demasiadas preguntas, demasiado dolor. Cuando por fin termino, me seco, me visto y voy directamente a su habitación, pero él no está allí. Me detengo en el pasillo. La casa está en silencio. L
gancho cerca de allí. La ventana que hay sobre el fregadero da al jardín. Llevo dos días en esta casa y ya estoy descubriendo sus secretos. Coj
ga mesa del comedor y me qued
cho tiempo porque el recuerdo de su mano golpeándome la cara me atraviesa la mente, y mi m
ermana está bien. -El c
uja en sus labios, pero no dice n
las gracias? -dice al
rédula. «¿A
i». El tenedor permanece e
... todo se hace añicos. Se me corta la respiración y, por un instante, siento que las
as por haberme forzado?», p
a no se d
la voz aún temblorosa. «O me suicidaré». Sa
jos mientras la mira con una mirad
r sobre el plato deliberadamente y sigue comiendo, como si mi amenaza no signifi
atrás y se levanta. Mis pies se mueven antes de q
bien o me cor
comedor, hace un pequeño gesto con la mano y uno de los guardaespa
irada en mí y m
i hermana resuena a través del
es
pregunto, con la voz apenas firme. Me acerco a Nathan, intentando alcanzar el teléfono,
o
eve los lab
n los ojos con evidente repugnancia. No me va a da
estás bien». Me cuest
ien, Crystal.
esión fría y me lanza una
bien,
atraviesa el corazón mientras ella
o tiempo te vas a q
ella. «Nathan dice que puedo quedarme todo el tiempo
rietan alrededo
inúa. «¿Quieres que vuelva con
ra a la fuerza. «So
alvo. No t
s ojos un
s. Nathan es un alma tan dulce.
ente las cejas, como
ro co
me voy ya. Mi prog
e, esp
ta la
paldas me agarran por los hombros desde atrás. Me había olvidado por completo del cuchillo. Me agarra la otra mano y
ndome cuando Nathan llega a mi lado. Su mano se cierra al
puedes asustarme con ese cuchillo...
endo, incapaz de respirar con normalidad
tu herman
elo de la casa de Nathan, por fin comp
u guardaespaldas siguiéndole los pasos.
sobre la mesa sin mirarme y, cuando levanto la vista, lo veo
, digo en
lan ligeramente las manos mientras ajusta el plato, y
e nada, pero como de todos modos. En silenci
gil. Inútil. Incapaz de cortar nada. Esto es lo que me ha valido mi amenaza:
ba muriendo, su voz se había vuelto tan débil
yst
aquí,
dirigieron
lla. Pase l
prom
da. Lo entiendo: no solo soy prisionera de Nathan. Soy la carcelera de
golpe en
o es el golpecito vacilant
e: lento, delibe
ta, con el corazón a mil. Sea quien sea,
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