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Rechazada por él, deseada por su rival

Capítulo 6 Seis

Palabras:1108    |    Actualizado en: Hoy, a las 00:32

de vis

s que voy a

a solo prepara comida pa

as reglas

s m

segundos. Después se acercó

el hombre. Lo hacía

era

i t

las gracias?

pantuflas de ayer

de las dos c

no. Por las pantuflas ya te di

hubiera estado a punto de sonreír y d

s cuentas

ré el dinero de toda una familia: cada favor concedido, cad

mucho

de la cocina-. Lo más difícil es cuando el du

ntes de que pudiera cont

na cocina, no una ofi

-repuso él-. La cocina

izo un

se echó

ve, áspera y auténtica. La primera que le

Entonces no

él descansó

ie

de fruta cortada que Eira no había pedido. Ella comió sin fingir delicad

bos no le exigía rep

volvía

cuenta, el Alfa Killian exte

tó y puso su t

N

ueó la

a -le recordó-. No est

a, se reclinó

ju

vo, pagar una sopa le produjo una satisfacción

lian no se levantó precipitadamente ni

itó a

hes, señori

ches, seño

l se volviero

icó una son

lo llamó je

ente, Eira regres

uerta y qu

el sofá. Llevaba una pr

había queda

había cocinado un solo día en toda su vida y, s

rozaba l

ante la remodelación, había rechazado una cocina abiert

etrás de una puerta cerrada para asegurars

lla regla solo s

Estaba radiante de orgullo-. ¿Ahora lo entiendes,

n excesiv

en utilizó hasta

a permitir que las

tituta.

-. ¿Vas a pedirle que

desconcierto atravesó

u expresión altiva y

lo es cuesti

. Ade

seaba de verdad que él fi

esta. Quedó inmóvil, incapaz

ó de la cocina con una taza humeante d

de que ella pudiera preguntar-. Le estoy

Probablemente era la primera vez que soste

o me

e que

entregó la

a almohadilla té

tanto que apenas

Sus labios se curvaron como si est

mas grac

aza. Serena alargó

geramente y unas gota

fue

ciente té para causarl

le hubieran arrojado aceite hirviendo. Retiró la ma

abía sido dem

e habría provocado

y.

a. Le sujetó la muñeca para examin

ha p

ano -contestó Eir

le c

Las escasas gotas de té continuaban sob

ó a Eira co

ste a pr

inco p

ntas. Sin

cidió que la c

n toda calma. La cerámica produjo

ebastian, Serena

tian... No me

ló en el mo

y abrió el último resquicio de du

nó como una sente

no se

que te d

ndos, el aire pe

a orden en boca de Sebastian le pare

-. Diré que

de él se rela

la taza que acababa de dejar. Tod

Ei

e inco

el té sobre el

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Rechazada por él, deseada por su rival
Rechazada por él, deseada por su rival
“-No tiene loba ni familia. Es inofensiva y me resulta útil. En cuanto deje de necesitarla, el título de Luna será tuyo. Eira Crawford escuchó esas palabras al otro lado de la puerta del despacho de su esposo. Durante cuatro años había sido la esposa secreta de Sebastian Hale. Se ocupaba de la casa, atendía a su familia y resolvía todos los problemas que él dejaba a su paso. A cambio, Sebastian le daba tres mil dólares al mes como si le estuviera haciendo un favor. Hasta para comprarse un abrigo nuevo tenía que darle explicaciones. Sin embargo, no dudó en destinar trescientos mil dólares a financiar la investigación de su primer amor. Para Sebastian, Eira no era más que una Omega huérfana que ni siquiera tenía loba: una esposa dócil y discreta, sin manada, sin poder y sin ningún valor más allá de lo que pudiera hacer por él. Nunca la había presentado en público como su Luna. Su familia la trataba como a una criada, y su amante se burlaba de ella por depender de un Alfa para sobrevivir. Entonces Eira dejó de llorar. Grabó la infidelidad, solicitó la disolución del vínculo y puso los documentos del divorcio frente a Sebastian. Aun así, él creyó que solo intentaba llamar su atención. Firmó sin siquiera leerlos, convencido de que volvería arrastrándose en cuanto comprendiera que nadie querría a una Omega rechazada y sin loba. Pero se equivocaba. La mujer a la que había dejado en casa lavando platos era una ingeniera eléctrica graduada en Stanford. La esposa «inútil» a la que nunca prestó atención era, en realidad, la ingeniera jefe detrás de un proyecto nacional ultrasecreto para desarrollar tecnología de chips. Todo lo relacionado con ella era información clasificada. Su desaparición bastaría para alertar a las autoridades federales y, cuando su identidad saliera a la luz, su nombre sacudiría a toda la comunidad científica. Sebastian no sabía nada de eso. Después de abandonar su casa sin llevarse más que su libertad, Eira se cruzó con Killian Sterling, el Alfa más frío y poderoso del norte. Él aún no sabía quién era ella, pero su lobo reconoció algo que todos los demás habían sido incapaces de ver. Mientras tanto, Sebastian comprendió por fin que Eira hablaba en serio. La buscó desesperadamente por toda la ciudad. Por primera vez en cuatro años, la reconoció públicamente como su esposa. Le exigió que volviera y le rogó que le diera otra oportunidad. Pero Eira ya no estaba en casa esperándolo. Ahora ocupaba un lugar en la mesa de la manada Sterling, serena y segura de sí misma, mientras el Alfa más temido de Norteamérica permanecía a su lado. Ante la mirada de todos, Killian Sterling posó una mano sobre su espalda y declaró con frialdad: -Eira no es la Omega que alguien desechó. -Es mi Luna.”