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sa de troncos, con una taza de té ya fría entre las manos, la mirada perdida en el bosque que bordeaba la propiedad. Diez años. D
el sur, el claro donde, en otros tiempos, toda la manada se reunía para celebrar nacimientos, uniones, noches de luna llena t
Ma
iete años, con el cabello tan oscuro como el de su padre, estaba de pie en
Solène-. El tío Broderick quiere que
ó, dejando la
e de que cada transformación transcurriera sin incidentes. El momento en que, en otros tiempos, Fadine se erguía en el centro del círculo, alfa ind
u voz calma atravesando el pánico que amenazaba con desbordarla. *No estás sola, Armande. Yo estoy aquí. Siempre e
e nunca había tenido la envergadura de un alfa. La manada lo sabía. Armande lo sabía. Y ella pagaba el precio cada
a Broderick reuniendo a los jóvenes lobos cerca del claro, dando instrucciones con esa voz un
iensas en
an, su cuñada, acababa de aparecer a su
hablas -resp
con aire fingidamente despreocupado-. Diez años, Armande. Diez años mirando ese bo
era enojo contra sí misma, contra esa parte de ella que nu
or fin, con voz baja-. Pensaba q
ostumbre-. Pero eso no le disculpa el habernos dejado solos durante diez a
que ya entrenaba para controlar su fuerza junto a los demás jóvenes de la manada, esqu
que tarareaba por las noches antes de que se durmiera. Armande había tenido que ser ambos padres a la vez: la que le enseñaba a su hija
as un momento-. Broderick
scamente hacia ella.
manada de Blackridge. Pi
viejo conflicto territorial que se remontaba generaciones atrás, exacerbado desde que su propia ma
a debilida
cruzó los brazos-. Broderick hace lo q
lfa al frente, eran vulnerables, y Blackridge probablemente solo esperaba el momen
namiento estaba en pleno apogeo. Solène, al verla acercarse, dejó escapar un gruñido de concentración esquivando el
sonrisa orgullosa a pesar de la inq
ándose el sudor de la frente. -
e lo acaba
o. -No sé cuánto tiempo más podré mantener unida a esta manada, Armande. Necesita
es, Broderick. Nad
en la que ella miraba cada mañana desde hacía diez años-
rizado ante la idea de volver a herir a quienes amaba? ¿Que su partida, por dolorosa que fue
ène terminar su entrenamiento bajo la vigilancia de Broderick. Cruzó la sala s
o
húmeda, lluvia, y algo más profundo, más animal, grabado en su memoria
e volvió lentamente hacia la puerta-ventana del jardín, entreabierta, la cortina ond
l límite entre la luz de la casa y las tinieblas del bosque -una postu
rave, la que había creíd
ientras diez años de dolor, ira y amor reprimido subían de golp
había r
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