xhibían pinturas abstractas que la mitad de los presentes pretendía entender solo para parecer cultos. Luces doradas colgaban del techo
su mente no estaba en la exposición de arte. Mientras saludaba con sonrisas ensayadas a varios socios de su difunto padre, por dentro traía un reloj marcándole
ercándose a ella-. Tu padre siempre apoyaba estos eventos. Una lástima
ó ella con la amabilidad justa antes de dar un sorbo discreto a su copa de agua con gas. No
rovechó para acercarse a uno de los ventanales laterales. Sacó su teléfono disimul
ián Ares. Confirmado en
os; había ido a cazar. Sabía que la empresa de ciberseguridad de Adrián estaba pasando por una mala racha tras rumores
El murmullo de las conversaciones bajó de tono cerca de la entr
volteó d
misa abiertos con una elegancia natural que rayaba en la arrogancia. No traía sonrisa ni saludo para nadie. Caminaba con la postura firme de quie
lática, pero Adrián los despachaba con apenas un asentimiento de cabeza y un par de palabras sec
irección con paso tranquilo, ajustando su postura para quedar a su la
esconder dinero, ¿no crees, Ares? -soltó Valeria con voz clara y neut
ctamente que ella estaba ahí antes de que hablara. Luego, giró la cabeza
sarcasmo-. No sabía que le interesaba la pintura. Pensé que su única
ojos con una sonrisa helada-. Aunque me extraña verte por aquí. Con todos los rumores que corren sobre l
rraron apenas un milímetro, revelando que la puñalada había tocado un
ás cerca de ella y bajando la voz para que nadie alrededor pudiera escucharlos-. Ares Cybersecurity está más
e estatura del hombre-. Simplemente me gusta saber qué pasa con las piezas importantes del tablero. Si tu em
ganas, y se cruzó de brazos mientras
uricio anda rondando tu escritorio como un buitre impacie
ó que se le notara en la cara. Se acomodó un mechón de cabello
ella en tono firme-. Yo no pierdo el control de mis propiedades, Adrián. A dife
idente que el aire a su alrededor parecía volverse pesado. Eran dos depredadores mid
do otro paso adelante hasta quedar a pocos centímetros de ella. El olor a su loción, una mezcla de madera y especias, envolvió a Va
ella sin pestañear, mirándolo directo a los labios por un segundo antes de v
esa actitud desafiante. No era una mujer común; no se asustaba con su presencia ni se dejaba intimidar por s
ijo él finalmente, dando
a con serenidad-. Y si tienes diez minutos libres mañana po
as cejas con gen
orp quiere contratar mi
dad y recuperar el espacio-. Quiero hablar de un negocio mucho más
o de cabeza, giró sobre sus tacones y se alejó entre la multitud co
ltimo sorbo a su vaso de whisky, sintiendo aún el sabor amargo en la garganta y la
ara sí mismo con una sonrisa de lado-. Vam
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