ocante. En el piso más alto, la luz de la oficina venía únicamente de tres monitores gigantes montados sobre el escritorio de Adr
ado el saco hacía horas y llevaba las mangas de la camisa negra dobladas hasta los antebrazos. Frente a él, las
o la empresa de ciberseguridad más respetada del mercado. Si los servidores de un banco caían o si un magnate temía un chantaje digital, la f
o que la pantalla del centro se tiñer
en voz baja, incorporándose
perforar el primer muro de contención de la empresa. No era un ataque común de hackers aficionados buscando notoriedad, ni tampo
astrear la ruta de acceso. Las líneas de d
tivo... -dijo para sí mismo, apretando los
una red fantasma escondida en servidores extranjeros. La firma digital que acababa de abrir la puerta pri
rsecurity estaba vendiendo l
orativo le bastó para llamar a su h
staron al otro lado de la línea-. Bloquea los accesos físicos a la sala de servidores
o? -preguntó Marcos, con la vo
icomiso y está copiando la base de clientes clave. Haz lo que te
uso que intentaba vaciar los archivos más confidenciales de la firma. Si esa información salía a la luz, el valor de su empresa caía a cero e
o sus propias huellas a medida que avanzaba para parecer un simple fallo técnico.
vista fija en la pantalla, donde una barra de progreso indi
ó meterse en el mismo canal de datos que el atacante. Empezó a soltar líneas de código señuelo para acorralar la t
o se desviaban ni un milímetro de la pantalla. El
conocimiento escalofriante de las debilidades de la empresa. Quien estuviera detrás de eso no solo tenía acceso a los servidores,
ra de descarga se detuvo en seco al ochenta y nueve por ciento y la pantalla volvió a
íticos, pero el daño colateral ya estaba hecho: la brecha había dañado varios módulos del sistema defensivo y la
amente a la terminal de la vicepresidencia de operaciones, el área que manejaba
s pensamientos. Marcos entró a la oficina a toda pris
s últimas dos horas como pidió, pero los registros de la planta del servidor tiene
ntanal y miró hacia la ciudad en penumbras-. No fue un accidente ni un grupo de h
filtración, las acciones van a caer por los suelos mañana por la mañana
dijo Adrián con un tono rotundo que no admitía discusiones-. Limpia el rastro en los servidores públicos y pon a
o, señor.
ado de la avenida, deteniendo la vista por un segundo en l
nten dar el segundo golpe -respondió Adrián acomodándose el reloj en la muñeca-. Quienquiera que esté jugando a las
era grave y el dinero para reforzar la infraestructura se estaba agotando rápido debido a la presión del mercado. Necesitaba una
a teñir el cielo de un azul profundo. La guerra por el control de la ciudad
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