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Poder Absoluto

Capítulo 3 La fiera de la capital

Palabras:1434    |    Actualizado en: 10/09/2026

a de café recién pasado y tensión. Esteban no se molestó en cambiarse la chaqueta de cuero ni en limpiarse las botas, q

Su secretaria, una señora madura que llevaba veinte años en la empresa, estaba parada j

la oficina presidencial-. Llegó hace media hora. No quiso esperar en la recepción. Entró, pidi

por el cuello. Empujó la puerta de madera pesada de un solo golpe, sin t

e le quedaron atora

ía una elegancia afilada que parecía fuera de lugar en esa torre vieja. Llevaba un traje de saco y pantalón en color azul marino, de un corte impecable que denotaba dinero y poder sin necesidad de lleva

, fríos, analíticos, y lo miraban por encima de una tablet ejecutiva con la misma ser

o era chillona ni prepotente; era suave, pausada, pero tenía

se al otro lado del escritorio. Apoyó las dos manos sobre la madera, inc

la voz raspada por el polvo de la planta-. Y en este edifici

uido seco y cruzó las manos encima del mueble, mirándolo de arriba abajo. Se detuvo un segundo en la mancha de gr

stone-Ríos -respondió ella, sin perder la calma-. Y el puesto que ocupa esta silla es para quien tiene la autoridad de firmar los cheques. En este momento, según los balances que acabo de revisar, s

sa amarga y corta, n

atrocientos hombres que acaban de encender los motores de los camiones porque yo fui a darles la cara. Esos hombres no trabajan para un fondo de inversión ni para una mujer que viste ropa de miles de dó

traicionó la menor emoción. Se puso de pie lentamente. No era una mujer alta, pero la forma en que mantenía

, una mezcla de madera y flores secas que chocó de frente con el olor a diésel y sudor que tra

es por el show con el sindicato. Fue muy dramático. Pero la realidad es que el dinero con el que les va a pagar la nómina a esos cuatrocientos hombres es

e esa mujer, pero le molestaba aún más darse cuenta de

solo un par de palmas-. Viene a vender la división industrial, a botar a la mitad de la gente y a l

ndo, un destello de una rabia muy bien

, esta empresa ya estaría vendida a pedazos en una subasta judicial. Y si fuera por usted, se hundiría peleando contra los bancos abrazado a un camión viejo. Yo no soy su enemiga, seño

se sintiera pesado, casi sofocante. No era solo la pelea por el control del imperio; era una fri

o. Se dio cuenta de que Camila Ríos no era una marioneta del directorio ni una niña rica jugando a los negocios. Era

eban, esbozando una sonrisa oscura que no tenía nada

o y regresó a su lugar detrás del escritorio, tomando la

omo si él ya no estuviera ahí-. Le sugiero que se lave las manos y revise el informe de recortes que le

tras de sí, dejó escapar un suspiro pesado que tenía atorado en los pulmones. La fiera ya es

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Poder Absoluto
“Tras la repentina muerte del patriarca del Grupo Vane, el imperio logístico más grande del país entra en una guerra de sucesión encarnizada. Esteban Vane, el implacable Director de Operaciones, ha dedicado la última década a construir la infraestructura de la compañía con sangre, sudor y lealtad absoluta hacia sus trabajadores. Para él, el Grupo Vane no es solo un legado familiar: es su vida. Pero la junta directiva guarda un secreto mortal: una deuda multimillonaria que amenaza con hundir la empresa en la bancarrota. Para evitar el colapso, los accionistas ejecutan una alianza forzada con Blackstone-Ríos Capital, el fondo de inversión más despiadado de la alta finanza. Al frente del desembarco llega Camila Ríos, una estratega de fusiones y adquisiciones tan brillante como fría. Su orden es clara y quirúrgica: tomar el control del 51% del directorio, auditar las finanzas y desmantelar las divisiones no rentables sin importar cuántas familias queden en la calle. Para Camila, Esteban es solo un heredero sentimental incapaz de ver los números. Para Esteban, Camila es una ejecutiva de escritorio decidida a destruir su imperio desde dentro. Forzados a firmar un acuerdo de cogestión donde ninguna decisión puede tomarse sin la firma del otro, Esteban y Camila quedan atrapados en una partida de ajedrez corporativo a puerta cerrada. Sin embargo, a medida que las auditorías avanzan, ambos descubren que la crisis no fue un accidente, sino una conspiración orquestada por la misma junta directiva que busca destruirlos a ambos. En un mundo de traiciones ejecutivas, secretos familiares y cláusulas letales, la delgada línea entre el odio profesional y la tentación peligrosa comenzará a borrarse. Para salvar la empresa, deberán aliarse. Pero en el piso más alto del poder, solo uno podrá mantener la corona.”