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La Luna que traicionaste ya no te pertenece

Capítulo 6 Seis

Palabras:1541    |    Actualizado en: 26/08/2026

vista d

ó el teléfono

edio latido antes de

Maje

pués habló el Rey Alfa Alaric, con un

lvo donde te

a exigido saber dónde estaba. Alaric so

a noche

una p

er esta conversación por teléf

spositivo en

uán

ho

mada t

con una dirección en el distrito f

so

mensaje por enci

enes q

ngo que

n me perteneciera, debía pres

e Celeste. Había cambiado mi vestido rasgado por uno oscuro de cuello alto. Los polvos disimulaban

erlas de mi madre a

n otro tiempo habían representado todo lo

arlos dond

aelen. Eso no significaba que cada

Ashthorne

a Asht

nía ahora un sig

fi

Celeste y subí s

de manada, sino a una torre de cristal sin distintivos en pleno distrito financiero. El vestíbu

mi nombre a la recepci

uí, Lad

iso catorce. Cuando las puertas se abrieron, un hombre vestido

aric antes

te bajo aguas serenas. No asaltaba mis sentidos ni exigía sum

orporó en m

nos re

había c

referí

e la oficin

ose a su espalda. Se había quitado la chaqueta y llevaba las mangas

e lo vi, mi madr

uroso negro. Ya era rey, aunque todavía no se había convertido en el hombre capaz de

aba al

para el rey en el qu

ciones, más duras. La autoridad ya no des

arte de s

ncontraron

ow

a llamado

epentina se a

d. -Incliné

ró a mi espalda

tuadas frente a su escritor

itado mi i

presenta t

indulgencia. No iba a facilitarme las cosas

é la b

no llegamos a completar ningún vínculo de apareamiento. Horas d

o

respuesta me inqu

igo a otra mujer. Ella espera al hijo que él reconoce como suyo y

te o

me m

volvió más penetrante a

ia tendría que presentarse en Moonreign y, por tanto, sería juzgada bajo su autoridad. Él no es solo

ido a una autoridad

S

e que revoqu

te que revi

uzó su rostro

eció en

n si debían reconocer una unión sin un vínculo predestinado. Ella apeló personalmente ante

nta se m

y su palabra para garantizarte un lugar en Moonreign. Ahora me

dieron justo

madre. Había soportado la soledad, los insultos y el abandono po

ertía en acertadas t

do a su esposo y a sus hijos. Quería asegurar mi f

omó una decis

dolió, pero no

reo que el amor no impide que

guardó

, protegí a su familia y preservé el matrimonio, aunque él no me diera nada a c

z no

oy

e prolongó en

Alaric

endieron hast

tas bajo e

mano al cuell

ante para m

la sangre ba

e detuvo u

uesto q

tamaño y su poder deberían haber acortado e

zo eso

e su m

mano, pero se detuv

Pu

afectó más qu

cuando se le antojaba. Alaric esp

en

s nudillos rozaron mi piel mientras apartaba

c tam

las marcas de dedos q

de la habita

llenó el espacio entre un latido y el siguiente. Pes

ntó ma

N

ó el mat

a sostenerl

inte

apareció en los

elo, lo bastante cerca para que sintiera su calor

terminó dema

lizar por qué

taste las heri

mpasión. He venido porque existen fundam

permaneció

por compasión un matrimon

Alaric regresó a su escritorio

mpleto de las transferencias Ashthorne y una declaración jurada de lo ocurrido esta

desp

legará a Moonreign dentro de tres días. Kaelen podr

s d

nsión que me a

no era

camino hacia

s, Su M

ios méritos. No me des las gracias antes d

hacia l

ow

ve y mi

orio, aunque la distancia que nos sep

e el decreto

otra a

N

or qué tendrí

a sostuv

ndrá nada más

so se

uié

pausa,

la

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La Luna que traicionaste ya no te pertenece
La Luna que traicionaste ya no te pertenece
“"Ella es Virella, mi esposa." Tres años. Eso fue todo lo que recibí del Alfa Kaelen. Ni una bienvenida. Ni una caricia. Ni siquiera una mirada de reconocimiento. Solo apareció con otra mujer a su lado embarazada de su hijo. Mientras yo gobernaba en su ausencia, para él no fui más que alguien ocupando un lugar. Una Luna que jamás eligió. Así que dejé de luchar. Y me marché. Bastó un solo rechazo para quebrar nuestro vínculo. Cuando regresé, ya no era la Luna que él había abandonado. Ahora era intocable, respetada y temida. Y ya no tenía derecho a reclamarme. Ahora me mira como si se estuviera ahogando... Porque la mujer que despreció volvió convertida en alguien que ya no podía alcanzar. Y esta vez no regresé sola. El Alfa de Ebonmoon está a mi lado, imponente, con una mano firme en mi cintura... "Ten cuidado, Kaelen", advierte con voz baja y oscura. "Rowena ya no te pertenece." Sus labios rozan mi sien con un gesto posesivo. "Es mía. Y si intentas llevártela, te destruiré."”